miércoles, 11 de octubre de 2017

SE MASCA LA TRAGEDIA (II) - 10/10/2017

Se me viene a mis oídos aquella pegajosa cancioncilla que cantaban las muchachas del pueblo, cuando jugaban al corro:

“De Cataluña vengo de servir al rey, ¡ay, ay!,

de servir al rey, de servir al rey;

y traigo la licencia de mi coronel, ¡ay, ay!,

de mi coronel, de mi coronel (…)”



Dicen algunos que la canción, desparramada por villas y lugares, se remonta al siglo XVIII, cuando se nos vino encima la Guerra de Sucesión  (1701-1713).  La Corona de Castilla tomó partido por el modelo centralista que preconizaba el francés Felipe de Anjou (ocuparía el trono español con el nombre de Felipe V de Borbón).  No nos pudo caer peor regalo a los españoles aquel año de 1700: un francés, hijo del depravado, perezoso e indolente Luis, Delfín de Francia, venía a estrenar la Casa de Borbón en este país siempre metido en contiendas por la envilecida consanguinidad azul de sus monarcas.  Vino la guerra, decantándose la Corona de Aragón, de modo fundamental todo el área catalana, por el archiduque Carlos de Habsburgo, que defendía un modelo foralista.  Pero triunfó Castilla sobre Aragón y nos tuvimos que tragar a palo saco a aquel rey franchute al que, a su vez, motejaban como “El Animoso” y “El Melancólico”.  Conocida  era su adicción al sexo, su obsesión por la sangre, su animosidad hacia la higiene, sus arrebatos paranoicos, su pasión por la caza y por  lo mucho que disfrutaba en todo tipo de tertulias mundanas.

Pero los catalanes, una inmensa mayoría, hoy no quieren oír hablar  de reyes, ya fueren centralistas o foralistas.  Y mucho menos después de la bronca que el ciudadano Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, “El Preparao”,  actual rey de España por herencia de la sangre, que no democrática, les ha echado a los de la barretina, tachándoles de desleales y de haberse saltado no sabemos cuántas normas y preceptos.  Y les riñó el pasado 3 de octubre, teniendo a sus espaldas un cuadro donde aparecía pintado uno de sus tatarabuelos: Carlos III, el que -¡ojo al parche!- prohibió radicalmente enseñar en catalán las primeras letras, la Latinidad y la Retórica y otras disciplinas propias de las escuelas y la Universidad.  Seguro que si a Feliciano Pescador Clemente, al que dejamos en la primera parte de esta columna afirmando aquello de que “santos a la fuerza son malos de llevar”, le vienen con monsergas semejantes, les salta a quienquiera que quisiera mojarle la oreja con aquello de: “¡Quietu parau!, que a mí naidi me jadi comulgal con ruéah de molinu.  ¡Hala, a espigal la magarza!, que aquí no hay naidi máh que naidi; asín que ¡chitón, rana, que ehtá mi agüela en la cama!”.  Porque el nieto paterno de Ti Zoilo Pescador Montero y de Ti Gregoria Caletrío Barroso (hubo confusión de apellidos en la primera parte y se piden disculpas), pese a llevar, como emigrante, más de cuarenta años en Cataluña, seguía, y a mucho orgullo, parlando en el habla astur-leonesa, tan propia del norte y el oeste cacereños, que había heredado de sus mayores.  Ello no quitaba, claro está, que él tuviera gran respeto por la lengua catalana y por la entidad como pueblo de la comunidad que le acogió y donde toda su familia pudo progresar y forjarse un futuro.

Recuerdo que, siendo un servidor un muchachuelo, Feliciano colocaba un puesto con alguna que otra escopeta de aire comprimido, que se cargaban con unas saetillas y se disparaba sobre una diana.  Según la mayor o menor puntería, los chavales, mozos y hasta casados recibían algunas golosinas.  Por ello, al paisano, aparte del heredado apodo de “Ratina”, también lo conocíamos por Ti Feliciano “El de loh caraméluh”.  El puesto lo montaba los domingos y otros festivos más gordos, cuando colocaban en el balcón del Ayuntamiento la bandera roja y gualda y la roja y negra, con el yugo y las flechas.  La primera era la misma que habían portado los vencedores de una guerra que ellos mismos provocaron al dar un golpe de Estado contra la legitimidad constitucional republicana en julio de 1936 y que había presidido todos los edificios institucionales a lo largo de cuarenta años perros de terrible tiranía.  La segunda, con los colores propios del sindicalismo revolucionario, había sido usurpada mediante todo un robo y una calculada estrategia, gracias a los vendepatrias y renegados, por el aparato propagandístico del franco-fascismo.  ¡Qué bien supieron envolverse las huestes de la CEDA o de los Renovación Española en ella para cometer todo tipo de desmanes!  Luego, en la Transición, le quitaron el aguilucho a la rojigualda (bandera borbónica por excelencia e impuesta por los ovarios de aquella otra borbona llamada Isabel II) y, aprovechando que el miedo guardaba la viña, nos la colaron camuflándola entre otras baratijas de claro cuño franquista, tal que el himno (cuyo origen es prusiano) y esa institución radicalmente antidemocrática que es la monarquía.  Cierta izquierda que, como mucho, había movido un solo dedo de las dos manos, contra la dictadura, o sea, el PSOE, se bajó los calzones gritando “¡ancha es Castilla!”.  Los comunistas, que sí habían dado la cara y regado con mucha sangre las cordilleras españolas (guerrillas antifranquistas o maquis), dieron en contemporizar (sus dirigentes, claro está) con los “Siete Magníficos” de Alianza Popular (la derecha pura y dura que engendraría al PP) y con los “Adolfos” y otros que vivieron a cuerpo de rey bajo la mano de hierro del déspota y se habían vuelto más demócratas que nadie de la noche a la mañana.  Y tanto contemporizaron, que también se dejaron caer a plomo sus pantalones.  De milagro, no se les desplomaron los calzoncillos. Solo se mantuvieron al margen los  revolucionarios anarconsindicalistas, soñando con aquellos tiempos en que la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) aglutinaba a más de un millón de obreros y campesinos.  Ellos, mis amados cenetistas, siempre tan reacios a banderas, himnos y patrias, y muy dados a hacer la guerra por su cuenta.  Iberismo puro.  Viriato, libre entre sus montes, peleando contra el imperialismo romano y los caciques de su tribu.  Romanticismo heroico, poniendo de manifiesto que la revolución se lleva dentro, en el tuétano, y no en la boca para vivir de ella.  Docenas de ellos cayeron, igualmente, entre las breñas del monte, acosados por la Guardia Civil y las contrapartidas facciosas.

Feliciano conoció muy bien a su vecino Marcial Pescador Calvo, al que le apodaban “Perrigalgu”.  Pertenecía a la Casa del Pueblo y era un republicano exaltado.  Un mozo alto y bien parecido.  Contaban que él fue el que, en la Nochevieja de 1930, colgó una bandera republicana en el balcón de la casa consistorial.  El día de Año Nuevo de 1931, el paisanaje se arremolinó bajo la bandera.  Hubo aplausos y vivas a la República.  La gente estaba ya muy harta de corruptas monarquías y de los abusos que se cometían en el campo.  No aguardaron al 14 de abril.  En días sucesivos, la bandera tricolor continuaría siendo aupada y aclamada por los más variopintos puntos geográficos de nuestra arrugada piel de toro.  La única bandera que, hasta la fecha, fue colocada por las encallecidas manos del pueblo-pueblo en millones de ventanas y balcones.  Con ella y no con otra tenía que haber enlazado nuestra Transición.  Una democracia, después de un largo período de oscurantismo y opresión, solo puede darse la mano con el último período democrático conocido, y éste no era otro que el de la II República.  Pero no fue así y nos colaron parte de la bazofia franquista.  Y  eso lo sabe muy bien el ciudadano Felipe, quien no es extraño que tenga sudores fríos en sus sueños, al sentirse como un supuesto impostor y al asaltarle la trágica pesadilla de su abuelo paterno haciendo las maletas para salir pitando hacia Roma.  Ahora, ha abroncado a los catalanes.  ¿Acaso un mensaje a la defensiva?  Cuando ciertos fantasmas soplan sobre el cogote y ponen sobre la cuerda floja el vivir a cuerpo de rey a costa de las arcas públicas, el escalofrío recorre la espina dorsal.  Por ello, todo vale con tal de criminalizar a todo lo que se menea.

