martes, 17 de noviembre de 2015

OTROS REGIONALISMOS - 15/11/2015

Violentos vientos procedentes de París nos siguen sumiendo en sanguinaria resaca.  Nuestra repulsa y condena, sin paliativos, pero no olvidemos que de los polvos de las Azores vienen estos horrorosos lodos.  George Bush, Tony Blair y José María Aznar, además del anfitrión, Durao Barroso, como aventajados alumnos del neoliberalismo, decidieron invadir Irak, y saltó la chispa en todo el Cercano Oriente.  Ahora, no solo deben identificar a los culpables de tan terrible atentado, sino conocer los pelos y señales de las armas utilizadas, por saber de su procedencia.  Las mafiosas oscuridades geoestratégicas deben dejar paso a la luz y a los taquígrafos.

Mientras digerimos como podemos la tremebunda resaca, la vida continúa por estas penillanuras y serrejones, donde el otoño se ha vuelto primavera y libres estamos de contaminaciones atmosféricas.  A la memoria nos viene la figura flaquiseca de Cándida Floriano Cabezalí, a la que nombraban en el pueblo como Ti Cándida “La Patina”.  Padecía de Temblor Esencial en una de sus manos y nosotros, crueles mozarangüelos, le cantábamos: “A la agüela Cándida/con el zarandeu,/a la agüela Cándida con el rejileu…”  Había nacido el primer sábado de junio de 1895, cuando también lo hacía el famoso compositor y escritor Peter Dale Wimbrow.  Era hija de Ti Francisco Floriano Caletrío y de Ti Josefa Cabezalí Fuentes.  Siempre la conocimos descalza, tanto en invierno como en verano, moviendo descontroladamente una de sus manos y yendo a comprar vino a la tasca de Miliana, la tabernera que, al decir de los paisanos, tocaba con buen arte el acordeón en el salón de baile de su padre, Ti Ulpiano Jiménez.

Refieren que, en cierta ocasión, con motivo de haber venido ciertos jerifaltes del franquismo a inaugurar el nuevo cementerio del lugar, entraron en la mentada taberna, adonde había acudido Ti Cándida a que le rellenaran la botella de vino.  Uno de aquellos señoritingos fachas, muy encorbatado, ensombrerado y trajeado, al ver la pinta de la lugareña, exclamó por la bajini: “saya raída y descalza de pie y pierna, la estampa de una extremeña”.  Pero Ti Cándida escuchó la mala baba vertida por el señoritingo y le espetó: “-¡Ehtremeña será uhté y la puta que le parió, que yo soy del mi padri y de la mi madri, nacía y criá en ehti pueblu y no de nengún otru lugal y tengu máh educación que tóh vusótruh, vengáih d,andi vengáih, de Ehtremaúra o de Cahtilla, que lo mehmu me da, y yo vihtu cumu me salga de la fandanga, que vusótruh no séih quiénih pa venil sacandu fáltah a la genti honrá!”  Y cogiendo la botella, se largó con viento fresco, habiéndose despachado a gusto.

La nieta paterna de Ti Pedro Floriano Martín y de Ti Petra Caletrío Hernández tenía su genio y no se callaba aunque le pusiesen una mordaza en la boca.  Para ella lo mismo le daba Castilla que Extremadura.  Su patria era su pueblo, y no había más que hablar.  Aquella respuesta tan airosa nos trae el recuerdo de una frase que oímos muchas veces por los pueblos de Las Hurdes, sobre todo a la gente mayor: “Ni ehtreméñuh ni cahtellánuh; sémuh jurdánuh”.  Pero nuestro grande y buen amigo Estanislao Martín Martín, Secretario General del Partido Regionalista Extremeño (PREX), hoy dentro de la coalición “Extremeños”, ha saltado por encima de la citada frase, pese a ser un jurdano de arriba abajo, nacido en Casares de Las Hurdes, localidad a la que algunos denominan el balcón de territorio tan legendario.  Él sueña con una Extremadura para los extremeños y para que esas ensoñaciones se puedan hacer realidad no ha tenido empacho en marchar coaligado con el partido Extremadura Unida, que dirige el que fuera senador de la UCD Pedro Cañada Castillo, el cual cumplirá 80 años para el próximo febrero, y que, desde el año 2006, marcha al mismo paso marcial que el Partido Popular de Extremadura, en estrecho y conservador abrazo.

Cuando Extremadura Unida vino al mundo, allá por 1980, muchos jóvenes de izquierda, atraídos por un extremeñismo que parecía vertebrarse con mimbres socialmente avanzados, se afiliaron a este partido.  Pero, en realidad, aquello era un cajón de sastre y, no tardando, se le vio la patita enharinada a Pedro Cañada y a otros dirigentes, que solo aspiraban a un reformismo semejante al preconizado por José López Prudencio, el pacense nacido en 1870.  O sea, un regionalismo paternalista y conservador, cimentado en la exaltación burguesa de la identidad extremeña, en el tradicionalismo católico y en una visión de Extremadura como fiel hija de una España imperial. Y se produjo la escisión por la izquierda, en 1990, creándose el PREX.  Si EU tuvo que coaligarse con el PP para subsistir, el PREX lo hizo con el PSOE.  Pero ni uno ni otro han conseguido comerse muchas roscas.  Ahora, vuelven a ir unidos, pero son dos visiones completamente distintas del regionalismo: la de José López Prudencio y la de Antonio Elviro Berdeguer, el llamado “Blas Infante” extremeño, médico y publicista del pueblo cacereño de Salorino, azote de la oligarquía agraria y latifundista y desgraciadamente fusilado por los franquistas el 7 de diciembre de 1936.

Nosotros, que pensamos en clave internacionalista y pretendemos superar las parcelaciones patrioteras (no patrióticas), étnicas o identitarias al objeto de que los pueblos se fundan en un abrazo de libertad, justicia y cultura y vertebrar así un engranaje confederativo, solo podríamos entender la honesta lucha por las patrias chicas desde una separación del binomio pueblo y nación.  Al igual que el gran pensador Rudolf Rocker, creemos que la conciencia nacional o nacionalista, lo mismo que la religiosa, no es innata en el ser humano, sino algo impuesto por el ambiente o la educación, lo que limita enormemente la definitiva emancipación universal.  Ti Cándida “La Patina”, miembro de un clan que subsistía a base de recoger y vender lo que la naturaleza le ofrecía libremente (espárragos, criadillas de tierra, cardillos, lagartos, ranas, peces, conejos…), no había sido adoctrinada nada más que por su “tribu”.  Por ello, su referencia universal era su pueblo y los términos municipales de otras villas y lugares del mismo marco territorial.  En su subconsciente deberían albergarse vínculos solidarios con los de abajo, con el resto de desheredados del mundo, y no con los caciques y terratenientes, por muy extremeñistas que fuesen.

