lunes, 19 de octubre de 2015

La Pingolla, POBREZA - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 19 octubre 2015 (Digital Extremadura)

Vino tocado de la guerra, de aquella a la que fue forzado a ir por culpa de cuatro generales que se alzaron contra el legítimo Gobierno Republicano.  A pegar tiros contra los que tenían sus mismos ideales.  Regresó alicaído y demacrado, sangrándole el cuerpo y el alma.  Desgracias de la vida.  Las secuelas de aquella infame guerra se lo llevaron a la tumba un 26 de julio de 1941, con tan solo  27 años, a la par que cerraba también los ojos el célebre matemático francés Henri Léon Lebesgue.  Jamás pensó Rosa Iglesias Jiménez que iba a quedar viuda tan pronto, con dos niños de corta edad agarrados a sus sayas.  Pero el destino fue muy cruel con Gregorio Barroso Alfonso, su marido, que muy pronto fue a comer tierra al camposanto, convertido hoy en un espacio ajardinado, denominado el “Parqui vieju”.

     Rosa, a quien su madre, Ti María Jiménez Gutiérrez, la trajo al mundo un día de San Pamaquio y Santa Amaltrudis, en el bochornoso agosto de 1910, guardó eterno luto, no se volvió a casar y, con el tiempo, pasaría a ser conocida como Ti Rosa “La Morala”.  Le tocó criar a sus hijos en los llamados “Años del hambre”, con un país destruido, manchado de sangre a diario a causa de los cientos de fusilamientos y respirando un aire espeso y temeroso.  Su padre, Ti Francisco Iglesias Palomero, la amparó en lo que pudo.  Había que repartir la pobreza entre todos.  Se ganaba el pan bregando en todo lo que le salía al paso.  Su buena mano para aderezar los guisos la hizo imprescindible en la preparación de los banquetes de las bodas:  sopas de tomate y de huevo, callos y morcillas  de “quicu”, ensaladas varias y mucha carne de macho cabrío.  Se comía, en aquellos años, lo que daba la tierra, y las bodas eran un regocijo para el estómago en tiempos de auténtica hambruna.

     Ti Rosa “La Morala” heredó el apodo de su abuelo paterno, Ti Ángel Iglesias Morales, casado con Ti María Palomero Gómez.  Aquel abuelo era hospiciano (“pilongu” le decían en el lugar) y, como el apellido “Morales” no era del terreno, sus descendientes lo recibieron como sobrenombre.  “Me pusun “La Morala” pol el mi agüelu Ángil -me relataba”.  Siempre enlutada y con su voz resignada y quejumbrosa: “Tuvi que jadelmi venti cáchuh pa sacal a loh mih híjuh pa lantri.  Lo mehmu apañandu acetúnah que lavandu rópah, cavucheandu en loh güértuh que dandu güéltah en la trilla…, peru lo que a mí me guhtaba era andal de guisandera, alreol de loh puchéruh”.

     Hablé más de una vez con Ti Rosa, que me contó muchas cosas de los años de Maricastaña.  Siempre hacía hincapié en que había pasado muchas necesidades, pero que había ayudado a otros más pobres que ella, sobre todo a aquellos mendicantes que se arrimaban a los fogones cuando olían alguna boda.  “Había, antóncih, múchuh próbih pidiórih que vinían pidiendo pol Dióh.  Yo cogía y, a ehcondíah, cuandu andaba de guisandera en lah bóah, leh daba algúnuh cuhcúrruh de pan y algúnah tajáh.  ¡Probecítuh, si no tenían andi caelsi muértuh!”  Cierto día me refirió que, en una boda, la pilló el padrino dándole un trozo de asaduras de una cabra a unos indigentes.  Aquel avaro, que se había hecho rico de mala manera, le arrebató aquellos despojos a los menesterosos y se los refregó por la cara a Rosa Iglesias, echándola de la cocina.  “Eran tiémpuh mu dehgraciáuh, y aquel hombri, qu,era cumu un puñu y que no comía pol no cagal, me rehtregó el cachu colgajeru pol toa la cara.  ¡Y tó pol habel socorríu a únuh próbih muértuh de jambri!  Si ya lo dici el refrán: el c,ha síu selvilleta y se güelvi mantel, líbrenoh Dióh de él”.