Pasó el 1º de octubre (efemérides del “Día del Caudillo” en la dictadura) y no se mascó tragedia alguna, tal y como auguraba la moza que emigró a Cataluña cuando finó la escolarización en el pueblo, al ser sabedora de que miles de policías y guardias civiles habían desembarcado en el puerto de Barcelona. Carreras, gritos, palos y detenciones, como cuando los “grises” entraban a saco en la Universidad o en las fábricas.  Pero la sangre no llegó al río.  Esperemos que no llegue.  En el fondo, como bien dice mi buen amigo Seve Sánchez Jiménez, colega en el mundo de la Historia y que hace poco andaba de director de un instituto en Euskal Herría, no se trata de una crisis solo en Cataluña, sino que abarca todo el Estado español.  Seve, que lleva su “corazón repartío” entre sus tierras abulenses y la querencia (hijo de emigrantes) por sus muchos años de estancia en el País Vasco, no pierde puntada: “La crisis más grave es, sobre todo, la crisis social, y empezó con el 15-M.  Ahora ha aparecido otro elemento.  El capital financiero de Cataluña está jugando a asustar diciendo que va a trasladar sus sedes.  ¡Qué oportunidad!  Mejor sería salir a la calle y exigirles que devuelvan todo el dinero que nos han robado.  Se rescata a la banca y se quedan con el dinero”.

¡Claro que juegan a asustar!  ¿Dónde van a estar mejor esos oligarcas usureros que entre la burguesía catalana, tan amante de la pela?  Entre ellos, Gas Natural FENOSA, que dice haber trasladado su sede social de Barcelona a Madrid.  Habrá sido por indicación de Felipe González Márquez, que engordó como un cebón siendo consejero de esa empresa transnacional, haciendo gala de un “socialismo” peculiar, desconocido por estos territorios.  Los encorbatados y enjoyados ejecutivos de Gas Natural están más pendientes de su negocio gasístico en Italia, que les reportará unos ingresos de 1.000 millones de euros y les generará unas plusvalías de 400 millones, que de lo que ocurra en Cataluña.

Ante las oleadas blancas, rojigualdas (capitaneadas y capitalizadas por la extrema derecha -la afiliación a VOX ha subido como la espuma- y por un montón de exaltados e ignorantes chisgarabises a los que les recetaron elevadas dosis de supositorios españolistas), las multicolores del pasado domingo y las que están por llegar, no cabe más que una solución.  Es preciso mandar a todos los que pecaron por acción u omisión en este conflicto (a todos, sin excepción, sean del color que sean) a la Conchinchina.  Deben dar un paso atrás y dejar paso a otros que sepan inteligentemente reestructurar y rediseñar la España Libre, Igualitaria, Fraterna y Confederada, donde encajen todos y nadie sobre.  Preferible mil veces que no haya paz entre clases, pero jamás guerra entre pueblos.  Hoy, 10 de octubre, cuando redacto estas líneas, el sol anda con ganas de alcanzar el rojo vivo.  No son propias temperaturas tan altas en estas fechas otoñales.  La sequía nos tiene más que resecas las fauces.  No sabemos cómo se presentará la tarde: si los calores estallarán en tormenta o, por el contrario, el viento garbí de Barcelona asedará la climatología.  Ya os lo contaremos en la próxima crónica si es que nos dejan contarla.

Feliciano Pescador Clemente, nieto materno de Ti Francisco Clemente García y de Ti Francisca González Sánchez, prefería el garbí a la tramontana.  Él tenía un ojo puesto en Extremadura y otro en Cataluña.  No quería quedarse tuerto de ninguno.  Pero la Reflaca de la Guadaña, que nunca para de segar, le cerró los dos ojos un 12 de septiembre de 1917, cuando ya iba a agarrar los 94 otoños.  Se celebraba ese día en las parroquias a San Autónomo y a San Curonato.  Por septiembre fue también cuando nuestro siempre admirado poeta, el que solo se envuelve en la fría bandera de la niebla, trazó con su ardorosa pluma catorce sentidos versos.  Su musa, la de la arrolladora simpatía, la que es más que una musa y de pupilas como arándanos, cerró su puerta y emprendió un camino hacia otras latitudes.  La locura anda rondando la cabeza.  Con sus versos os dejamos.

“Quería y a la vez no quería que te fueras.

Que te dieran licencia, suplicaba.

Verte cada día me conturbaba,

pero verte quería de mil maneras:



con sombreros, pamelas o viseras;

con pololos, enaguas o chilaba;

con mal genio o cayéndote la baba.

Comoquiera; el caso era verte.  Eras



para mí toda y aún hoy lo sigues siendo.

Te fuiste lejos pero estás muy cerca,

que a todas horas te estoy viendo



y se me afloja cada día nueva tuerca.

Locura ya me está acometiendo.

No soy quien fui. Ahora soy Betti “La Puerca”.


domingo, 1 de octubre de 2017

LA PINGOLLA: SE MASCA LA TRAGEDIA (I) - 01/10/2017

No sabemos si el bar “Big Bang” de la localidad responde a aquella Gran Explosión que se tiene como modelo cosmológico fundamental y predominante para explicar la edad del Universo, sus períodos más antiguos y su evolución a gran escala.  O tal vez haga mención a la famosa banda musical surcoreana que, con tal nombre, debutó en agosto de 2006.

Lo mismo da que da lo mismo. Ya se lo preguntaré algún día a Rosi Martín Esteban, la guapa y “jaquetona” rubia que lo regenta.  El caso es que fue junto a su barra cuando Feliciano Pescador Clemente, hijo de Ti Vicente Pescador Caletrío y de Ti Gregoria Clemente González, de la familia de “Las Cigarras”,  me resumió en cuatro renglones su visión sobre Cataluña: “Yo soy ehtremeñu de nacencia y en el mi pueblu mamé la lechi, entré en quinta y me casé, y ehtremeñu me moriré; peru Cataluña me acogió, me dio trabaju y allí loh mih híjuh han jechu su vida, y loh mih niétuh son ya tóh catalánih; asín que ehtoy agradacíu a Cataluña, que pa mí nunca se portó mal, y tó el que habli mal contra Cataluña, eh cumu si lo jidiera contra Extremadura.  Cá pueblu eh cá pueblu y son élluh loh que debin luchal pol sí míhmuh y pol el su futuru”.

Feliciano Pescador Clemente


Feliciano heredó de sus mayores el apodo de “Ratina” y vino a visitar el mundo a las diez horas del día 29 de octubre de 1925.  El mismo día que el famoso compositor poeta y escritor de izquierdas israelí Haim Hefer, el que adaptó al hebreo aquella famosa canción española y republicana de “¡Ay, Carmela!”, tenida como el himno oficioso de las Brigadas Internacionales.  Conmemoraba la Iglesia, en tal jornada, a Santa Eusebia y San Decencio, y también -¡cómo no!- al mártir San Feliciano de Cartago.  Con cuarenta años a sus espaldas, cogió la maleta de madera y se subió en el tren, camino de Barcelona.  Dos años más tarde, recogería a su mujer y a toda su prole y se establecerían definitivamente en tierras catalanas.  Trabajó de encofrador toda su vida.  Sería en la diáspora cuando  se despertó en él una loca pasión por el deporte.  No solo por el Barça de sus entrañas, sino por todo tipo de ejercicios y acrobacias ejercitadas sobre campos y pistas deportivas.  Sería el introductor del juego de la petanca en su pueblo (totalmente desconocido entre aquellos canchos y encinares), que llegó a levantar verdaderas fiebres competitivas.



El nieto paterno de Ti Zoilo Pescador Jiménez y de Ti Gregoria Caletrío Montero intuía que algún día, como había ocurrido el 6 de octubre de 1934, los gobernantes catalanes declararían la independencia de su territorio: “Al mi parecel, yo siempri he síu partidariu de que Ehpaña y Cataluña se entendieran, poh tengu loh mih querélih repartíu entre dámbah; ahora, si llega el casu y loh catalánih decidin pol loh vótuh qu,élluh quierin jadel su vida y suh léyih, tampocu se debería ajuntal el cielo con la tierra, que, cumu dici el reflán, `sántuh a la juerza, son máluh de lleval`”  Y Feliciano hablaba con prudentes, sabias y reposadas palabras.  Iba ya camino de los noventa otoños y, a esas edades, la experiencia es la madre de la ciencia.



Ciertamente, el 6 de octubre de 1934 el abogado leridano y miembro de Esquerra Republicana de Catalunya, Lluís Companys i Jover, President de la Generalitat, proclamó el Estat Catalá.  Seis años y una semana más tarde, sería torturado y fusilado por los franco-fascistas en el castillo de Montjuic, después que la Gestapo lo apresara en Francia y lo devolviera a las manos del general Franco y sus esbirros.  Ahora, en este septiembre de 2017, ha vuelto a enardecer la hoguera.  Como bien dice mi buen amigo el sociólogo Vicente Hidalgo, se ha producido el encontronazo “entre las burguesías, ambas nacionalistas, del Estado español y de Cataluña, en un momento difícil para los dos partidos más importantes que las representan: el Partido Popular y el Partido Demócrata de Cataluña, antes Convergencia y Unión.  Ambos partidos son, presuntamente, los dos más corruptos de la reciente Historia de nuestra débil democracia, por lo que ambos se retroalimentan en una huida hacia delante”.  Verdad es que el artículo 1.2 de la Constitución  dice que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.  Pero por otro lado, gobiernos españoles fueron los que firmaron el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que en su Artículo 1 afirma que “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación.  En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural”.  Y, además, el artículo 93 de la Constitución española garantiza el cumplimento de los tratados internacionales que se firman; aunque no sería la primera vez que lo firmado se lo pasen los gobiernos bajo el arco del triunfo, como está ocurriendo actualmente con el Tratado de recogida de refugiados.