Si el regionalismo, dentro del artesonado confederal, implicara un frente abierto contra la falsa modernidad, el insustancioso progresismo liberal y el estatismo del ordeno y mando, otro gallo habría de cantar.  Pero la pregunta queda en el aire: ¿hay regionalistas dispuestos a un regreso a las raíces, que traigan de la mano una ruptura con el folklorismo, que no con el folklore; con el rancio y conservador tradicionalismo, que no con la tradición; con la oligarquía, los terratenientes y sus títulos de propiedad, que no con los jornaleros, los pequeños y medianos campesinos, o con las viejas corrientes políticas que dan vida a la democracia liberal y burguesa, que no con nuevas formaciones emergentes que pretenden construir un mundo tricolor más libre, más igualitario y más fraterno…?   Y si los hay, no los vemos en esa coalición EU-EXTREMEÑOS, ya que no se han sometido a toda una catarsis regionalista.

Siendo la festividad de San Popón y San Bretanión, bajo las heladas invernales, el agotamiento general y la anorexia se llevaron a la nieta materna de Ti Bernabé Cabezalí Esteban y de Ti Isabel Fuentes García.  Ya tenía muchas arrugas y su mano no había dejado de bailar.  Jamás escuchó la palabra regionalismo, pero a buen seguro que no le habría desagradado que alguien hubiera redimido a los de su clase, a los de abajo, aunque debiera asumir la titularidad de extremeña, tras el correspondiente razonamiento crítico.  Puede que otros regionalismos sean posibles, pero jamás desgajados de un engranaje confederal ni de las justas aspiraciones a la emancipación universal de los desheredados de este chato planeta.

TODO POR LA PATRIA - 11/11/2015

De los hijos de Ti Francisco Pérez Barros y de Ti Valeria Calvo Dosado solo quedó en el pueblo Brígida, que matrimonió con el lugareño Marcos Montero Barroso, de la familia de los “Fráilih”. El resto emprendió el camino de la que entonces era capital de la República.  A Bonifacio y Florentino la Guerra Civil les agarró en Madrid.  De Florentino no guardo memoria, pero Bonifacio venía con frecuencia al pueblo en los veranos y su imagen de hombre afable y dicharachero permanece en los clichés de mi cerebro.  Recuerdo que fumaba cigarrillos de unas cajetillas donde se leía: “Rocío.  Tabaco negro mentolado”.  Había nacido el 18 de mayo de 1913, el mismo día que el archifamoso compositor y cantante francés Louis Charles Auguste Claude Trénet.  Como hijo y nieto de canteros que se pasaron la vida martilleando los roquedos graníticos del lugar, tenía clara conciencia proletaria.  Por ello, cuando el pueblo de Madrid sintió el macabro y espeluznante resollar de los generales africanistas en julio de 1936, se echó a la calle y se enrolaría, como miliciano, en la columna del militar republicano Julio Mangada Rosenörn.

 “Moh echámus a defendel la patria, igual que pasó el doh de mayu de mil ochociéntuh ochu” -me relataba.  “Con el coronel Juliu Mangada al frenti leh parámuh los piéh a loh fahcíhtah en la batalla de Guadarrama.  Aquel coronel era mu echáu pa,lantri y moh quería muchu a loh meliciánuh”.  Ciertamente, Julio Mangada siempre fue un fervoroso defensor de la causa del pueblo.  Simpatizaba con Izquierda Republicana y colaboraba estrechamente con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA).  Tuvo un destacado papel en aplastar los focos que se encendieron en algunos cuarteles madrileños a favor de los sublevados.  Recibió el sobrenombre de “El General del Pueblo” y fue paseado a hombros de los milicianos por la Puerta del Sol.  El alcalde de la capital, Pedro Rico, le concedió la Medalla de Oro de Madrid.  Muchos de sus compañeros de armas, monárquicos y derechistas, le tacharon de antipatriota, antiespañol y otras “lindezas” de más elevado tono.  Además, era esperantista, naturista y masón.


Bonifacio Pérez Calvo, al que de chico -según me contaban ciertos paisanos- le apodaban Boni “Carreti”, estaba convencido de que “si habiera habíu media ocena de generálih cumu don Julio Mangada en el nuéhtru bandu, antóncih loh republicánuh no perdémuh la guerra, pol muchu que a Francu la habieran ayuáu los názih de la Alemania de Jitli y aquélluh ótruh fahcíhtah de la Italia de Musulini, que don Juliu era un patriota de loh piéh a la cabeza”.


Y gran patriota nos parece a nosotros también el general José Julio Rodríguez Fernández, ex Jefe del Estado Mayor para la Defensa (JEMAD), quien, una vez colgadas las estrellas en el perchero, se ha decidido a ir de número dos en la candidatura que Podemos presentará por Zaragoza de cara a las próximas elecciones generales del 20 de diciembre.  A nadie puede extrañar que haya dado este paso una persona que preside el “Foro Milicia y Democracia”, heredero de la Unión Militar Democrática (UMD), donde se integran los militares que fueron expulsados del Ejército durante la Transición.  Este foro firmó el pasado año un manifiesto a favor de unas “Cortes Constituyentes” y “una nueva Constitución”.  Sus miembros abogan por la III República, aseverando que “no es una quimera ni una utopía; es una urgente necesidad de regeneración democrática”.  ¿Por qué, entonces, tanto escandalizarse y rasgarse las vestiduras?   Anda mucho hipócrita suelto.  Guatimañas mentirosos que medran dentro de sus nidos de víboras y sus sepulcros blanqueados.  He ahí al ministro de Defensa, Pedro de Morenés y Álvarez de Eulate, descendiente del IV vizconde de Alesón, del III marqués de Grigny, del VII conde del Asalto grande de España, del II conde de la Peña del Moro y del V barón de las Cuatro Torres.  Este individuo de la altisonante aristocracia vasca, al que el teniente del Ejército español, Luis Gonzalo Segura, ha denunciado por ser “comerciante de armas”, se ha puesto de los nervios cuando se ha enterado de la noticia y ha apelado a los valores patrios que deben nimbar a todo militar nacido en esta piel de toro.  Los mismos denuestos e improperios que recibió, en aquellos trágicos años, Julio Mangada.  ¿Acaso es un delito que un exmilitar vaya en las listas de Podemos?  ¿Esa es la vara de medir que tienen los demócratas de pacotilla?


La mayor parte de los medios de comunicación, esos que se crecen y engordan con titulares que hablan del “hundimiento”, “desplome” o “caída libre” de Podemos, azuzados por las mafias oligárquicas que dominan la prensa y los medios audiovisuales (auténtico vía crucis de los periodistas honestos), no dan abasto con tanta carta que les llega de esos militares franquistas, claramente posicionados en la extrema derecha, atacando al general Rodríguez Fernández.  Si los oídos de Bonifacio Pérez, el que fuera nieto paterno de Ti Pedro Pérez Gutiérrez y de Ti Sebastiana Barroso Martín,  aún tuvieran la capacidad de oír, seguro que pegaría un puñetazo en la mesa y exclamaría: “!Loh méhmuh pérruh que loh de la véh de antañu, anque con dihtíntah caénah; ésuh son loh que hablan de `Todu pol la Patria`, cuandu tenían que dicil ´Todu pol la Paga`”.  Cuán cierto es que toda esa casta que defiende con uña y dientes la caduca, neoliberal y sectaria partitocracia, hija de la democracia liberal y burguesa, tiene el canguelo en el cuerpo y tiembla con solo pensar que sus privilegios de siglos corren enorme peligro y que pueden pasar a ser mortales corrientes y molientes.

