domingo, 9 de febrero de 2014

¡VIVA CARLOS V!.

La Pingolla: ¡VIVA CARLOS V!, publicada el 25 de enero de 2014.

Fue un año en el Cristo Viejo, a finales de septiembre. La zarpa de la emigración le había arrancado de su pueblo y en Colmenar Viejo transcurría su vida. Era mozo solterón y yo andaba entrado en quintas. Juntamos el día con la noche. Entre trago y trago, me habló de tiempos de matanzas. Costumbre era salir, cuando se sacrificaba el cerdo, tocando tapaderas de latón por las calles. Era cosa de muchachos, bajo la luz de las estrellas. A veces, se echaban “zajumériuh” (también les decían la “ajiná”) en las casas. Pelos de viejas y cuatro bolas picosas metidas en un bote, a los que se prendía fuego. Atosigaban y olían a perros. Aquella noche, con una helada que cortaba como alfanje, lanzaron un “zajumeriu” en el corral de Don Blas González Pascual. La cuadra desembocaba a un rincón de la calleja de “Los Calvos”, que venía a ser, antes de que llegaron los alcantarillados y saneamientos, un urinario y cagadero público. Pedro Jiménez Rodríguez, al que todos llamaban Perico “El Topo”, también estaba de matanza. Sobre él cayeron las culpas. Al día siguiente, el maestro Don Blas, que ponía gran énfasis para enseñar pero también para zarandear la mano, le llamó en el recreo. Perico iba a la escuela de los grandes. El maestro de la vara le interrogó: “-¿Quién es Carlos V? Perico, ni corto ni perezoso, le respondió: “-¡El que fue ladrón y mehíhtru! Don Blas se rió malévolamente y le dijo: “-No, Carlos V fue el que le dijo a los comuneros: por una que me deis, yo os daré cinco”. Y le pegó tal somanta que no se olvidó de ella en los años que vivió.


El pasado 17 de enero nuestro periódico EXTREMADURA sacaba, en portada, una grandiosa foto en la que aparecían Passos Coello, Mariano Rajoy, el príncipe Felipe, Durao Barroso, José Antonio Monago y Amadeo Rodríguez. Foto de familia en la comarca de La Vera, con motivo de la entrega del Premio Carlos V de la Fundación Academia Europea de Yuste. Detrás, estaban los escuderos de turno. No sé por qué, pero me recuerda a otra fotografía -tal vez virtual- que creo haber visto en no sé dónde. Allí, a finales de los 60 del pasado siglo, se retrataban Marcelo Das Neves Alves Caetano, último primer ministro del Estado Novo portugués, de tendencia fascistoide; Luis Carrero Blanco, vicepresidente del Gobierno franquista; el príncipe Juan Carlos; Federico Gerona de la Figuera, Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento de Badajoz, y Juan Pedro Zarranz y Pueyo, obispo de Plasencia. Faltaba Jean Rey, primer Presidente de la Comunidad Europea, ya que, en aquel entonces, Durao Barroso tenía 13 años y no era siquiera militante del maoísta MPPP portugués. Poca diferencia entre las dos fotos, en lo que se refiere a las cabezas pensantes, tanto civiles, militares y eclesiásticas. Conservadurismo y neoliberalismo, con cierto y alcanforado tufo monárquico. Un cóctel perfecto. Y todo para traspasar la corona del César Carlos a la cabeza del que fuera maoísta y hoy es Presidente de la Comisión Europea, que se ha embolsado 45.000 euros por el mentado premio, como si no tuviese bastante con los 300.000 euros que arrepaña todos los años. Y el PP-PSOE regional aplaudiendo a rabiar al “troikero” y padrino del trío de las Azores.
Perico “El Topo”, el que se nos fue tempranamente por mor de un letal cangrejo que puso diabólicos huevos en su mediastino, había hecho de “madre”, siendo muchacho, muchas veces en los juegos, pintando con aquella retahíla de: “Una, doh, treh, cuatru y cincu, ¡viva Cárluh Quintu: ladrón y meníhtru!” Para él aquel flamenco que murió en Yuste era, a su vez, ladrón y ministro. A su manera, no iba muy equivocado, que entrampado estuvo aquel emperador con los banqueros alemanes e italianos y, en 1551, la deuda estatal de España ascendía a 7 millones de ducados. Los comuneros, que expresaban el descontento de las capas populares y el rechazo al orden social basado en el régimen señorial, se alzaron en armas contra aquel Carlos que apenas hablaba español. Hoy, otros Carlos y otros aspirantes a ministros siguen campando a sus anchas, robando y corrompiendo cuanto tocan. Razón tenía el grupo “Eskorbuto” cuando cantaba: “Este maldito país es una gran pocilga”.
Posiblemente, haya que armarse de “zajumériuh” y arrojárselos a tanto depredador como anda suelto. El barrio burgalés de Gamonal ya ha hecho temblar a más de dos. La gente de orden, los ricachones, la derecha de siempre y la izquierda deslavazada tiemblan ante el movimiento asambleario. Que tiemblen, aunque como decía el anarquista Pierre Joseph Proudhon “el mayor obstáculo que la igualdad ha de vencer no es el aristocrático orgullo de los ricos, sino el egoísmo indisciplinado de los pobres”.




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