domingo, 9 de febrero de 2014

JAQUE AL REY.

La Pingolla: JAQUE AL REY, publicada el 11 de enero de 2014.

Era duro como las piedras y “canchalero” de pura cepa. Fue un genial tamborilero. También fue pastor y, en el año 2000, se nos fue a pastorear el rebaño de estrellas de otras galaxias. Tío José García Domínguez nació y murió en Aceituna, su pueblo. En cierta ocasión, nos vino a pasacallear, contratado por una peña de festejos de la que este escribidor era secretario. Anochecía y, al pasar junto a una vivienda del lugar, me dijo: “-Aquí ehtaba “El Ehcapi”, qu,era una taberna que tenía Tío Zacaríah “Chapaprieta”. En Aceituna, como en tantos sitios, dicen “Tío” y no “Ti”. Me chocó el nombre del bar y el mote del dueño. Tío José me explicó que lo de “El Escape” venía porque, cuando sus paisanos regresaban del mercado dominical de Ahigal, los hombres tomaban la espuela en esa tasca mientras las mujeres, ataviadas con sus sombreros de bálago, de anchas alas, que ellas mismas se fabricaban, esperaban pacientemente a la puerta, cuidando de las caballerías. Luego, al terminar la última ronda, salían al escape camino de Aceituna. Y “Chapaprieta” llamaban a Ti Zacarías Dosado Gutiérrez porque, siendo mozo, se presentó en las fiestas de San Sebastián, en Aceituna, con un espeso bigote. Al preguntarle por el mostacho, Ti Zacarías les dijo: -“M,he dejau un bigoti cumu Joaquín Chapaprieta, qu,ési eh de loh míuh”. Ti Zacarías se refería, claro está, al político republicano que llegó, en 1935, a Presidente del Consejo de Ministros.

Los “canchaleros” de Aceituna salían mal que bien por sus pies, con su carga de vino a cuestas, del bar “El Escape”. Trasponían la puerta honradamente. Pero no pueden decir lo mismo toda esa panda de impresentables que, beodos por la corrupción que no por el vino, no atinan con la salida y van cayendo amontonados, unos encima de otros. Ahora se ha sumado a la tropa la infanta doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia. ¡Qué ínfulas de megalómanas grandezas con nombre tan kilométrico! El juez José Castro Aragón, hombre de nombre normal y de recios apellidos, ha imputado a la hija del Rey, el cual, como la teutona y calvinista Angela Merkel, anda ahora pisando huevos con cuatro pies. Rafael Spottorno, aquel que formó parte de la avarienta decena de ejecutivos de Caja Madrid que se repartieron 25 millones de euros de sobresueldo el año en que dicha entidad fue rescatada con 4.465 kilos, es el Jefe de la Casa Real. Hace pocos días, hablaba del “martirio” que estaba sufriendo esa palaciega Casa. Pero para martirio el que sufren miles de españoles a causa de los que les están robando impunemente a manos llenas.

Se angustia la Casa Real, cuya máxima cabeza no permitió que se tensionaran por la ansiedad su amada hija Cristina y el Iñaki, su presunto golfante yerno, ansiosos por comprar el palacio de Pedralbes, por lo que les hizo lo que muchos califican de un oscuro préstamo de 1,2 millones de euros. Un españolito de a pie, a razón de sus ingresos anuales, tardaría 92 años en ganar tan astronómica cantidad. Las sospechas quedan cercenadas ante la inimputabilidad del Rey. Sabido es que el monarca español es tan inimputable ante la Ley como los individuos que acreditan un trastorno mental eximente. ¡Inaudito! No obstante, la imputación a la Infanta constituye de alguna manera un jaque al rey, o sea, a la antidemocrática, disfuncional y obsoleta monarquía. Ya lo decía Joaquín Sabina: “La monarquía es un déficit democrático que sufrimos por herencia”. Y el insigne escritor francés Víctor Hugo remataba la faena advirtiendo que “los reyes son para aquellas naciones que están en pañales”.


     Difícil va a ser librarse del jaque, pues los atacantes son muchos y escurridizos y, además, van sobre las grupas de los caballos de las encuestas y, para más inri, extienden sus amenazas al resto de las casillas. No están, tampoco, en pañales los atacantes y tienen a su favor que las huestes enemigas están noqueadas y no encuentran la puerta de salida (¡ay de los Vellido Dolfos que a traición se las abran!), al contrario que los arriscados “canchaleros” de Aceituna, los que llamaban “Chapaprieta” a Ti Zacarías Dosado.

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