La ortodoxia de los partidos políticos de siempre, envejecidos y enrocados en sus poltronas, tienen auténtico pavor a que haya militares que pongan en entredicho la monarquía y que hablen de un ejército que respete el principio de no beligerancia.  Entendemos que esos militares creen en unas fuerzas armadas que han de defender la soberanía nacional, no solo en lo tocante a sus fronteras, sino también en lo referente a las agresiones económicas y sociales que vayan en dirección contraria a los intereses y la independencia nacional, como pueden ser el colonialismo financiero internacional o las insidias urdidas por las empresas transnacionales.  Unas fuerzas armadas que rechacen y denuncien a una OTAN que solo responde a los intereses de los EEUU de Norteamérica, que no tiene grandes miramientos con el respeto a los derechos humanos y a la que solo le interesa mantener el orden mundial capitalista, endiosando al Estado como factor todopoderoso, autoritario y represor.  Un ejército del pueblo y para el pueblo, dispuesto a batirse el cobre no por la paz de los cementerios, sino por la paz que precisan los desheredados del mundo para vivir en paz con sus estómagos y su justa aspiración a ser personas dignas y respetables.  Mejor un ejército que grite aquella consigna revolucionaria de “Patria o Muerte”, que no el bastardeado y manido lema de “Todo por la Patria”.  Un ejército que, como decía el escritor, filósofo y revolucionario Thomas Paine, sea una organización “de principios, que solo así podrá penetrar donde un ejército de soldados no puede hacerlo”.


Bienvenidos sean este tipo de militares, vilipendiados por todos aquellos que no quieren desprenderse de sus viejas y emputecidas cáscaras, que tantos dividendos les rentan.  Bonifacio Pérez Calvo, allá donde quiera que esté (perdimos su rastro hace ya muchos cuartos menguantes), seguro que se alegrará de ello, como todos aquellos milicianos de la columna del “General del Pueblo” y los otros cientos de miles que empuñaron el fusil y, mal afeitados, con los uniformes desarreglados, las botas llenas de barro pero con auténtica fiebre en sus límpidas miradas, dieron lo mejor de sí para defender  a la auténtica Patria frente a la hidra del “Todo por la Patria”.  El nieto materno de Ti Manuel Calvo Floriano y de Ti Isabel Dosado Jiménez, al que le llamaban de mozuelillo “Carreti”, seguro que hoy se enrolaría en la columna del general José Julio Rodríguez Fernández.  Más que seguro.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La Pingolla, ÉRAMOS POCOS - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 2 de noviembre 2015

Eran tiempos de las patrias infantiles, las únicas verdaderas.  Habíamos ya pasado la escuela de los cagones y cabalgábamos en el alazán de la pubertad.  Aquella mañana, con el cabás en la mano, salí de casa para ir a visitar a un maestro que repartía a diestro y a siniestro galletas de cinco picos.  La plaza del pueblo no era la habitual.  Se había convertido en todo un hervidero.  Mujeres con el rostro circunspecto, transportando cenachos, entraban en el consistorio.  Varias guardias civiles, algunos sin tricornio, custodiaban, con viejos mosquetones, el edificio.  Más tarde, me enteraría del suceso.  La noche anterior las calles del lugar se llenaron de atronadores ruidos de cencerros.  Mozos y casados “corrían loh campanílluh”.

Guardia Civil caminera intentó abortar a la fuerza la cencerrada.  Hubo más que palabras.
A lo largo de la historia de la población, nunca había llegado la sangre al río con las campanilladas.  Pero esta vez estaba implicado un vecino que era parte de las fuerzas vivas del lugar.  Tomaron  la villa por asalto.  Los versos de Federico resonaban por sus calles: “…con el alma de charol/vienen por la carretera (…)/Cuarenta guardias civiles/ entran a saco por ella”.  A Epifanio Caletrío Iglesias le echó el alto un cabo de la Benemérita.  Hizo caso omiso y se vio rodeado por porras y por fusiles.  Levantó la cabeza y, en la oscuridad de la noche, gritó: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!”  Los guardias le arrebataron el cencerro y le baldaron el cuerpo con él.

Quedó más muerto que vivo.  Tuvieron que habilitar varias salas del consistorio para encerrar a los detenidos.  No bastó el calabozo municipal.  Epifanio había visto la luz el mismo día que aquel sindicalista revolucionario llamado Ramiro Ledesma Ramos, un 23 de mayo de 1905 y era hijo de Ti José Caletrío Barroso y de Ti Isidora Iglesias Sánchez. En el pueblo le decían Ti Pifaniu “Chiriguta”.

No era la primera vez que “paría su agüela”.  En 1931, antes de comenzar la siega, acudió con otros compañeros de la federación agraria de la CNT a Granadilla.  Iban a apoyar a los representantes de los jornaleros en el jurado mixto constituido en el ayuntamiento de dicha villa.  Ya estaba en vigor el polémico decreto de Términos Municipales, promulgado por el ministro socialista Francisco Largo Caballero.  Ningún jornalero podía trabajar en términos de otros pueblos mientras no estuvieran empleados todos los braceros de la localidad.  La CNT se oponía al decreto.  En Granadilla se reunieron, por una parte, los grandes hacendados de los septentriones cacereños: los Monfortes los Camisones, los Silvas, los Rocos y otros terratenientes de la nobleza.

A su vera, alcaldes monárquicos y de derechas.  Por la otra, los cenetistas, gente de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) y otros pertenecientes a pequeños sindicatos de extracción católica.  Los jornaleros exigían que los salarios alcanzasen las cinco pesetas y que su horario fuera de ocho horas.  Solo se les pagaba 3,5 pesetas, de sol a sol.  Los hacendados eran una piña, pero los sindicalistas no se entendían entre ellos y acabaron a mamporros.  Avisaron a la Guardia Civil y, cuando irrumpieron en la sala, Ti Pifaniu “Chiriguta”, que estaba de oyente, exclamó a todo pulmón: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!” Soltó algunos improperios más y se lo llevaron arrestado.  Y cuentan que el nieto paterno de Ti Lorenzo Caletrío Esteban y de Ti María Barroso Jiménez se lamentaba ante los guardias: “Si yo no voh he dichu ná a vusótruh, que yo se lo dicía a loh de los sindicátuh, que, en vé de defendélnuh a loh que solu tenémuh doh brázuh pa trabajal, se lían a óhtiah entri élluh méntrah que loh patrónuh se ríin de nusótruh y van tóh a la pal; asina que moh seguirán ehplotandu toa la vida”.