El gobierno del PP, heredero del feroz jacobinismo de la dictadura franquista, agita el principio de integridad territorial.  Sin embargo, el Tribunal Internacional de Justicia ha  fallado varias veces, alegando que ese principio solo es aplicable a las relaciones interestatales y no puede ir contra el derecho de autodeterminación, añadiendo, de paso, que una declaración unilateral de autodeterminación no es ilegal dentro de la ley internacional.  Luego, están varias declaraciones de la ONU y de la OSCE, que repiten lo del derecho universal a la autodeterminación, que no solo afecta a las colonias.  No hay que olvidar nunca que  los cimientos del PP está en aquellos siete líderes de Alianza Popular, calificados por la prensa de aquel entonces como “neofranquistas”, que se federaron para caminar marcialmente hacia un partido único y cuyos 3.000 compromisarios clausuraron su congreso bajo los gritos de “¡Franco, Franco, Franco!”  Niegan las huestes “populares”, haciendo una cuadratura del círculo, el carácter de pueblo a Cataluña.  ¿Acaso es una entelequia aquello de que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, como deja muy claro la Constitución?  ¿No están los catalanes revestidos de carácter soberano como parte de  ese pueblo que forma la nación española?  Parece ser que la derecha, la izquierda que no es tan izquierda y la de “ahora no toca” y demás compañeros mártires no lo ven así.



Agarrándose a un clavo ardiendo, apelan estos constitucionalistas de pacotilla al artículo 92,2 de la mentada Constitución: “El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizado por el Congreso de los Diputados”.  No obstante, he aquí que las leyes de andar por casa, como las diferentes constituciones de esta o aquella nación, siempre deben someterse al ordenamiento legal internacional, sobre todo aquellas que firmaron el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, entre los que se encuentra el de los pueblos a su libre determinación.  Enfoques interesados y contrapuestos que han llevado a ese “establishment” escorado hacia la diestra a subirse por las paredes y a mesarse los cabellos.  No es de extrañar por ello que personajes tan altamente significativos dentro de las filas del PP, como Soraya Sáenz de Santamaría, se atrevan a decir aquello de “nunca he sentido tanta vergüenza democrática”.  Pero no se le cae la cara de vergüenza democrática cuando el pasado día 21 de septiembre se dieron a conocer los resultados de la Comisión de Investigación que ha sacado a orear los trapos de las cloacas del Ministerio del Interior, bajo el mandato del mafioso y opusdeísta Jorge Fernández Díaz.  El dictamen confirmaba que el Gobierno de Mariano Rajoy Brey había articulado todo un entramado policial y parapolicial, haciendo de las leyes papel mojado, intoxicando y amedrentando a la  gente en determinados procesos electorales y en el que debiera ser honesto debate político.



El pasado 23 de septiembre, con motivo de las fiestas del Cristo en ese pueblo que le motejan “El Bajo” pero que tiene sus orígenes en una colina flanqueada por dos riachuelos, me topé con grupo de paisanos celebrando por todo lo alto sus festejos más entrañables.  Una joven ya madurita, bien parecida y con enormes pupilas de tanzanita, con su combinado en la mano, gritaba repetidamente “¡Se masca la tragedia!  ¡Se masca la tragedia! ¡Se masca la tragedia…!”  Al parecer, alguien del corro había comentado que más de 6.000 agentes de las Fuerzas de Orden Público desembarcarían en el puerto de Barcelona.  Ella, la paisana que emigró en edad escolar a Cataluña, me miró con sus profundos ojos cuando fui a saludarla y me espetó: “Otra vez vuelven a las andadas y declararán el estado de sitio en toda Catalunya.  ¡Pero no se lo permitiremos!”.  Ti Felicianu “Ratina”, que así le llamaban cariñosamente en el pueblo, me había dicho delante de aquel otro buen paisano y buen amigo, Santiago Paniagua García, emigrante como él y de la saga familiar de “Loh Pringáh” o “Loh Lorínuh”, que no tenía por qué juntarse el cielo con la tierra si los catalanes deseaban sentirse más catalanes que nunca.  Y también aquello de “santos a la fuerza, son malos de llevar”.  Pero he aquí que algunos han pretendido y pretenden que, efectivamente, el firmamento se estrelle contra la corteza terrestre, atizando la lumbre con fuerza inaudita.  ¡Todo sea por la patria!  Por la patria de algunos, claro está, que no por la Patria (con mayúscula) de los millones de españoles que viven precariamente, a los que la palabra patria no les dice absolutamente nada si no se acompaña del Pan, el Techo, la Libertad y la Justicia Distributiva, elementos consagrados en una Constitución que sigue siendo papel mojado en muchas de sus páginas.   Ya lo decía José Antonio Primo de Rivera, tantas veces malinterpretado y bastardeado por un régimen manchado de sangre y por sus muchos herederos; tirado a los pies de los caballos por tirios y troyanos, por rojos de tres al cuarto y por azules vendidos y desteñidos.   “Las derechas, como tales, no pueden llevar a cabo ninguna obra nacional, porque se obstinan en oponer a toda reforma económica.  No habrá Patria y Nación mientras la mayor parte del pueblo viva encharcada en la miseria y en la ignorancia, y las derechas, por propio interés, favorecen la continuación de este estado de cosas”.



Un servidor, como buen discípulo de Piotr Kropotkin, Errico Malatesta y Anselmo Lorenzo, no se fía de banderas ni fronteras.  Pero no aguanto y me dan vascas la impostura y el cinismo del rancio nacionalismo español, el que se envuelve en la bandera bicolor y grita “¡A  por ellos!” en las calles.  Y entre tanta vociferante tropa, muchos desharrapados que desconocen santo y seña del estandarte borbónico.  Ya  me lo decía Ti Feliciano: “¡Ojo con loh muértuh de jambri a loh que jartan de sópah, que traicionan a loh súyuh al regolvel de la ehquina!”.



Cambiemos de tercio y dejemos algunos renglones para la segunda parte.  Mientras, esperemos que no se llegue a mascar la tragedia, ni la que, cual espada de Damocles, pende sobre Cataluña, ni aquella otra más romántica que hurgó en los ventrículos de nuestro poeta una tarde del ardiente estío, cuando él seguía envuelto en perenne niebla.  Doloridas noticias le llegaron a sus tímpanos, que él reflejó en sentidas estrofas:

“¿Sabes?  Fue una paloma volandera

la que vino, alocada, a mí una tarde

y, haciendo con sus alas gran alarde,

se volvía por el pico una parlera:



-“Se te va; se te fue tu primavera,

y, tal vez, el latir se le retarde

a víscera que, en amor, se agita y arde.

Se fue a otra pedagógica pradera”.



“¡Maldita mensajera de la paz!”,

le increpé con redoblada inquina.

-“¡Largo de aquí, fullera y montaraz!”



Y, al poco, oscuro invierno.  Pura ruina.

No volvió ave de vuelo tan fugaz

a arrullar en la rama de la encina”.

domingo, 13 de agosto de 2017

MAZINGER ZETA - 12 Agosto, 2017

 Felipe Caletrío Esteban, el paisano que tenía un ojo a la virulé y al que todo el mundo le conocía por Ti Gelipi “El Grillu”, nunca supo que Mazinger Zeta era un robot conformado por la misteriosa e irreductible aleación “Z”.  Lo pilotaba Koji Kobuto y, con él, se enfrentaría a los malvados robots de Hell, con el objetivo de salvar al mundo.  Felipe solo sabía que había nacido un 26 de mayo de 1907, domingo.

Por Felix Barroso Gutierrez - 12 Agosto, 2017

Felipe Caletrío Esteban

Justamente cuando también lo hizo el famoso actor, cantante, cineasta y productor estadounidense John Wayne.  La Iglesia decía misa recordando a San Fugacio y a San Simetrio.  Y también sabía que era hijo de Ti Hilario Caletrío Barroso y de Ti Felipa Esteban Gordo y que se había quedado tuerto porque una escopeta clandestina, que siempre llevaba consigo al monte, le hizo una mala jugada, reventando el cartucho con muy mala folla y estropiciándole un ojo.  Pero eso fue después de haber sido movilizado para pegar tiros en una guerra de la que no sabía  ni de qué lado le venía.