     La pobreza flagelaba las tierras de España como consecuencia de los desastres de la guerra.  Sin embargo, hace ya lunas que no truenen los cañones por esta piel de toro y hemos vuelto a sentir el trote del caballo negro del Apocalipsis.  La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión (EAPN-ES) acaba de afirmar que uno de cada tres españoles es pobre o corre el peligro de serlo; es decir, que unos 13, 6 millones de personas, en este país, se encuentran o están en riesgo de pobreza o exclusión social.  Ahora mismo, según la citada Red Europea, 3,2 millones de ciudadanos españoles están bajo el umbral de la pobreza severa. Los datos cantan por sí solos: el 20% de aquellos que tienen mayores ingresos acaparan rentas siete veces mayores que el 20% que arrastra mayor pobreza.  El 10% de los más ricos amontona una renta que equivale a la totalidad de lo que posee la mitad de la población. Por estas tierras nuestras, donde tanto abundan los cochinos y las bellotas cuyos amos son una minoría comparada con el resto de la población, Cáceres es la cuarta capital de provincia donde la pobreza hace más estragos.  La tasa se establece en un 31%, aproximándose a las 30.000 personas.

     Carlos Susias, presidente de EAPN-ES, lo ha dicho muy alto y muy clarito: “La pobreza no es un castigo divino, sino consecuencia de las políticas de los gobiernos”.  ¿Y quién gobierna en España?  Muy osado es hablar de “gobernar”; mejor es hablar de “mandar”, cuyo término encaja mejor cuando se rigen los destinos de la nación a base de decretos-leyes y de intereses partidistas, dañando seriamente los cimientos de la democracia.  En España manda un gobierno que, a pesar de los chuzos que están cayendo, tiene la desvergüenza de subirse su sueldo cuatro veces por encima de las pensiones.  Un gobierno sostenido por un partido que acaba de sacar a la calle el bochornoso vídeo “De la crisis a la recuperación”, donde las huestes de la derecha son las protagonistas a la hora de sacar de la UVI, sana y salva, a España, encarnada por una guapa moza que lleva el rostro pintarrajeado con los colores de la bandera monárquica y rojigualda.  Toda una afrenta para esos pobres de los que hablamos más arriba.  Pobres que posiblemente, en una sustanciosa parte, seguirán metiendo el voto de la gaviota en las urnas el próximo 20 de diciembre.  Ahí están nuestros primos hermanos los portugueses, cuyas clases bajas apenas sobreviven con 500 euros, teniendo que pagar (por poner un ejemplo) 30 euros cada vez que van a urgencias hospitalarias.  Les han estado dando bien dado y, encima, vuelven a votar mayoritariamente a los mismos: a la coalición de derechas “Portugal al Frente”.  El masoquismo no tiene arreglo.

     Ti Rosa “La Morala”, la que fuera nieta materna de Ti Vicente Jiménez Marcos y de Ti Fidela Gutiérrez Domínguez, pasó necesidades mil en los horribles años de la dictadura del General Franco, sobre todo en aquella oscura y cenagosa década del 40.  Ahora, cuando manda la derecha que, en cierto modo, es heredera por legitimidad de origen de un ministro y otros capitostes franquistas y donde se cobija la mayor parte de la extrema derecha franco-falangista, muchos descendientes de Ti Rosa y de otros muchos miles de miles de su generación vuelven a pasarlas canutas para poder sacar adelante una familia.  Esa es la realidad, por mucho que quiera maquillarla la amiga Soraya, hija del que fuera general franquista José Antonio Sáenz de Santamaría Tinturé, uno de los máximos responsables de la persecución y represión sin cuartel al maquis o guerrilla antifranquista.  Soraya, vicepresidenta del Gobierno del PP, echó balones fuera en el plató del programa televisivo “El Hormiguero”, marcándose unos bailes a ritmo de Bruno Mars.  Lamentablemente, los dirigentes del PP extremeño no pueden mover el esqueleto al compás de la guitarra y la voz de Robe Iniesta, cabeza visible de “Extremoduro” y al que el expresidente pepero del “Gobex” (¡vaya cursilada!), José Antonio Monago Terraza, le impuso el presente año la Medalla de Extremadura.  Ahora, Robe Iniesta anda mendigando los 90.000 euros que le prometieron Monago y los suyos porque apareciera en uno de sus discos el logotipo “Extremely Good”.  Promesa que ha sido agua en una cesta.  Robe pico en el anzuelo y le cae más que bien, por dejarse llevar por la vanidad de los laureles y el brillo del poderoso caballero.

     Siendo la festividad de San Fidencio y San Euquerio, una hemorragia cerebral apuntilló a Ti Rosa Iglesias Jiménez.  Fue en el mes de los difuntos y ya peinaba 85 largos estíos.  Si ella viviera todavía, seguro que, con su voz cansada y afligida, nos diría: “Cudiau, híjuh, con ésah que bailan pa jadel el ehcaparati y con ésuh que se dehpechugan y se quitan las corbátah na,más que pa aparental lo que no son; a ésuh no leh echéis el votu, que ya sabéih la medecina que se gahtan”.  Ojalá la oyeran más de dos pobres.  Nosotros la oímos más de dos veces.  Ahora solo nos quedar cruzar los dedos para que la sombra de Portugal no sea demasiado alargada.

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