No escarmentó Ti Pifaniu, que volvió a las andadas al cabo de los años.  Y no escarmentó como tampoco ha escarmentado la izquierda de este país.  Parece que ha olvidado que, en febrero de 1936, tocó poder porque acudió a las urnas en buena unión, formando un Frente Popular, y acometió serias y profundas reformas en pro de la clase trabajadora.  Hasta el PSOE formó parte de la coalición.  Claro que aquel PSOE de entonces podía enorgullecerse de su alma socialista.  No había perdido valvulina progresista, como le ocurre ahora. Dejando aparte a los socialdemócratas, tan amigos de la derecha europea, de los mercados y de otras delicatessens neoliberales, observamos que la izquierda con cierto pedigrí  está plagada de torres de marfil, de personalismos y de egolatrías.

Izquierda unida, después del batacazo en las últimas elecciones municipales y autonómicas, de la mano de Alberto Garzón Espinosa, ha creado la coalición “Ahora en Común”, pero detrás lleva una gavilla de escándalos en los que ha estado inmersa diversos izquierdistas (coqueteos con los ERE,s andaluces y con sociedades de inversión de capital variable para eludir las obligaciones fiscales (SICAV), tarjetas black, sobresueldos en la diputación de Granada, caso “Ollero” o alianzas contra nátura).  Por su parte, el juez Baltasar Garzón y la exmilitante del PSOE Beatriz Talegón ha creado otra coalición, con el nombre de “La Izquierda”. No podemos olvidar a Podemos, con Pablo Iglesias Turrión a la cabeza.  Si viviera el nieto materno de Tío Martín Iglesias Martín y de Tía Filomena Sánchez Galindo, ambos del pueblo de Santacruz de Paniagua, seguro que volvería a exclamar: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!”.

Muchos de los que bebemos aires asamblearios y autogestionarios, ribeteados de sanas y frescas brisas libertarias, aplaudimos en su día la aparición de aquellos corros que pretendían la cuadratura del círculo.  Tarea harto difícil ésta, porque engavillar en un solo haz a toda la ciudadanía de abajo para hacer frente a los que están arriba manducándose la merienda y solo dejan migajas a los españolitos de a pie no es, atendiendo a la trayectoria histórica, un camino despejado, sino lleno de piedras y de abrojos.  Pero Podemos dio el “sorpasso” en las elecciones europeas y encandiló y entusiasmó a mucha gente.  Al poco, esta formación comenzó a recibir por parte de los poderes fácticos y desde numerosas trincheras un infame diluvio de terribles proyectiles como jamás había recibido fuerza política alguna desde el establecimiento de la democracia.  Podemos traía vientos nuevos y  sana espontaneidad revolucionaria.

Cuando ya asoma por el horizonte el 20 de diciembre, la gente de izquierdas, o los que estamos junto a la hilada más baja de los sillares del castillo aguardando las migajas que nos puedan arrojar desde las almenas, puede que nos formemos un verdadero galimatías.  Ganas entran de irse esa jornada a cazar gamusinos por los cerros y valles de nuestras pétreas patrias y pasar de arrojar una papeleta en la urna. Pero nuestra querida alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, acaba de hablar muy alto y claro: “Ahora estamos en un momento en el que todo el mundo habla de democratizar la democracia, todos hablan de revolución democrática, de derechos, de libertades, hasta el límite de vaciar de contenido las palabras.  ¿Por qué no son un partido único si están de acuerdo y dicen todos los mismo?

Pero a ninguno de ellos, del PP, del PSOE, de Convergència ni de Ciudadanos me los he encontrado ni una puñetera vez en una manifestación, en una acción, ni para parar los desahucios, ni para defender la educación, ni para defender la sanidad, ni para parar la reforma laboral.  Así que qué carajo tienen que explicarnos ahora de los derechos y las libertades”.  Y Ada Colau y su gente apoyará a Podemos.  Puede que sus palabras nos hayan convencido, como la digna contundencia de Pablo Iglesias en su reciente entrevista con Mariano Rajoy, llamando al pan, pan, y al vino, vino, sin pelos en la lengua.  Y sin chaqués ni corbatas, ligero de equipaje (don Antonio Machado dixit), al igual que los que caminamos por la vida presumiendo de eternos mochileros.

No queremos que ni un solo jornalero más vuelva a exclamar: “¡Éramuh pócuh y parió mi agüela!”  En este día de Todos los Santos, cuando escribo estas líneas, recordamos especialmente a Ti Pifaniu “Chiriguta”, el que cogió el último tren apenas rebasados las sesenta primaveras. Una masiva hemotipsis, consecuencia de un carcinoma pulmonar, le sacó de casa con los pies por delante.  Era primavera y la Iglesia celebraba a San Facundo y San Gastón.  Epifanio Caletrío era un simple jornalero, pero su memoria, como la de millones de seres humanos de su misma clase, apela a la conciencia de la izquierda para formar un único bloque capaz de construir ese mundo tricolor más libre, más igualitario y más fraterno con el que soñamos muchos.

martes, 27 de octubre de 2015

La Pingolla, DIOS LOS CRÍA - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 26 octubre 2015 (Digital Extremadura)

Jamás se podría imaginar Juan Jiménez Galiano que acabaría dando con sus huesos en un camposanto de un perdido lugar, a caballo entre la sierra y la penillanura, de los septentriones cacereños.  Salió un día sin rumbo fijo de Hortizuela, un diminuto caserío (hoy devenido en despoblado) de la provincia de Cuenca y se alistó como infante en el Ejército Real de la Derecha, mandado por el general carlista don Miguel Gómez Damas.  Ciento setenta y nueve años se cumplen el próximo 31 del presente mes de octubre de la entrada de tan carcunda general en la villa de Cáceres.  Cuando sintieron que los cristinos seguían tras sus huellas, pusieron pies en polvorosa, pero el conquense y otros cuantos, hartos de tantas caminatas, desertaron y se desperdigaron por la provincia cacereña.
    
Por avatares del destino, Juan Jiménez conoció a Juana García Hernández, con la que se casó y a la que dieron en llamar, en el pueblo, Ti Juana “La Galeana”.  Uno de sus hijos, José Jiménez García, matrimonió con su paisana Demetria Cáceres Sánchez y vino al mundo Hipólito Jiménez Cáceres, que hasta su muerte sería conocido como Ti Pólitu “Galeanu”.  Nació el mismo día (20 de diciembre de 1891) que María Skobtsova, mujer de la nobleza rusa, poetisa, revolucionaria y destacada figura de la resistencia contra los nazis.  Pero, paradójicamente, la rusa acabaría convirtiéndose en monja, pasando a la historia como “Madre María” y siendo canonizada por la Iglesia Ortodoxa Oriental.
    