A Felipe Caletrío le llevaron al frente cuando apenas quedaban ya cinco meses para que acabara aquella masacre cuya mecha la prendieron ciertos fachas y fanfarrones generales africanistas, jaleados por terratenientes y banqueros y gran parte de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.  Era de la quinta del 27 y fue movilizado en noviembre de 1938.  Su pueblo había caído en “zona nacional” y le tocó apretar el gatillo contra los “rojos”. “No eran loh rójuh cumu moh loh pintaban -me relataba en cierta ocasión el amigo-, que ni tenían rábuh ni cuérnuh.  Eran ehpañólih cumu nusótruh y quiziá múchuh d,élluh con máh humanidá y miramiéntuh pa la genti baja que múchuh de loh qu,ehtaban a lah órdinih de Francu”.   Algunas balas silbaron por cima de su cabeza, pero no fue cosa de peligro.  Integrado en su regimiento de Caballería, que avanzaba a la vera de los fascistas italianos que formaban la División Littorio, se metieron por La Mancha albaceteña y no pararon hasta Chinchilla.  El frente republicano se desmoronaba y cundía la desbandada.  En el aeródromo de Los  Llanos, Albacete, el nieto paterno de Ti Lorenzo Caletrío Miguel y de Ti María Barroso Esteban fue testigo de la entrega de los aviones republicanos a las tropas franco-fascistas.  El coronel de aviación Manuel Cascón Briega, oriundo del pueblo salmantino de Ciudad Rodrigo, no quiso huir y dejar en la estacada a sus soldados.  Siempre pensó que aquellas “Concesiones y Benevolencias del Generalísimo”, dirigidas a los perdedores y emitidas continuamente por la radio, formaban parte de la conmiseración de los vencedores.  Pero… , “¡Vae victis!”  No tardó en presentarse el comandante de aviación, furibundo franquista, Gerardo Fernández Pérez, que, después de humillar y vejar al coronel republicano, exclamó a grandes voces: “¿Qué se han creído ustedes?  ¿Que han perdido unas elecciones?  ¡Nada de eso!  Han perdido una guerra con todas sus consecuencias y no piensen en la cárcel, que luego vienen los indultos.  ¡Piensen que serán condenados a muerte y fusilados!”  El coronel Manuel Cascón sería ejecutado el 3 de agosto de 1939 en Paterna.  La terrible frase lapidaria del general Emilio Mola Vidal, conocido como “El Director” por ser el cerebro de la tragedia del 36, seguía patentizándose macabramente: “Hay que sembrar el terror.  Hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensan como nosotros”.

La actuación miserable, engreída, totalitaria y genocida de aquellos espadones y otros dirigentes de las  derechas españolistas acabaron de quitar la venda de los ojos de Felipe Caletrío.  A ello coadyuvaron las conversaciones que mantuvo con muchos republicanos que se habían alistado voluntarios en el ejército de Franco para pasar desapercibidos y evitar ser represaliados.  Miles de ellos continuaron con el máuser a cuestas en la División Azul, dejando su sangre congelada sobre las estepas del invierno ruso.  “Unu del nuehtru pueblu tamién queó pa,llí.  Se llamaba José Gutiérrez Díaz y era un buen muchachu, gran amigu míu.  Era de loh pócuh comuníhtah c,había en el pueblu.  Se jué voluntariu a la guerra.  Tenían amenazá a la su familia y él, pa jadel mérituh, se jué voluntariu.  No volvió máh.  Ni siquiera vinu parti de él de que lo habieran matau loh rúsuh.  Se le dio pol desaparecíu y hahta el día de la fecha”.   Los años de las cartillas de racionamiento; las calamidades y padecimientos bajo el cruel régimen dictatorial; el pobre campesinado asentádose en dehesas compradas a los latifundistas a precio de oro y en las que éstos se reservaban las mejores zonas regables de aquellos pueblos de colonización; los indigentes pegujaleros escapando con sus maletas de madera hacia los países europeos; el agobio integrista de una Iglesia que compadreaba a sus anchas con los caciques y los políticos conservadores y adictos a aquel Movimiento que no se movía ni un milímetro de sus postulados genocidas y totalitarios…  Y los de siempre engordando a costa de las arcas públicas y del estraperlo.  El pueblo se resignaba y callaba.  El miedo a los confidentes y la  oscura sombra de los cuartelillos guardaba la viña.   Ti Felipe “El Grillo” hizo lo que el otro: oír, ver y callar, por la cuenta que le tenía.  Se dedicó a labrar sus cuatro cachos y a encajar y entablillar huesos rotos de sus vecinos, que por algo había heredado la gracia de su suegro, un afamado curandero en todos aquellos alrededores: Gregorio Jiménez Montero, al que chicos y grandes llamaban Ti Grigoriu “Parra”.



No conoció el nieto materno de Ti Lorenzo Esteban Sánchez y de Ti Manuela Gordo Puertas (natural del pueblo de Palomero) a Mazinger Zeta, ni supo en su curanderil y campesina vida que la letra “Zeta” o “Ceta” deriva del proto-semaítico “Za”, simbolizado por un puñal.  En arameo, significa “arma”.  Por suerte, tampoco llegó a conocer ese otro monstruo cargado de opacidad, secretismo y falta de democracia y que se entiende a nivel de calle como CETA      :  “Comprehensive Economic and Trade Agreement” (hablando en cristiano: “Acuerdo Extensivo Económico y de Comercio”).  ¡Lástima que la daga afilada y cortante de la “Zeta” o los fulgurantes rayos de Mazinger Zeta no lo hubieran fulminado antes de ser aprobado  por toda  la oligarquía europea y aquella socialdemocracia que se volvió socioliberal y gatopardista!   Los herederos ideológicos del franquismo lo han aprobado con gran entusiasmo.  El caso es tener a buen resguardo sus controvertidos intereses y privilegios, amañados y amasados, en muchos casos, en los años de la paz de los cementerios, aunque para ello haya que encorbatarse como mandan las directrices de la democracia cristiana, el ñoño y veletero centrismo que se acuesta liberal y se levanta  con un tufo a historicismo alemán que no hay dios que lo aguante o el reformismo monárquico-capitalista de ciertos socialdemócratas.  Todos los que han sudado la gota negra para defender al “CETA” son los perros cancerberos de los consejos de Administración de las multinacionales europeas, en donde se encuentran las “puertas giratorias” en las que van montados dirigentes del PP, de las derechas nacionalistas y del PSOE venidos a menos políticamente pero yendo a más en lo tocante a sus bolsillos.

Aquellos que engordaban como tejones en tiempos en que Ti Felipe no hacía otra cosa que oír, ver y callar son los mismos que se llenan la panza ahora.  O sea, todos esos bancos europeos (Deusch Bank, el BSCH, el BNP o el BBVA, por citar algunos), que son quienes controlan miles de negocios, desde la Sanidad a la Energía, se aglutinan en todo un bloque oligárquico, defendido con uñas y dientes por las formaciones políticas mentadas más arriba.  Los que han rubricado el Acuerdo pretenden desregularizar las economías de sus países y ponerlas al servicio de las grandes multinacionales financieras e industriales.  ¡Pobres autónomos y pequeños empresarios!  Todo un pufo contra la clase trabajadora europea y, en general, contra los pueblos del mundo, a la que se somete a una merma de sus derechos sociales y laborales.  Toda una globalización muy ansiada por el imperialismo capitalista, cuyos poderes mediáticos y cavernarios han sabido vender muy bien su podrido producto a unas masas aborregadas, individualistas, acríticas y carentes de conciencia de clase.  ¡Menuda eufórica borrachera la de Mariano Rajoy Brey y sus mesnadas bailando la conga con Donald Tusk y Jean-Claude Juncker, presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión Europea, respectivamente!  ¡Vuelve, por favor, Mazinger Zeta, y lanza tus rayos congeladores sobre ese engendro que no es tu tocayo sino el Edward Hyde de la película!  Y esta vez la película no es de ficción, sino pura y dura realidad, aunque algunos que dicen estar a la izquierda pero están en sus antípodas la cataloguen de “acuerdo progresista”.  Y otros que danzan al mismo compás se tapen los ojos para no ver nada, refugiándose en la abstención.  Luego, muchos rótulos de “Somos la Izquierda” y, a la vuelta de la esquina, el jefe de filas declara con contundencia que “somos un partido de centro-izquierda”.  O sea, como aquella Gestora que le descabalgó por desbocarse hacia la izquierda.

