domingo, 23 de febrero de 2014

LENGUA DE SERPIENTE

La Pingolla: LENGUA DE SERPIENTE, publicada el 22 de febrero de 2014.

Que Gala Rodríguez Paniagua, más conocida por Ti Gala “La Moraña”, naciera y muriera el mismo día y el mismo mes (aunque no el mismo año), resulta cosa curiosa. Pero que ella y su marido, José Martín Sánchez (en el pueblo, Ti José “Galopo”), fallecieran de muerte natural en la misma fecha y en su propia casa, sorprende todavía más. Una hora menguada se llevaron los dos en aquel triste 16 de octubre de 1.952. Ella se fue con 77 años cumplidos, y él con 87. Virgilio Martín Rodríguez fue uno de sus hijos. Le apodaban “Zorongollo”. Crió a sus ocho vástagos en una huerta al sitio de “La Blasca”. Aún se mantiene en pie la humilde caseta, comida por las zarzas. De huertero pasó “Ti Vergilio” a negociante en temas de leñas y carbones. Y a la par que iba medrando en los negocios, dio en desarrollar un ingenioso lenguaje, todo él atiborrado de curiosos eufemismos a los que les colocaba sufijos despectivos, pero sin intención de ofender a nadie. Así, entraba en la taberna y pedía un “botellucu del pajarracu”, haciendo referencia a una cerveza del “Gavilán”. Al teléfono le denominaba el “cuernucu alcagüetucu”; a la motosierra, la “perruca cabreaúca”; al periódico, el “mentirosucu”... En una ocasión, cuando me contaba sus andanzas en la Guerra Civil, me relató: “Me metierun en la charracina del Ebru y una bellotuca rabiosuca m,aburacó la chambruca y me rehtregó de rahpajilón la sobaqueruca”. O sea sé: que, en la batalla del Ebro, una bala perdida le agujereó la camisa y le pasó rozándole la axila. Y siempre vaciaba sus palabras con su campechanería habitual. Si algo no le interesaba, repetía machaconamente: “¡Bobadúcah, bobadúcah, bobadúcah...! De aquí que se diluyera su apodo de “Zorongollo” y todo dios diera en renombrarle como Ti Vergiliu “Bobadúcah”.

Tenía gracia y desparpajo Ti Virgilio a la hora de soltar su lengua. Pero hay que reconocer que los eufemismos, si no son irrisorios, suelen ser políticamente perversos. Cuando se desvirtúan, que no era el caso del que fuera mi paisano, adoptan una actitud frente al lenguaje que tiende a abrazar la hipocresía, que no la honestidad. Ya lo decía el escritor británico George Orwell: “el tipo de lenguaje eufemístico sirve, en política, para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable”. El Gran Jefe Indio de la tribu de los sioux, Thathanka Iyothanka (Toro Sentado), afirmó que “hombre blanco hablar con lengua de serpiente”. Y por echar al aire esta frase, junto con otras parecidas metidas por Joaquín Sabina en su canción “Cuervo ingenuo”, fue censurado Javier Krahe en los gloriosos tiempos del PSOE (1.986). No permitían los santones socialdemócratas, que no socialistas, que a Felipe González se le acusara de traicionar a la izquierda.

Zapatero también hizo sus pinitos eufemísticos, significando aquello de que “España no estaba entrando en crisis, sino en una desaceleración”. Pero los campeones de la perversa hipocresía eufemística han sido, con mucho, esta derecha del PP que tiene agañotadas a las clases trabajadoras. Personajes tan troleros, tan engañabobos y tan mezquinos como Rajoy, Fátima Báñez, Montoro, Luis de Guindos, Marina del Corral y otra gavilla de saqueadores se han hartado de escupir aquello de “movilidad exterior”, “préstamo en condiciones extremadamente favorables”, “impulso aventurero de la juventud”, “procedimiento de ejecución hipotecaria”, “flexibilidad del mercado laboral”, “dexindesación”, “optimizar recursos”... para no llamar por su nombre a la fuga de cerebros, al rescate de los bancos, a los desahucios, a la amnistía fiscal, al abaratamiento del despido, a las pensiones a la baja, a las privatizaciones, a las rebajas salariales y a todos esos descuartizamientos que han hecho con el pueblo trabajador. ¿Cómo llamarán, por ejemplo, ahora a lo ocurrido en aguas del Estrecho de Gibraltar, donde las olas del mar enfurecido claman justicia por haber despojado a un puñado de desheredados del mundo de sus pulsos vitales? Y ninguno de los responsables, aferrados como lapas a sus cargos y enrocados en sus negras almas de fariseos y falsos cristianos, tiene la dignidad de dimitir.
A Ti Virgilio le sonaba a chino el nombre de Quinto Tulio Cicerón. Pero éste se las amañó para que su hermano Marco, el que llegaría a ser cónsul de Roma, usara determinadas palabras y expresiones para robarle el voto al ciudadano. Corría el año 64 antes de Cristo. Siglos después, los campos nazis de exterminio mostraban en su frontispicio aquel terrible eufemismo de “Arbeit Macht Frei”, o lo que es lo mismo: “El trabajo os hará libres”. ¡Cuánto echo de menos los sanos e irrisorios eufemismos de mi amigo “Bobadúcah” ante la perversidad de las perífrasis, circunloquios y ambigüedades de gran parte de la casta política de hoy en día! ¡Malditas lenguas de serpientes!

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