Por lo que cuentan, Ti Pólitu se crecía como un pavo contando las hazañas de su abuelo Juan: “El mi agüelu s,alihtó con el general Gomi polque le soltaba la guita.  Me dicía que a loh de enfrenti, loh que defendían a la reina Isabel Segunda, loh llamaban `pesetéruh” polque leh daban de propina una peseta y un chúhcu de pan, peru él y loh súyuh, a loh que leh dicían `requetéh” y “carcúndiah”, s,habían alihtau pol séih reálih y pol apañal tó lo que podían cuandu entraban en loh puébluh que tomaban”.  Tenía muy claro Ti Pólitu “Galeanu” que su abuelo era al modo de un mercenario, que no se casaba con ninguno de los dos bandos.  Le traían al pairo el pleito dinástico entre el pretendiente Don Carlos (carlistas), que buscaban implantar el absolutismo monárquico, y los partidarios de la reina Isabel II, inclinados hacia el liberalismo constitucional.  “El mi agüelu Juan dicía que lo mehmu daba que daba lo mehmu, que Dióh loh criaba y élluh solu s,ajuntaban; a únuh loh apoyaban únuh cuántuh de paísih y a loh ótruh, ótruh cuántuh, y ési era el cantal:  loh d,arriba encendían la mecha, lo mehmu únuh que ótruh, y quien pagaba siempre lah maésah era el pueblu, cumu ha pasau en tóah lah guérrah”.
   
 Lolo Jiménez Pérez, hijo de Ti Pólitu y casado en el pueblo de Aceituna, me narró muchas andanzas y desandanzas de su padre un día de Santa Marina, fiesta principal de tal localidad y en la que nos pateamos por dos veces al menos todas las tascas con las que contaba la población.  Con frecuencia, al hablar de tirios y troyanos, de rojos y de azules, Lolo parecía remedar a su padre: “Dióh loh cría y élluh sóluh se ajuntan pa dalsi caraba únuh a loh ótruh”.  ¡Cuánta razón tenían padre e hijo!  He ahí, recientemente, a todos esos líderes de la derecha europea arropando a Mariano Rajoy en el congreso del PPE celebrado en Madrid.  ¡Ni escogidos!  Allí andaba José Manuel Durao Barroso, el que pasó de ser un aventajado discípulo de la Federación de Estudiantes Marxistas-Leninistas (sección del movimiento maoísta Reorganización del Partido del Proletariado, MRPP) a la derecha más neoliberal, llegando a presidir la Comisión Europea.  Él fue el que tuvo el deshonor de ser el anfitrión del “Trío de las Azores”, que encendió la mecha en Irak, y de aquellos sanguinolentos polvos vienen los trágicamente pegajosos lodos que anegan el Cercano Oriente.
    
No podía faltar el expresidente francés Nicolás Sarkozy, imputado el pasado año por corrupción activa, malversación de fondos públicos, tráfico de influencias y violación del secreto de instrucción.  A su vera, Jean Claude Juncker, que fuera primer ministro de Luxemburgo entre 1995 y 2013, cuando convirtió a este país en un paraíso fiscal, siendo acusado de escuchas ilegales y malversación de fondos.  Ello no ha impedido que hoy sea el presidente de la Comisión Europea.  Pero el Partido Popular Europeo no tiene vergüenza y como manifiesta el ingeniero de sistemas italo-francés Hervé Falciani, el que ha destapado la olla de las evasiones fiscales, “Juncker representa una ideología que no quiere que se controlen las finanzas opacas para asegurarse su supervivencia”. ¡¿Y cómo no?! También husmeaba por ese congreso el fantoche de Silvio Berlusconi, salpicado por docenas de escándalos, incluidos los de corrupción de menores.  El que fuera primer ministro de Italia es conocido por su defensa de la figura de Benito Mussolini, el fundador del Fascismo, y por largar por su deslenguada boca aquello de “un sondeo dice que el 33% de las jóvenes italianas sí se acostarían conmigo.  El resto de las chicas contesta: ¿Otra vez?”  Pululaba, igualmente, por aquellos hemiciclos Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, un xenófobo de tomo y lomo, partidario de la pena de muerte y con un discurso propio de la extrema derecha.  Este sujeto no ha tenido empacho alguno en afirmar que los refugiados musulmanes ponen en peligro la cristiandad europea.  Más o menos, como lo eructado por el cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares.

     Bien lo decía el nieto materno de Ti Carlos Cáceres Fuentes, oriundo de Guijo de Granadilla, y de Ti Antona Sánchez Gutiérrez.  Toda la derecha, tan bien criada en lujosas cunas y bendecida por ese dios que se encarga de juntarlos y al que le ofrecen hipócritas golpes de pecho, dando alientos a Rajoy y a sus huestes del Partido Popular.  No es extraño que nuestro barbado gallego, después de tomarse de un trago la pócima ofrecida por sus conmilitones, haya tenido una temerosa subida de autoestima, rayana en la fatuidad, y haya prometido a los españoles la creación de dos millones de puestos de trabajo si le votan a él el próximo 20 de diciembre.  ¡Cuánta promesa de politicastros que mienten más que valen y se codean con ladrones de guante blanco!  Los nuevos carcundas, que tanto aman a su patria, a su dios y a su rey, quieren seguir agarrando las riendas del poder, después de haber engordado a los suyos y dejarnos cuasi en piel y huesos al resto.  Pero que no canten victoria otros, que ya nos prometieron el oro y el moro, como ahora, y, cuando escalaron a lo alto de la pirámide, derechizaron el discurso, acataron sin rechistar el mandato de la Troika, las ínfulas imperialistas del Tío Sam y votaron a la par que el Partido Popular Europeo en el europarlamento.  Congeniaron tan bien como el PP y Ciudadanos en el Parlament de Catalunya.
   
 En vez de más democracia, más neoliberalismo.  Eso es lo que nos espera de votar a quienes nos recetaron, desde el espantajo de la Transición, medicinas caducadas.  Muchos somos los que queremos menos dioses, menos patrias y menos reyes y más libertad, más igualdad y más fraternidad.  Ya lo decía el inolvidable Nelson Mandela: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.  Ti Pólitu, el que heredó por mote el segundo apellido de su abuelo, se fue al “otru mundo”, que aún no sabemos dónde está, mismamente cuando también le doblaron las campanas al conocido actor y dramaturgo británico Miles Malleson.  Mediaba marzo de 1969.  Y se fue creyendo firmemente que, mientras no se “faratin” y se “farrunguin” esos arrejuntamientos de los poderosos, a los que su dios cría con especial esmero, los pobres del mundo no podrán respirar tranquilos.  En nuestras manos está el que se vuelvan las tornas.  Antes que en diciembre se congelen los menesterosos, que se arrizan de frío quienes les quitan las mantas.

lunes, 19 de octubre de 2015

La Pingolla, POBREZA - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 19 octubre 2015 (Digital Extremadura)

Vino tocado de la guerra, de aquella a la que fue forzado a ir por culpa de cuatro generales que se alzaron contra el legítimo Gobierno Republicano.  A pegar tiros contra los que tenían sus mismos ideales.  Regresó alicaído y demacrado, sangrándole el cuerpo y el alma.  Desgracias de la vida.  Las secuelas de aquella infame guerra se lo llevaron a la tumba un 26 de julio de 1941, con tan solo  27 años, a la par que cerraba también los ojos el célebre matemático francés Henri Léon Lebesgue.  Jamás pensó Rosa Iglesias Jiménez que iba a quedar viuda tan pronto, con dos niños de corta edad agarrados a sus sayas.  Pero el destino fue muy cruel con Gregorio Barroso Alfonso, su marido, que muy pronto fue a comer tierra al camposanto, convertido hoy en un espacio ajardinado, denominado el “Parqui vieju”.