Ti Felipe Caletrío Esteban no llegó a conocer el CETA.  ¡Ni puñetera falta que le hacía!  La Enlutada, la que no descansa ni de noche ni de día, vino a por él un martes de 1995.  Mayo florido iba por su segundo día y se cantaban honores a Santa Flaminia y Santa Viborada.  Sus espaldas ya iban abrumadas por el peso de 87 primaveras.  Él fue todo un artista en lo tocante a la curandería de huesos.  No llegó a la categoría de los “zajurílih”, esas especies de santeros y santones, aparte de curanderos, que recorrían las pedregosas y ensortijadas trochas de Las Hurdes y cuyo poder de videntes jamás fue discutido.  Y un “zajuril” sería el que, sentado frente a frente con nuestro poeta, aquel que sigue sin poder escabullirse de las brumas de diciembre, le miró fijamente a sus ojos de color café con leche (¡ay si hablara el café que no pudo tomar con su amadísima musa!) y le auguró que por sus venas correría el “mal azul”.  El críptico mutismo de su musa, que no cogió el guante oceánico que el poeta le lanzó, esfumándose la isla de Hydra en aguas del Egeo, le instaron a una dolorosa despedida.  Pero llegado fue el tiempo del estío y hora es de dejar al vate con sus versos cargados de misterio:

NAUFRAGIO

Tan grandes como dos añiles faros

me abriste unos ojos que mataban.

Por lo hermosos, con fuerza asesinaban.

Sabía que los vendías pero muy caros.



Le puse  a lo barato mil reparos.

Bagatelas jamás me enamoraban,

ni los panes mascados me molaban

ni nadie  me hizo entrar por prietos aros.



Amaba a quien amaba libre vida

y libertad defendía a dentelladas.

Fue un “zajuril”, al modo de un druida,



quien me auguró, por tierras bienamadas,

dura travesía en barca malherida

y mi naufragio entre aguas encrespadas.

martes, 17 de noviembre de 2015

OTROS REGIONALISMOS - 15/11/2015

Violentos vientos procedentes de París nos siguen sumiendo en sanguinaria resaca.  Nuestra repulsa y condena, sin paliativos, pero no olvidemos que de los polvos de las Azores vienen estos horrorosos lodos.  George Bush, Tony Blair y José María Aznar, además del anfitrión, Durao Barroso, como aventajados alumnos del neoliberalismo, decidieron invadir Irak, y saltó la chispa en todo el Cercano Oriente.  Ahora, no solo deben identificar a los culpables de tan terrible atentado, sino conocer los pelos y señales de las armas utilizadas, por saber de su procedencia.  Las mafiosas oscuridades geoestratégicas deben dejar paso a la luz y a los taquígrafos.

Mientras digerimos como podemos la tremebunda resaca, la vida continúa por estas penillanuras y serrejones, donde el otoño se ha vuelto primavera y libres estamos de contaminaciones atmosféricas.  A la memoria nos viene la figura flaquiseca de Cándida Floriano Cabezalí, a la que nombraban en el pueblo como Ti Cándida “La Patina”.  Padecía de Temblor Esencial en una de sus manos y nosotros, crueles mozarangüelos, le cantábamos: “A la agüela Cándida/con el zarandeu,/a la agüela Cándida con el rejileu…”  Había nacido el primer sábado de junio de 1895, cuando también lo hacía el famoso compositor y escritor Peter Dale Wimbrow.  Era hija de Ti Francisco Floriano Caletrío y de Ti Josefa Cabezalí Fuentes.  Siempre la conocimos descalza, tanto en invierno como en verano, moviendo descontroladamente una de sus manos y yendo a comprar vino a la tasca de Miliana, la tabernera que, al decir de los paisanos, tocaba con buen arte el acordeón en el salón de baile de su padre, Ti Ulpiano Jiménez.

Refieren que, en cierta ocasión, con motivo de haber venido ciertos jerifaltes del franquismo a inaugurar el nuevo cementerio del lugar, entraron en la mentada taberna, adonde había acudido Ti Cándida a que le rellenaran la botella de vino.  Uno de aquellos señoritingos fachas, muy encorbatado, ensombrerado y trajeado, al ver la pinta de la lugareña, exclamó por la bajini: “saya raída y descalza de pie y pierna, la estampa de una extremeña”.  Pero Ti Cándida escuchó la mala baba vertida por el señoritingo y le espetó: “-¡Ehtremeña será uhté y la puta que le parió, que yo soy del mi padri y de la mi madri, nacía y criá en ehti pueblu y no de nengún otru lugal y tengu máh educación que tóh vusótruh, vengáih d,andi vengáih, de Ehtremaúra o de Cahtilla, que lo mehmu me da, y yo vihtu cumu me salga de la fandanga, que vusótruh no séih quiénih pa venil sacandu fáltah a la genti honrá!”  Y cogiendo la botella, se largó con viento fresco, habiéndose despachado a gusto.

La nieta paterna de Ti Pedro Floriano Martín y de Ti Petra Caletrío Hernández tenía su genio y no se callaba aunque le pusiesen una mordaza en la boca.  Para ella lo mismo le daba Castilla que Extremadura.  Su patria era su pueblo, y no había más que hablar.  Aquella respuesta tan airosa nos trae el recuerdo de una frase que oímos muchas veces por los pueblos de Las Hurdes, sobre todo a la gente mayor: “Ni ehtreméñuh ni cahtellánuh; sémuh jurdánuh”.  Pero nuestro grande y buen amigo Estanislao Martín Martín, Secretario General del Partido Regionalista Extremeño (PREX), hoy dentro de la coalición “Extremeños”, ha saltado por encima de la citada frase, pese a ser un jurdano de arriba abajo, nacido en Casares de Las Hurdes, localidad a la que algunos denominan el balcón de territorio tan legendario.  Él sueña con una Extremadura para los extremeños y para que esas ensoñaciones se puedan hacer realidad no ha tenido empacho en marchar coaligado con el partido Extremadura Unida, que dirige el que fuera senador de la UCD Pedro Cañada Castillo, el cual cumplirá 80 años para el próximo febrero, y que, desde el año 2006, marcha al mismo paso marcial que el Partido Popular de Extremadura, en estrecho y conservador abrazo.

Cuando Extremadura Unida vino al mundo, allá por 1980, muchos jóvenes de izquierda, atraídos por un extremeñismo que parecía vertebrarse con mimbres socialmente avanzados, se afiliaron a este partido.  Pero, en realidad, aquello era un cajón de sastre y, no tardando, se le vio la patita enharinada a Pedro Cañada y a otros dirigentes, que solo aspiraban a un reformismo semejante al preconizado por José López Prudencio, el pacense nacido en 1870.  O sea, un regionalismo paternalista y conservador, cimentado en la exaltación burguesa de la identidad extremeña, en el tradicionalismo católico y en una visión de Extremadura como fiel hija de una España imperial. Y se produjo la escisión por la izquierda, en 1990, creándose el PREX.  Si EU tuvo que coaligarse con el PP para subsistir, el PREX lo hizo con el PSOE.  Pero ni uno ni otro han conseguido comerse muchas roscas.  Ahora, vuelven a ir unidos, pero son dos visiones completamente distintas del regionalismo: la de José López Prudencio y la de Antonio Elviro Berdeguer, el llamado “Blas Infante” extremeño, médico y publicista del pueblo cacereño de Salorino, azote de la oligarquía agraria y latifundista y desgraciadamente fusilado por los franquistas el 7 de diciembre de 1936.

Nosotros, que pensamos en clave internacionalista y pretendemos superar las parcelaciones patrioteras (no patrióticas), étnicas o identitarias al objeto de que los pueblos se fundan en un abrazo de libertad, justicia y cultura y vertebrar así un engranaje confederativo, solo podríamos entender la honesta lucha por las patrias chicas desde una separación del binomio pueblo y nación.  Al igual que el gran pensador Rudolf Rocker, creemos que la conciencia nacional o nacionalista, lo mismo que la religiosa, no es innata en el ser humano, sino algo impuesto por el ambiente o la educación, lo que limita enormemente la definitiva emancipación universal.  Ti Cándida “La Patina”, miembro de un clan que subsistía a base de recoger y vender lo que la naturaleza le ofrecía libremente (espárragos, criadillas de tierra, cardillos, lagartos, ranas, peces, conejos…), no había sido adoctrinada nada más que por su “tribu”.  Por ello, su referencia universal era su pueblo y los términos municipales de otras villas y lugares del mismo marco territorial.  En su subconsciente deberían albergarse vínculos solidarios con los de abajo, con el resto de desheredados del mundo, y no con los caciques y terratenientes, por muy extremeñistas que fuesen.

Si el regionalismo, dentro del artesonado confederal, implicara un frente abierto contra la falsa modernidad, el insustancioso progresismo liberal y el estatismo del ordeno y mando, otro gallo habría de cantar.  Pero la pregunta queda en el aire: ¿hay regionalistas dispuestos a un regreso a las raíces, que traigan de la mano una ruptura con el folklorismo, que no con el folklore; con el rancio y conservador tradicionalismo, que no con la tradición; con la oligarquía, los terratenientes y sus títulos de propiedad, que no con los jornaleros, los pequeños y medianos campesinos, o con las viejas corrientes políticas que dan vida a la democracia liberal y burguesa, que no con nuevas formaciones emergentes que pretenden construir un mundo tricolor más libre, más igualitario y más fraterno…?   Y si los hay, no los vemos en esa coalición EU-EXTREMEÑOS, ya que no se han sometido a toda una catarsis regionalista.

