domingo, 9 de febrero de 2014

PRIETAS LAS FILAS.

La Pingolla: PRIETAS LAS FILAS, publicada el 30 de noviembre de 2013.

Bulle por mi cabeza un recuerdo nebuloso de unos antruejos donde el pueblo rompía las cadenas y le daba la vuelta a la tortilla.  Aquellos eran carnavales realmente arcaicos, espontáneos, rurales y transgresores.  Los de hoy en día, salvo excepciones, son una burda copia de los reglamentados y uniformados de la gran urbe, que de carnaval tienen lo que San Pedro de melenudo.  Daniela Martín Clemente, que respondía mejor a Ti Daniela La Canchala”, siempre fue el alma de las carnestolendas.  Atrevida, desenfadada, republicana, bizarra y auténtica pintura de Delacroix (tal que la Libertad guiando al pueblo).  Muchos años antes de que un servidor viera la luz, se vistió de cura un Miércoles de Ceniza y presidió el entierro de la sardina.  Dio vivas a la República y pintarrajeó un rótulo dedicado al dictador Miguel Primo de Rivera.  En agosto del 36, a ella y compañeras mártires les mostraron unas tijeras tan grandes como las que hoy maneja en sus recortes la derecha y unos frascos con aceite de ricino.  “Me metierun lah estijérah pol el cogoti –refería- y, cuandu me pusun el embú en la boca pa jatealmi bien de ricinu, llegó un señol y se acabarun lah judiáh.  Eran tóh forahtéruh. Conocía a unu, que vihtía una camisa azul y era de La Zarza de Granaílla, peru esi no era falangíhta, que era de lah deréchah de Gil Robli”.

     Ti Daniela “La Canchala” se adelantó a la Ley de la Memoria Histórica de España y emborronó un letrero dedicado a don Miguel Primo de Rivera.  Otros, que hoy llevan –o llevaron hasta hace poco- vara de mando, han mantenido, sin embargo, tal nombre en calles y plazuelas.  Bien cerca tenemos esa avenida dedicada, en Cáceres, a tal dictador.  Ni siquiera la eliminaron los ediles del PSOE cuando tuvieron voz y voto.  ¿Acaso el poso y el peso históricos del pacto y apoyo de UGT y PSOE a aquel militarote, Capitán General de Cataluña y partidario de la mano dura, aún sigue vigente?  Ellos, los socialistas, no condenaron el golpe de Estado, como no lo condenaron el Borbón Alfonso XIII, la Iglesia Católica y los grandes banqueros y empresarios.  Y los palos se los llevaron, con feroz contundencia, los anarcosindicalistas de la CNT y los militantes del PCE.
     Papel mojado para algunos es la Ley de la Memoria Histórica que insta a la retirada de símbolos franquistas y de los que hagan mención a todo tipo de dictaduras de todo edificio y espacio público.  En esta Extremadura nuestra, donde la derecha franquista reprimió con criminal saña a la clase trabajadora, es una vergüenza que aún continúen, enseñoreándose de los espacios que son de todos, nombres con las manos manchadas de sangre o que, con sus palabras y hechos, incitaron a la destrucción del legítimo Gobierno Republicano.  Hasta un pueblo, Guadiana del Caudillo, sigue honrando la memoria de un personaje considerado como criminal de guerra en muchos foros internacionales, por más que rocambolescos individuos como el Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela dijera aquello de “Dios ha bendecido a Franco, nuestro Caudillo y Padre”.  Pasear por Navalmoral de la Mata es darse de cara con rótulos como Comandante Vázquez, General Sanjurjo, Ramón Franco, Calvo Sotelo, García Morato, etc.  Y si nos adentramos en nuestros medios rurales, veremos que aquel al que tanto admira el cantante Raphael (“soy un fanático de Franco”, dijo en cierta ocasión), y segundones del superlativo Generalísimo, como el severo Severiano Martínez Anido, tenebroso sujeto y ministro de Orden Público en 1938, y otra pútrida gavilla de perros cancerberos  todavía mantienen relucientes sus nombres en diferentes placas.
     Es innegable que en un partido como el PP, que ha rechazado el pasado octubre en el Congreso que la apología del franquismo sea delito, o que se ha negado a que el 18 de julio fuera considerado como Día de Condena a la Dictadura Franquista, pesan mucho los ramalazos de su subconsciente.  Una gran parte de la derecha, prietas las filas como antaño, aún no ha asumido que, como decía el escritor Octavio Paz, “toda dictadura, sea de un hombre o un partido, desemboca en las dos formas predilectas de la esquizofrenia:  el monólogo y el mausoleo”.  Ti Daniela “La Canchala”, escapada de las filas y venteada por aires libertarios, tuvo muy claro que la Libertad es un río que corre desbocado, pero solo los pusilánimes y cobardes aman la seguridad de las dictaduras.

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