     Rosa, a quien su madre, Ti María Jiménez Gutiérrez, la trajo al mundo un día de San Pamaquio y Santa Amaltrudis, en el bochornoso agosto de 1910, guardó eterno luto, no se volvió a casar y, con el tiempo, pasaría a ser conocida como Ti Rosa “La Morala”.  Le tocó criar a sus hijos en los llamados “Años del hambre”, con un país destruido, manchado de sangre a diario a causa de los cientos de fusilamientos y respirando un aire espeso y temeroso.  Su padre, Ti Francisco Iglesias Palomero, la amparó en lo que pudo.  Había que repartir la pobreza entre todos.  Se ganaba el pan bregando en todo lo que le salía al paso.  Su buena mano para aderezar los guisos la hizo imprescindible en la preparación de los banquetes de las bodas:  sopas de tomate y de huevo, callos y morcillas  de “quicu”, ensaladas varias y mucha carne de macho cabrío.  Se comía, en aquellos años, lo que daba la tierra, y las bodas eran un regocijo para el estómago en tiempos de auténtica hambruna.

     Ti Rosa “La Morala” heredó el apodo de su abuelo paterno, Ti Ángel Iglesias Morales, casado con Ti María Palomero Gómez.  Aquel abuelo era hospiciano (“pilongu” le decían en el lugar) y, como el apellido “Morales” no era del terreno, sus descendientes lo recibieron como sobrenombre.  “Me pusun “La Morala” pol el mi agüelu Ángil -me relataba”.  Siempre enlutada y con su voz resignada y quejumbrosa: “Tuvi que jadelmi venti cáchuh pa sacal a loh mih híjuh pa lantri.  Lo mehmu apañandu acetúnah que lavandu rópah, cavucheandu en loh güértuh que dandu güéltah en la trilla…, peru lo que a mí me guhtaba era andal de guisandera, alreol de loh puchéruh”.

     Hablé más de una vez con Ti Rosa, que me contó muchas cosas de los años de Maricastaña.  Siempre hacía hincapié en que había pasado muchas necesidades, pero que había ayudado a otros más pobres que ella, sobre todo a aquellos mendicantes que se arrimaban a los fogones cuando olían alguna boda.  “Había, antóncih, múchuh próbih pidiórih que vinían pidiendo pol Dióh.  Yo cogía y, a ehcondíah, cuandu andaba de guisandera en lah bóah, leh daba algúnuh cuhcúrruh de pan y algúnah tajáh.  ¡Probecítuh, si no tenían andi caelsi muértuh!”  Cierto día me refirió que, en una boda, la pilló el padrino dándole un trozo de asaduras de una cabra a unos indigentes.  Aquel avaro, que se había hecho rico de mala manera, le arrebató aquellos despojos a los menesterosos y se los refregó por la cara a Rosa Iglesias, echándola de la cocina.  “Eran tiémpuh mu dehgraciáuh, y aquel hombri, qu,era cumu un puñu y que no comía pol no cagal, me rehtregó el cachu colgajeru pol toa la cara.  ¡Y tó pol habel socorríu a únuh próbih muértuh de jambri!  Si ya lo dici el refrán: el c,ha síu selvilleta y se güelvi mantel, líbrenoh Dióh de él”.

     La pobreza flagelaba las tierras de España como consecuencia de los desastres de la guerra.  Sin embargo, hace ya lunas que no truenen los cañones por esta piel de toro y hemos vuelto a sentir el trote del caballo negro del Apocalipsis.  La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión (EAPN-ES) acaba de afirmar que uno de cada tres españoles es pobre o corre el peligro de serlo; es decir, que unos 13, 6 millones de personas, en este país, se encuentran o están en riesgo de pobreza o exclusión social.  Ahora mismo, según la citada Red Europea, 3,2 millones de ciudadanos españoles están bajo el umbral de la pobreza severa. Los datos cantan por sí solos: el 20% de aquellos que tienen mayores ingresos acaparan rentas siete veces mayores que el 20% que arrastra mayor pobreza.  El 10% de los más ricos amontona una renta que equivale a la totalidad de lo que posee la mitad de la población. Por estas tierras nuestras, donde tanto abundan los cochinos y las bellotas cuyos amos son una minoría comparada con el resto de la población, Cáceres es la cuarta capital de provincia donde la pobreza hace más estragos.  La tasa se establece en un 31%, aproximándose a las 30.000 personas.

     Carlos Susias, presidente de EAPN-ES, lo ha dicho muy alto y muy clarito: “La pobreza no es un castigo divino, sino consecuencia de las políticas de los gobiernos”.  ¿Y quién gobierna en España?  Muy osado es hablar de “gobernar”; mejor es hablar de “mandar”, cuyo término encaja mejor cuando se rigen los destinos de la nación a base de decretos-leyes y de intereses partidistas, dañando seriamente los cimientos de la democracia.  En España manda un gobierno que, a pesar de los chuzos que están cayendo, tiene la desvergüenza de subirse su sueldo cuatro veces por encima de las pensiones.  Un gobierno sostenido por un partido que acaba de sacar a la calle el bochornoso vídeo “De la crisis a la recuperación”, donde las huestes de la derecha son las protagonistas a la hora de sacar de la UVI, sana y salva, a España, encarnada por una guapa moza que lleva el rostro pintarrajeado con los colores de la bandera monárquica y rojigualda.  Toda una afrenta para esos pobres de los que hablamos más arriba.  Pobres que posiblemente, en una sustanciosa parte, seguirán metiendo el voto de la gaviota en las urnas el próximo 20 de diciembre.  Ahí están nuestros primos hermanos los portugueses, cuyas clases bajas apenas sobreviven con 500 euros, teniendo que pagar (por poner un ejemplo) 30 euros cada vez que van a urgencias hospitalarias.  Les han estado dando bien dado y, encima, vuelven a votar mayoritariamente a los mismos: a la coalición de derechas “Portugal al Frente”.  El masoquismo no tiene arreglo.