Siendo la festividad de San Popón y San Bretanión, bajo las heladas invernales, el agotamiento general y la anorexia se llevaron a la nieta materna de Ti Bernabé Cabezalí Esteban y de Ti Isabel Fuentes García.  Ya tenía muchas arrugas y su mano no había dejado de bailar.  Jamás escuchó la palabra regionalismo, pero a buen seguro que no le habría desagradado que alguien hubiera redimido a los de su clase, a los de abajo, aunque debiera asumir la titularidad de extremeña, tras el correspondiente razonamiento crítico.  Puede que otros regionalismos sean posibles, pero jamás desgajados de un engranaje confederal ni de las justas aspiraciones a la emancipación universal de los desheredados de este chato planeta.

TODO POR LA PATRIA - 11/11/2015

De los hijos de Ti Francisco Pérez Barros y de Ti Valeria Calvo Dosado solo quedó en el pueblo Brígida, que matrimonió con el lugareño Marcos Montero Barroso, de la familia de los “Fráilih”. El resto emprendió el camino de la que entonces era capital de la República.  A Bonifacio y Florentino la Guerra Civil les agarró en Madrid.  De Florentino no guardo memoria, pero Bonifacio venía con frecuencia al pueblo en los veranos y su imagen de hombre afable y dicharachero permanece en los clichés de mi cerebro.  Recuerdo que fumaba cigarrillos de unas cajetillas donde se leía: “Rocío.  Tabaco negro mentolado”.  Había nacido el 18 de mayo de 1913, el mismo día que el archifamoso compositor y cantante francés Louis Charles Auguste Claude Trénet.  Como hijo y nieto de canteros que se pasaron la vida martilleando los roquedos graníticos del lugar, tenía clara conciencia proletaria.  Por ello, cuando el pueblo de Madrid sintió el macabro y espeluznante resollar de los generales africanistas en julio de 1936, se echó a la calle y se enrolaría, como miliciano, en la columna del militar republicano Julio Mangada Rosenörn.

 “Moh echámus a defendel la patria, igual que pasó el doh de mayu de mil ochociéntuh ochu” -me relataba.  “Con el coronel Juliu Mangada al frenti leh parámuh los piéh a loh fahcíhtah en la batalla de Guadarrama.  Aquel coronel era mu echáu pa,lantri y moh quería muchu a loh meliciánuh”.  Ciertamente, Julio Mangada siempre fue un fervoroso defensor de la causa del pueblo.  Simpatizaba con Izquierda Republicana y colaboraba estrechamente con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA).  Tuvo un destacado papel en aplastar los focos que se encendieron en algunos cuarteles madrileños a favor de los sublevados.  Recibió el sobrenombre de “El General del Pueblo” y fue paseado a hombros de los milicianos por la Puerta del Sol.  El alcalde de la capital, Pedro Rico, le concedió la Medalla de Oro de Madrid.  Muchos de sus compañeros de armas, monárquicos y derechistas, le tacharon de antipatriota, antiespañol y otras “lindezas” de más elevado tono.  Además, era esperantista, naturista y masón.


Bonifacio Pérez Calvo, al que de chico -según me contaban ciertos paisanos- le apodaban Boni “Carreti”, estaba convencido de que “si habiera habíu media ocena de generálih cumu don Julio Mangada en el nuéhtru bandu, antóncih loh republicánuh no perdémuh la guerra, pol muchu que a Francu la habieran ayuáu los názih de la Alemania de Jitli y aquélluh ótruh fahcíhtah de la Italia de Musulini, que don Juliu era un patriota de loh piéh a la cabeza”.


Y gran patriota nos parece a nosotros también el general José Julio Rodríguez Fernández, ex Jefe del Estado Mayor para la Defensa (JEMAD), quien, una vez colgadas las estrellas en el perchero, se ha decidido a ir de número dos en la candidatura que Podemos presentará por Zaragoza de cara a las próximas elecciones generales del 20 de diciembre.  A nadie puede extrañar que haya dado este paso una persona que preside el “Foro Milicia y Democracia”, heredero de la Unión Militar Democrática (UMD), donde se integran los militares que fueron expulsados del Ejército durante la Transición.  Este foro firmó el pasado año un manifiesto a favor de unas “Cortes Constituyentes” y “una nueva Constitución”.  Sus miembros abogan por la III República, aseverando que “no es una quimera ni una utopía; es una urgente necesidad de regeneración democrática”.  ¿Por qué, entonces, tanto escandalizarse y rasgarse las vestiduras?   Anda mucho hipócrita suelto.  Guatimañas mentirosos que medran dentro de sus nidos de víboras y sus sepulcros blanqueados.  He ahí al ministro de Defensa, Pedro de Morenés y Álvarez de Eulate, descendiente del IV vizconde de Alesón, del III marqués de Grigny, del VII conde del Asalto grande de España, del II conde de la Peña del Moro y del V barón de las Cuatro Torres.  Este individuo de la altisonante aristocracia vasca, al que el teniente del Ejército español, Luis Gonzalo Segura, ha denunciado por ser “comerciante de armas”, se ha puesto de los nervios cuando se ha enterado de la noticia y ha apelado a los valores patrios que deben nimbar a todo militar nacido en esta piel de toro.  Los mismos denuestos e improperios que recibió, en aquellos trágicos años, Julio Mangada.  ¿Acaso es un delito que un exmilitar vaya en las listas de Podemos?  ¿Esa es la vara de medir que tienen los demócratas de pacotilla?


La mayor parte de los medios de comunicación, esos que se crecen y engordan con titulares que hablan del “hundimiento”, “desplome” o “caída libre” de Podemos, azuzados por las mafias oligárquicas que dominan la prensa y los medios audiovisuales (auténtico vía crucis de los periodistas honestos), no dan abasto con tanta carta que les llega de esos militares franquistas, claramente posicionados en la extrema derecha, atacando al general Rodríguez Fernández.  Si los oídos de Bonifacio Pérez, el que fuera nieto paterno de Ti Pedro Pérez Gutiérrez y de Ti Sebastiana Barroso Martín,  aún tuvieran la capacidad de oír, seguro que pegaría un puñetazo en la mesa y exclamaría: “!Loh méhmuh pérruh que loh de la véh de antañu, anque con dihtíntah caénah; ésuh son loh que hablan de `Todu pol la Patria`, cuandu tenían que dicil ´Todu pol la Paga`”.  Cuán cierto es que toda esa casta que defiende con uña y dientes la caduca, neoliberal y sectaria partitocracia, hija de la democracia liberal y burguesa, tiene el canguelo en el cuerpo y tiembla con solo pensar que sus privilegios de siglos corren enorme peligro y que pueden pasar a ser mortales corrientes y molientes.

La ortodoxia de los partidos políticos de siempre, envejecidos y enrocados en sus poltronas, tienen auténtico pavor a que haya militares que pongan en entredicho la monarquía y que hablen de un ejército que respete el principio de no beligerancia.  Entendemos que esos militares creen en unas fuerzas armadas que han de defender la soberanía nacional, no solo en lo tocante a sus fronteras, sino también en lo referente a las agresiones económicas y sociales que vayan en dirección contraria a los intereses y la independencia nacional, como pueden ser el colonialismo financiero internacional o las insidias urdidas por las empresas transnacionales.  Unas fuerzas armadas que rechacen y denuncien a una OTAN que solo responde a los intereses de los EEUU de Norteamérica, que no tiene grandes miramientos con el respeto a los derechos humanos y a la que solo le interesa mantener el orden mundial capitalista, endiosando al Estado como factor todopoderoso, autoritario y represor.  Un ejército del pueblo y para el pueblo, dispuesto a batirse el cobre no por la paz de los cementerios, sino por la paz que precisan los desheredados del mundo para vivir en paz con sus estómagos y su justa aspiración a ser personas dignas y respetables.  Mejor un ejército que grite aquella consigna revolucionaria de “Patria o Muerte”, que no el bastardeado y manido lema de “Todo por la Patria”.  Un ejército que, como decía el escritor, filósofo y revolucionario Thomas Paine, sea una organización “de principios, que solo así podrá penetrar donde un ejército de soldados no puede hacerlo”.


