domingo, 9 de febrero de 2014

BANDERAS.

La Pingolla: BANDERAS, publicada el 21 de diciembre de 2013.

Le llamaban  “Perrigalgo” porque era estirado, flaquiseco y tenía un olfato especial para ciertas situaciones.  Pertenecía a la Casa del Pueblo y era un secreto a voces en el lugar que fue él quien colocó en el balcón del Ayuntamiento la bandera republicana que apareció flameando gallardamente en la madrugada del día de Año Nuevo de 1931.  Se adelantó al 14 de abril.  Cuentan que la bandera la confeccionó su madre, Florentina Calvo Montero, a la que llamaban “La Liberala”, auténtica Mariana Pineda del siglo XX.  Visitas al cuartelillo de la Guardia Civil de Ahigal.  No había pruebas contundentes y todo se quedó en una sarta de mamporros.  Su hermano Marcos, al que conocíamos por Ti Marcos “El Caminero”, me relató cierto día: “El mi hermanu Marcial era mu republicanu, mu atrevíu pa tó, no aguantaba qu,el ricu achantara a la genti baja, peru tuvu mala suerti, que al pobri lo matarun en la guerra”.  Dicen que, cuando le llamaron a filas, se dislocó un pie a propio intento, pues no quería ir a pegar tiros contra sus hermanos republicanos.  Pero una vez que se enderezó, a la fuerza lo enrolaron en una compañía de choque del tercio de requetés carlistas “Nuestra Señora de Guadalupe”.  Participó en furiosos combates y quedó cuatro veces solo en su escuadra.  Quiso pasarse al otro bando, pero le tenían muy vigilado y se quedó con las ganas.  Y, desgraciadamente, Marcial Pescador Calvo, vino a caer en el frente sur de Madrid, cerca de Aranjuez, en la fatídica Cuesta de la Reina.

     Dormí en una ocasión en las parvas del pueblo de Pastores, muy cercano a Ciudad Rodrigo.  Tiempos de tienda de campaña y de mochila, recorriendo, en el estío, los viejos caminos de la antigua Iberia.  Entonces no ondeaba la bandera republicana en su Ayuntamiento como sí que lo hacía el pasado día 1 del mes que atravesamos.  Pilar Salazar González, alcaldesa socialista de Pastores, decidió apoyar el Encuentro Estatal de Cargos Públicos por la República que se celebraba en tal fecha y colgó, con luz y taquígrafos, la bandera tricolor en el balcón del consistorio.  La Subdelegación del Gobierno en Salamanca montó en cólera y ordenó a la guardia civil que la quitara de inmediato.  Y lo que es más triste:  el oficialismo pesoísta salmantino le exigió a la alcaldesa la entrega de su acta de concejal electo.

     Puede que algunos consideremos las banderas, tal que Mario Benedetti, como simples “patrias de nailon”, y que nos incomoden como le incomodaban al escritor y activista político Normal Mailer,  el cual afirmaba que “los países fascistas siempre exhiben un gran orgullo por su bandera”.  Pero ello no quita que nos solivianten las posturas de toda una gavilla de jerarcas pesoístas que, arrimados desde hace ya un buen puñado de años, al olor y al calor de aristócratas, banqueros, botafumeiros, príncipes y reyes, han olvidado su legitimidad de origen y se olvidan de todos los honestos socialistas que derramaron su sangre por defender la libertad, la igualdad y la fraternidad bajo el estandarte tricolor.  Resulta histriónico que, hoy en día, gente que dice militar en el PSOE, como la alcaldesa gaditana de la Línea de la Concepción, Gema Araujo,  eche mano de la bandera monárquica y rojigualda para arropar a una imagen de la Inmaculada y nombrarla alcaldesa perpetua de la villa, con los votos del PP y del PA y con la oposición de IU.  Que lo haga la alcaldesa derechista de Fuengirola con la Virgen del Rosario, tiene un pase, pero que ciertos socialistas (o mejor dicho, pesoístas) no sean consecuentes con la leche que mamaron, clama al cielo, aunque no sea de azul celeste, sino rojo, amarillo y morado.  Así, por culpa de los que se enriquecieron con el legado de Pablo Iglesias o lo bastardearon, el PSOE hunde cada vez más el pico en las encuestas.

     Pero, en fin, dejemos en paz,  en estas entrañables fechas, el patio de banderas y cojamos tan solo la de la justicia social, que no la ñoña de la caridad paternalista, culpable de mantener y de no desmontar el capitalismo de compasión.  Marcial “Perrigalgo”, abanderado tricolor, tenía muy claro lo que era luchar por la justicia social y distributiva.  Él, como la alcaldesa de Pastores, era socialista y republicano, mal que les pese a ciertos pesoístas de ahora, que no a los socialistas de antaño.

   

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