     Ti Rosa “La Morala”, la que fuera nieta materna de Ti Vicente Jiménez Marcos y de Ti Fidela Gutiérrez Domínguez, pasó necesidades mil en los horribles años de la dictadura del General Franco, sobre todo en aquella oscura y cenagosa década del 40.  Ahora, cuando manda la derecha que, en cierto modo, es heredera por legitimidad de origen de un ministro y otros capitostes franquistas y donde se cobija la mayor parte de la extrema derecha franco-falangista, muchos descendientes de Ti Rosa y de otros muchos miles de miles de su generación vuelven a pasarlas canutas para poder sacar adelante una familia.  Esa es la realidad, por mucho que quiera maquillarla la amiga Soraya, hija del que fuera general franquista José Antonio Sáenz de Santamaría Tinturé, uno de los máximos responsables de la persecución y represión sin cuartel al maquis o guerrilla antifranquista.  Soraya, vicepresidenta del Gobierno del PP, echó balones fuera en el plató del programa televisivo “El Hormiguero”, marcándose unos bailes a ritmo de Bruno Mars.  Lamentablemente, los dirigentes del PP extremeño no pueden mover el esqueleto al compás de la guitarra y la voz de Robe Iniesta, cabeza visible de “Extremoduro” y al que el expresidente pepero del “Gobex” (¡vaya cursilada!), José Antonio Monago Terraza, le impuso el presente año la Medalla de Extremadura.  Ahora, Robe Iniesta anda mendigando los 90.000 euros que le prometieron Monago y los suyos porque apareciera en uno de sus discos el logotipo “Extremely Good”.  Promesa que ha sido agua en una cesta.  Robe pico en el anzuelo y le cae más que bien, por dejarse llevar por la vanidad de los laureles y el brillo del poderoso caballero.

     Siendo la festividad de San Fidencio y San Euquerio, una hemorragia cerebral apuntilló a Ti Rosa Iglesias Jiménez.  Fue en el mes de los difuntos y ya peinaba 85 largos estíos.  Si ella viviera todavía, seguro que, con su voz cansada y afligida, nos diría: “Cudiau, híjuh, con ésah que bailan pa jadel el ehcaparati y con ésuh que se dehpechugan y se quitan las corbátah na,más que pa aparental lo que no son; a ésuh no leh echéis el votu, que ya sabéih la medecina que se gahtan”.  Ojalá la oyeran más de dos pobres.  Nosotros la oímos más de dos veces.  Ahora solo nos quedar cruzar los dedos para que la sombra de Portugal no sea demasiado alargada.

Sémuh asina´- Félix Barroso Gutiérrez 19/10/2015 (Periódico Extremadura)

Tatquello de sémuh asina ya lo inmortalizó Luis Chamizo Trigueros en su Miajón de los Castúos . Pero dejemos atrás a aquel poeta que tan estrechamente colaboró con los espadones alzados en julio de 1936 (su recompensa tuvo) y remontémonos a tiempos más recientes, cuando algunos no habíamos visto la luz y otros ya eran zagalones. Moría la década del cuarenta del pasado siglo. La dictadura del general Franco estaba en su sazón. Cuatro chavales se entretenían en arrojar piedras a una laguna situada en el ejido comunal. Esperaban a que las culebras de agua asomaran la cabeza. Sin que ellos se percataran, a sus espaldas, un maestro de instrucción primaria, forastero, merodeaba por aquellos andurriales.

Uno de los zagales, alzando la voz, le espetó a otro: "No jundéih brúhcuh tan grándih ni loh jundéih de robrazu; cogi una piedra alapaína y jundéala de sansabanilla, veráh cúmu l,afilóchah la chinóhtra a la ciguta". El maestro, escuchando aquella jerga, se acercó y, dirigiéndose al muchacho, le riñó, malhumorado: "¿Por qué hablas en lengua de perro moro?" El chavea, con voz tímida y respetuosa, le contestó: "Nusótruh no sémuh pérruh ni móruh; eh que sémuh asina". El maestro, soliviantado, le arreó un bofetón. Al día siguiente, mandó copiar doscientas veces a los muchachuelos de la laguna algo así como: "Siempre hablaré correctamente en castellano". Tal y como me lo contaron, os lo cuento. Los testigos están vivos. Eran los tiempos en que España era Una (si hubiera habido otra, muchos se habrían marchado a ella); Grande (en ella cabían los españoles, los burros y los gorrinos) y Libre (se podía hablar de fútbol y de toros).

Años más tarde, cuando un servidor andaba liado con tareas pedagógicas en la comarca de Las Hurdes, en plena democracia, por aquello de andar inmerso en la organización de las fiestas de San Blas, redacté el programa de festejos en el dialecto que se habla en la zona, fruto de las influencias astur-leonesas de la Repoblación medieval con el sustrato indígena. Al poco, sobre los carteles pegados acá y acullá unas manos anónimas escribieron "Hurdano serás tú". Manos con toda seguridad acomplejadas, negativistas y que renegaban de su identidad y sus raíces.

En la escuela nos zurraban "por no saber hablar". Nos tildaban de "baturros" y otras lindezas por el estilo. No entendíamos por qué hacían mofa de nuestro habla dialectal cuando nuestros padres y abuelos guardaban como oro en paño las obras completas de Gabriel y Galán, muchos de cuyos poemas estaban escritos en tal dialecto. Y, desgraciadamente, la avasalladora sombra castellano-parlante continúa siendo alargada. Nos llenan de rótulos nuestras rutas turísticas, nuestras dehesas, nuestras calles, ríos y gargantas, y nos los garabatean, con alambicada cursilería, en un castellano que chirría por los goznes de su rica y arcaica toponimia.

"Sémuh asina" y orgullosos debemos estar de nuestras patrias infantiles. Para que nuestra lengua, la de carne sin hueso, no se convierta en una renegada y se vuelva melindrosa, andamos batallando muchos. Ahí tenemos a nuestro buen camarada Ismael Carmona García, alma máter del "Organo de Seguimiento i Coordinación del Estremeñu i la su Coltura", con columna semanal en este periódico, luchando a brazo partido por desfacer entuertos. La Administración regional debería mojarse y meter en el currículo escolar la asignatura Las hablas extremeñas . Es lo suyo, porque "sémuh asina".

lunes, 14 de julio de 2014

TORMENTAS

El término “negro”, tratándose de fenómenos naturales que pueden generar grandes catástrofes, siempre fue tabú, antiguamente, por estas latitudes. Por ello, cuando el cielo se volvía carbón, nadie se atrevía a hablar de negrura, sino de grande o tremenda oscuridad. Y aquella vez las tinieblas, cargadas de rayos y relámpagos, vinieron del meridión. “¡Dios te libre de las tormentas de Mirabel!”, decían por la comarca. Referían las bocas desdentadas de antaño que tan terribles tronadas se fraguaban en el castillo de Mirabel y, luego, emprendían el camino hacia las sierras rayanas con las tierras castellanas. En línea recta, el lugar distaba treinta y cinco largos kilómetros de aquella villa que entregó Carlos I a don Fadrique de Zúñiga y Sotomayor.