Bienvenidos sean este tipo de militares, vilipendiados por todos aquellos que no quieren desprenderse de sus viejas y emputecidas cáscaras, que tantos dividendos les rentan.  Bonifacio Pérez Calvo, allá donde quiera que esté (perdimos su rastro hace ya muchos cuartos menguantes), seguro que se alegrará de ello, como todos aquellos milicianos de la columna del “General del Pueblo” y los otros cientos de miles que empuñaron el fusil y, mal afeitados, con los uniformes desarreglados, las botas llenas de barro pero con auténtica fiebre en sus límpidas miradas, dieron lo mejor de sí para defender  a la auténtica Patria frente a la hidra del “Todo por la Patria”.  El nieto materno de Ti Manuel Calvo Floriano y de Ti Isabel Dosado Jiménez, al que le llamaban de mozuelillo “Carreti”, seguro que hoy se enrolaría en la columna del general José Julio Rodríguez Fernández.  Más que seguro.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La Pingolla, ÉRAMOS POCOS - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 2 de noviembre 2015

Eran tiempos de las patrias infantiles, las únicas verdaderas.  Habíamos ya pasado la escuela de los cagones y cabalgábamos en el alazán de la pubertad.  Aquella mañana, con el cabás en la mano, salí de casa para ir a visitar a un maestro que repartía a diestro y a siniestro galletas de cinco picos.  La plaza del pueblo no era la habitual.  Se había convertido en todo un hervidero.  Mujeres con el rostro circunspecto, transportando cenachos, entraban en el consistorio.  Varias guardias civiles, algunos sin tricornio, custodiaban, con viejos mosquetones, el edificio.  Más tarde, me enteraría del suceso.  La noche anterior las calles del lugar se llenaron de atronadores ruidos de cencerros.  Mozos y casados “corrían loh campanílluh”.

Guardia Civil caminera intentó abortar a la fuerza la cencerrada.  Hubo más que palabras.
A lo largo de la historia de la población, nunca había llegado la sangre al río con las campanilladas.  Pero esta vez estaba implicado un vecino que era parte de las fuerzas vivas del lugar.  Tomaron  la villa por asalto.  Los versos de Federico resonaban por sus calles: “…con el alma de charol/vienen por la carretera (…)/Cuarenta guardias civiles/ entran a saco por ella”.  A Epifanio Caletrío Iglesias le echó el alto un cabo de la Benemérita.  Hizo caso omiso y se vio rodeado por porras y por fusiles.  Levantó la cabeza y, en la oscuridad de la noche, gritó: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!”  Los guardias le arrebataron el cencerro y le baldaron el cuerpo con él.

Quedó más muerto que vivo.  Tuvieron que habilitar varias salas del consistorio para encerrar a los detenidos.  No bastó el calabozo municipal.  Epifanio había visto la luz el mismo día que aquel sindicalista revolucionario llamado Ramiro Ledesma Ramos, un 23 de mayo de 1905 y era hijo de Ti José Caletrío Barroso y de Ti Isidora Iglesias Sánchez. En el pueblo le decían Ti Pifaniu “Chiriguta”.

No era la primera vez que “paría su agüela”.  En 1931, antes de comenzar la siega, acudió con otros compañeros de la federación agraria de la CNT a Granadilla.  Iban a apoyar a los representantes de los jornaleros en el jurado mixto constituido en el ayuntamiento de dicha villa.  Ya estaba en vigor el polémico decreto de Términos Municipales, promulgado por el ministro socialista Francisco Largo Caballero.  Ningún jornalero podía trabajar en términos de otros pueblos mientras no estuvieran empleados todos los braceros de la localidad.  La CNT se oponía al decreto.  En Granadilla se reunieron, por una parte, los grandes hacendados de los septentriones cacereños: los Monfortes los Camisones, los Silvas, los Rocos y otros terratenientes de la nobleza.

A su vera, alcaldes monárquicos y de derechas.  Por la otra, los cenetistas, gente de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) y otros pertenecientes a pequeños sindicatos de extracción católica.  Los jornaleros exigían que los salarios alcanzasen las cinco pesetas y que su horario fuera de ocho horas.  Solo se les pagaba 3,5 pesetas, de sol a sol.  Los hacendados eran una piña, pero los sindicalistas no se entendían entre ellos y acabaron a mamporros.  Avisaron a la Guardia Civil y, cuando irrumpieron en la sala, Ti Pifaniu “Chiriguta”, que estaba de oyente, exclamó a todo pulmón: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!” Soltó algunos improperios más y se lo llevaron arrestado.  Y cuentan que el nieto paterno de Ti Lorenzo Caletrío Esteban y de Ti María Barroso Jiménez se lamentaba ante los guardias: “Si yo no voh he dichu ná a vusótruh, que yo se lo dicía a loh de los sindicátuh, que, en vé de defendélnuh a loh que solu tenémuh doh brázuh pa trabajal, se lían a óhtiah entri élluh méntrah que loh patrónuh se ríin de nusótruh y van tóh a la pal; asina que moh seguirán ehplotandu toa la vida”.

No escarmentó Ti Pifaniu, que volvió a las andadas al cabo de los años.  Y no escarmentó como tampoco ha escarmentado la izquierda de este país.  Parece que ha olvidado que, en febrero de 1936, tocó poder porque acudió a las urnas en buena unión, formando un Frente Popular, y acometió serias y profundas reformas en pro de la clase trabajadora.  Hasta el PSOE formó parte de la coalición.  Claro que aquel PSOE de entonces podía enorgullecerse de su alma socialista.  No había perdido valvulina progresista, como le ocurre ahora. Dejando aparte a los socialdemócratas, tan amigos de la derecha europea, de los mercados y de otras delicatessens neoliberales, observamos que la izquierda con cierto pedigrí  está plagada de torres de marfil, de personalismos y de egolatrías.

Izquierda unida, después del batacazo en las últimas elecciones municipales y autonómicas, de la mano de Alberto Garzón Espinosa, ha creado la coalición “Ahora en Común”, pero detrás lleva una gavilla de escándalos en los que ha estado inmersa diversos izquierdistas (coqueteos con los ERE,s andaluces y con sociedades de inversión de capital variable para eludir las obligaciones fiscales (SICAV), tarjetas black, sobresueldos en la diputación de Granada, caso “Ollero” o alianzas contra nátura).  Por su parte, el juez Baltasar Garzón y la exmilitante del PSOE Beatriz Talegón ha creado otra coalición, con el nombre de “La Izquierda”. No podemos olvidar a Podemos, con Pablo Iglesias Turrión a la cabeza.  Si viviera el nieto materno de Tío Martín Iglesias Martín y de Tía Filomena Sánchez Galindo, ambos del pueblo de Santacruz de Paniagua, seguro que volvería a exclamar: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!”.

Muchos de los que bebemos aires asamblearios y autogestionarios, ribeteados de sanas y frescas brisas libertarias, aplaudimos en su día la aparición de aquellos corros que pretendían la cuadratura del círculo.  Tarea harto difícil ésta, porque engavillar en un solo haz a toda la ciudadanía de abajo para hacer frente a los que están arriba manducándose la merienda y solo dejan migajas a los españolitos de a pie no es, atendiendo a la trayectoria histórica, un camino despejado, sino lleno de piedras y de abrojos.  Pero Podemos dio el “sorpasso” en las elecciones europeas y encandiló y entusiasmó a mucha gente.  Al poco, esta formación comenzó a recibir por parte de los poderes fácticos y desde numerosas trincheras un infame diluvio de terribles proyectiles como jamás había recibido fuerza política alguna desde el establecimiento de la democracia.  Podemos traía vientos nuevos y  sana espontaneidad revolucionaria.

Cuando ya asoma por el horizonte el 20 de diciembre, la gente de izquierdas, o los que estamos junto a la hilada más baja de los sillares del castillo aguardando las migajas que nos puedan arrojar desde las almenas, puede que nos formemos un verdadero galimatías.  Ganas entran de irse esa jornada a cazar gamusinos por los cerros y valles de nuestras pétreas patrias y pasar de arrojar una papeleta en la urna. Pero nuestra querida alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, acaba de hablar muy alto y claro: “Ahora estamos en un momento en el que todo el mundo habla de democratizar la democracia, todos hablan de revolución democrática, de derechos, de libertades, hasta el límite de vaciar de contenido las palabras.  ¿Por qué no son un partido único si están de acuerdo y dicen todos los mismo?

Pero a ninguno de ellos, del PP, del PSOE, de Convergència ni de Ciudadanos me los he encontrado ni una puñetera vez en una manifestación, en una acción, ni para parar los desahucios, ni para defender la educación, ni para defender la sanidad, ni para parar la reforma laboral.  Así que qué carajo tienen que explicarnos ahora de los derechos y las libertades”.  Y Ada Colau y su gente apoyará a Podemos.  Puede que sus palabras nos hayan convencido, como la digna contundencia de Pablo Iglesias en su reciente entrevista con Mariano Rajoy, llamando al pan, pan, y al vino, vino, sin pelos en la lengua.  Y sin chaqués ni corbatas, ligero de equipaje (don Antonio Machado dixit), al igual que los que caminamos por la vida presumiendo de eternos mochileros.

No queremos que ni un solo jornalero más vuelva a exclamar: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!”  En este día de Todos los Santos, cuando escribo estas líneas, recordamos especialmente a Ti Pifaniu “Chiriguta”, el que cogió el último tren apenas rebasados las sesenta primaveras. Una masiva hemotipsis, consecuencia de un carcinoma pulmonar, le sacó de casa con los pies por delante.  Era primavera y la Iglesia celebraba a San Facundo y San Gastón.  Epifanio Caletrío era un simple jornalero, pero su memoria, como la de millones de seres humanos de su misma clase, apela a la conciencia de la izquierda para formar un único bloque capaz de construir ese mundo tricolor más libre, más igualitario y más fraterno con el que soñamos muchos.

martes, 27 de octubre de 2015

La Pingolla, DIOS LOS CRÍA - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 26 octubre 2015 (Digital Extremadura)

Jamás se podría imaginar Juan Jiménez Galiano que acabaría dando con sus huesos en un camposanto de un perdido lugar, a caballo entre la sierra y la penillanura, de los septentriones cacereños.  Salió un día sin rumbo fijo de Hortizuela, un diminuto caserío (hoy devenido en despoblado) de la provincia de Cuenca y se alistó como infante en el Ejército Real de la Derecha, mandado por el general carlista don Miguel Gómez Damas.  Ciento setenta y nueve años se cumplen el próximo 31 del presente mes de octubre de la entrada de tan carcunda general en la villa de Cáceres.  Cuando sintieron que los cristinos seguían tras sus huellas, pusieron pies en polvorosa, pero el conquense y otros cuantos, hartos de tantas caminatas, desertaron y se desperdigaron por la provincia cacereña.
    
Por avatares del destino, Juan Jiménez conoció a Juana García Hernández, con la que se casó y a la que dieron en llamar, en el pueblo, Ti Juana “La Galeana”.  Uno de sus hijos, José Jiménez García, matrimonió con su paisana Demetria Cáceres Sánchez y vino al mundo Hipólito Jiménez Cáceres, que hasta su muerte sería conocido como Ti Pólitu “Galeanu”.  Nació el mismo día (20 de diciembre de 1891) que María Skobtsova, mujer de la nobleza rusa, poetisa, revolucionaria y destacada figura de la resistencia contra los nazis.  Pero, paradójicamente, la rusa acabaría convirtiéndose en monja, pasando a la historia como “Madre María” y siendo canonizada por la Iglesia Ortodoxa Oriental.
    
Por lo que cuentan, Ti Pólitu se crecía como un pavo contando las hazañas de su abuelo Juan: “El mi agüelu s,alihtó con el general Gomi polque le soltaba la guita.  Me dicía que a loh de enfrenti, loh que defendían a la reina Isabel Segunda, loh llamaban `pesetéruh” polque leh daban de propina una peseta y un chúhcu de pan, peru él y loh súyuh, a loh que leh dicían `requetéh” y “carcúndiah”, s,habían alihtau pol séih reálih y pol apañal tó lo que podían cuandu entraban en loh puébluh que tomaban”.  Tenía muy claro Ti Pólitu “Galeanu” que su abuelo era al modo de un mercenario, que no se casaba con ninguno de los dos bandos.  Le traían al pairo el pleito dinástico entre el pretendiente Don Carlos (carlistas), que buscaban implantar el absolutismo monárquico, y los partidarios de la reina Isabel II, inclinados hacia el liberalismo constitucional.  “El mi agüelu Juan dicía que lo mehmu daba que daba lo mehmu, que Dióh loh criaba y élluh solu s,ajuntaban; a únuh loh apoyaban únuh cuántuh de paísih y a loh ótruh, ótruh cuántuh, y ési era el cantal:  loh d,arriba encendían la mecha, lo mehmu únuh que ótruh, y quien pagaba siempre lah maésah era el pueblu, cumu ha pasau en tóah lah guérrah”.
   
 Lolo Jiménez Pérez, hijo de Ti Pólitu y casado en el pueblo de Aceituna, me narró muchas andanzas y desandanzas de su padre un día de Santa Marina, fiesta principal de tal localidad y en la que nos pateamos por dos veces al menos todas las tascas con las que contaba la población.  Con frecuencia, al hablar de tirios y troyanos, de rojos y de azules, Lolo parecía remedar a su padre: “Dióh loh cría y élluh sóluh se ajuntan pa dalsi caraba únuh a loh ótruh”.  ¡Cuánta razón tenían padre e hijo!  He ahí, recientemente, a todos esos líderes de la derecha europea arropando a Mariano Rajoy en el congreso del PPE celebrado en Madrid.  ¡Ni escogidos!  Allí andaba José Manuel Durao Barroso, el que pasó de ser un aventajado discípulo de la Federación de Estudiantes Marxistas-Leninistas (sección del movimiento maoísta Reorganización del Partido del Proletariado, MRPP) a la derecha más neoliberal, llegando a presidir la Comisión Europea.  Él fue el que tuvo el deshonor de ser el anfitrión del “Trío de las Azores”, que encendió la mecha en Irak, y de aquellos sanguinolentos polvos vienen los trágicamente pegajosos lodos que anegan el Cercano Oriente.
    
No podía faltar el expresidente francés Nicolás Sarkozy, imputado el pasado año por corrupción activa, malversación de fondos públicos, tráfico de influencias y violación del secreto de instrucción.  A su vera, Jean Claude Juncker, que fuera primer ministro de Luxemburgo entre 1995 y 2013, cuando convirtió a este país en un paraíso fiscal, siendo acusado de escuchas ilegales y malversación de fondos.  Ello no ha impedido que hoy sea el presidente de la Comisión Europea.  Pero el Partido Popular Europeo no tiene vergüenza y como manifiesta el ingeniero de sistemas italo-francés Hervé Falciani, el que ha destapado la olla de las evasiones fiscales, “Juncker representa una ideología que no quiere que se controlen las finanzas opacas para asegurarse su supervivencia”. ¡¿Y cómo no?! También husmeaba por ese congreso el fantoche de Silvio Berlusconi, salpicado por docenas de escándalos, incluidos los de corrupción de menores.  El que fuera primer ministro de Italia es conocido por su defensa de la figura de Benito Mussolini, el fundador del Fascismo, y por largar por su deslenguada boca aquello de “un sondeo dice que el 33% de las jóvenes italianas sí se acostarían conmigo.  El resto de las chicas contesta: ¿Otra vez?”  Pululaba, igualmente, por aquellos hemiciclos Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, un xenófobo de tomo y lomo, partidario de la pena de muerte y con un discurso propio de la extrema derecha.  Este sujeto no ha tenido empacho alguno en afirmar que los refugiados musulmanes ponen en peligro la cristiandad europea.  Más o menos, como lo eructado por el cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares.

     Bien lo decía el nieto materno de Ti Carlos Cáceres Fuentes, oriundo de Guijo de Granadilla, y de Ti Antona Sánchez Gutiérrez.  Toda la derecha, tan bien criada en lujosas cunas y bendecida por ese dios que se encarga de juntarlos y al que le ofrecen hipócritas golpes de pecho, dando alientos a Rajoy y a sus huestes del Partido Popular.  No es extraño que nuestro barbado gallego, después de tomarse de un trago la pócima ofrecida por sus conmilitones, haya tenido una temerosa subida de autoestima, rayana en la fatuidad, y haya prometido a los españoles la creación de dos millones de puestos de trabajo si le votan a él el próximo 20 de diciembre.  ¡Cuánta promesa de politicastros que mienten más que valen y se codean con ladrones de guante blanco!  Los nuevos carcundas, que tanto aman a su patria, a su dios y a su rey, quieren seguir agarrando las riendas del poder, después de haber engordado a los suyos y dejarnos cuasi en piel y huesos al resto.  Pero que no canten victoria otros, que ya nos prometieron el oro y el moro, como ahora, y, cuando escalaron a lo alto de la pirámide, derechizaron el discurso, acataron sin rechistar el mandato de la Troika, las ínfulas imperialistas del Tío Sam y votaron a la par que el Partido Popular Europeo en el europarlamento.  Congeniaron tan bien como el PP y Ciudadanos en el Parlament de Catalunya.
   
 En vez de más democracia, más neoliberalismo.  Eso es lo que nos espera de votar a quienes nos recetaron, desde el espantajo de la Transición, medicinas caducadas.  Muchos somos los que queremos menos dioses, menos patrias y menos reyes y más libertad, más igualdad y más fraternidad.  Ya lo decía el inolvidable Nelson Mandela: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.  Ti Pólitu, el que heredó por mote el segundo apellido de su abuelo, se fue al “otru mundo”, que aún no sabemos dónde está, mismamente cuando también le doblaron las campanas al conocido actor y dramaturgo británico Miles Malleson.  Mediaba marzo de 1969.  Y se fue creyendo firmemente que, mientras no se “faratin” y se “farrunguin” esos arrejuntamientos de los poderosos, a los que su dios cría con especial esmero, los pobres del mundo no podrán respirar tranquilos.  En nuestras manos está el que se vuelvan las tornas.  Antes que en diciembre se congelen los menesterosos, que se arrizan de frío quienes les quitan las mantas.