No había por aquel pago de “Los Jornales” otra caseta que la de Leandro Miguel Jiménez, nombrado por los vecinos como Ti Aleandro “Carreta”, el que había nacido el mismo día, mes y año que el agente del Tesoro Estadounidense Eliot Ness, de cuya vida se hizo leyenda, al ser considerado como un personaje intrépido e incorruptible que acabó con las correrías del famoso gánster Al Capone. Viendo el cielo tan horriblemente feo, corrieron a refugiarse en la caseta una gavilla de campesinos que andaban por aquellos predios. La tormenta estalló estrepitosamente. –“Paecía quel cielu se jundía y se ajuntaba con la tierra -me narraba Ti Leandro-; yo nunca vi cosa igual. Cayó una chíhpa sobri un robli c,había a pócuh métruh de la caseta y lo jidu ehtíllah, y una de lah ehtíllah entró cumu una flecha pol la puerta de la caseta y le dio en un hombru a Ti Milianu Barrosu, el de Ti Narcisa, que antóncih tenía en loh brázuh a unu de loh suh híjuh, qu,era chiquininu”. Leandro Miguel, el hijo de Ti Vicente Miguel Caletrío y de Ti Brígida Jiménez Jiménez, me relató, completamente convencido, que la caseta se libró de la exhalación porque él tenía dispuesta una “piedra de rayo” debajo de las tejas, que fue la que desvió la centella.

De siempre fueron propicias las tormentas en las primaveras y veranos. El pasado mayo, en plena yema vernal, se desató iracunda tormenta sobre las urnas y los dos partidos mayoritarios de esta España machadiana se dejaron más de cinco millones de votos en la gatera. Es muy lógico, porque ya apenas si hay conjuradores que sepan zarandear las campanas y mandar a hacer puñetas los malditos turbiones. Se ha olvidado, también, el responso a Santa Bárbara, la que espanta las tempestades, y nadie coloca ya, para los mismos fines, esas pulidas hachas prehistóricas que llaman “piedras de rayo” en los tejados de los habitáculos agropastoriles, ni conforman cruces de torvisco (“toña” le dicen por el territorio de Las Hurdes), ni colocan tijeras en cruz clavadas en el interior de las puertas.

Decía el humorista austriaco Dirk Stermann que Mahatma Gandhi se equivocó al afirmar aquello de “cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”. Según Stermann, tenía que haber dicho “los pajarracos” y no “los pajaritos”. Porque a los pies de los caballos están, según opiniones vertidas periódicamente por el pueblo, todos esos supuestos pajarracos que han enlodado sus nidos con corruptelas que, en muchas ocasiones, han degenerado en flagrantes corrupciones. Esas aves, que nadie diría que son de buen agüero, se esconden de las atormentadas miradas de la ciudadanía y, como no tienen elementos para conjurarlas, les persiguen hasta el catre. Ahora, temblándoles las piernas al observar que, dentro de 10 meses, les volverán a pedir cuentas y que el viejo refrán refiere que “mayo tormentoso con frecuencia es luctuoso”, intentan ponerles tirantes a sus calzones, ya que los cinturones no les sirven. Y, así, el señor Mariano Rajoy Brey nos saca de la chistera lo de reducir aforamientos, cuando él y los suyos han engordado por la vía rápida, en estos últimos tiempos, tales privilegios, pasándose infinidad de pueblos en relación con los países del entorno. Parece ser que solo Dinamarca nos acompaña, en Europa, en lo tocante a blindar exmandatarios. Nadie más, sean monárquicos o republicanos. Por ello no es de extrañar que el exrey de Bélgica, Alberto II, tenga que afrontar ante un tribunal ordinario una demanda de paternidad. O que Nicolás Sarkozy, expresidente de la República Francesa, haya sido arrestado e imputado por posible corrupción y tráfico de influencias.

Otro antiguo adagio asevera que “tormentas de mayo: más seguro en casa que en el prado”. Pero para arañar votos hay que abandonar los televisores de plasma y salir a la pradera, por donde deambula el pueblo indignado. Viendo que no las tienen todas consigo, también se han sacado de la manga el darle unos interesados retoques al sistema electoral, buscando que las borrascas de mayo faciliten el gobierno del candidato más votado. Todo un golpe antidemocrático. Ha echado cuentas la derecha y no le salen, porque si los resultados de las europeas se trasladan a la próxima primavera, los populares solo obtendrían mayoría absoluta en dos capitales: Ceuta y Melilla. La debacle sería espantosa. Con su mayoría absolutísima y a base de decretazos, aunque se queden más solos que la una, son capaces de hacerle la peineta a la Democracia y aprobar tales medidas.

Mientras, los candidatos del PSOE a ocupar la Secretaría General de su partido rezan fervorosamente y repiten sin parar: “del agua mansa me libre Dios, que de las tormentas de mayo me basto yo”. Y es que, aunque lo disimulen con enternecedoras miradas, esconden por detrás cuchillos cachicuernos que les dieron sus correspondientes mesnadas. Solo a José Antonio Pérez Tapias le enaltece una límpida trayectoria socialista: posicionamiento claro contra la OTAN (1986), a favor de los sindicatos en la huelga general del 14-D (1988), contra la reforma del artículo 135 de la Constitución que nos entregaba en manos de los mercados y el neoliberalismo y defensa nítida de la celebración de un referéndum entre Monarquía y República. Pero no cuenta con la bendición de los capitostes de la socialdemocracia y sus rosados (de rojos, ¡nanay de la China!) barones.

Mayo está a la vuelta de la esquina y muchos habrán de pasar bajo las horcas caudinas. Hasta nuestro campechano Monago, temiendo el vendaval del venidero mayo, anda encendiéndole una vela a San Lázaro, de la que aseguran que aleja el temporal. Y si se tercia -¿por qué no?-, otra al diablo. Ya ha declarado que a él no le importaría pactar con la gente de “Podemos”. El caso es hacer negocio electoral, sin mirar que el gato sea azul o rojo (lo de blanco o negro se lo dejamos a Felipe González, que tiene la patente). Por lo que respecta a IU en nuestra tierra de fornidos alcornoques, ya puede limpiar bien el jaral, apartándose de las malas compañías y, fumigados los personalismos y las siglas, escuchar con atención esa corneta que llama a converger, tarea encomendada a su carismático camarada Alberto Garzón. Tal vez, los regionalistas del PREX, a los que se les supone cierta sensibilidad escorada hacia la izquierda, también deberían oír el tararí de esa corneta, si es que no quieren desaparecer bajo las no lejanas turbulencias del mes de las flores, cuando es posible que se quiebre el vuelo de las gaviotas y se agosten las rosas antes de tiempo.

Con Ti Leandro “Carreta”, que residió en el “Barrio de la Encina”, cuyas casas bajaban desde el alto de “La Cuesta” a beber en el arroyo “Pizarroso” y donde también vivían mis abuelos maternos, hablé muchas veces. Mi paisano, nieto paterno de Ti Manuel Miguel y de Ti Cristina Caletrío (por el costado materno lo era de Ti Rafael Jiménez Sánchez y de Francisca Jiménez), que dejó de contarlas el día de San Cirión de 1984, me decía: “Pal agua atroná, mejol eh ná, que nunca jué güena el agua agolpá”.