lunes, 14 de julio de 2014

TORMENTAS

El término “negro”, tratándose de fenómenos naturales que pueden generar grandes catástrofes, siempre fue tabú, antiguamente, por estas latitudes. Por ello, cuando el cielo se volvía carbón, nadie se atrevía a hablar de negrura, sino de grande o tremenda oscuridad. Y aquella vez las tinieblas, cargadas de rayos y relámpagos, vinieron del meridión. “¡Dios te libre de las tormentas de Mirabel!”, decían por la comarca. Referían las bocas desdentadas de antaño que tan terribles tronadas se fraguaban en el castillo de Mirabel y, luego, emprendían el camino hacia las sierras rayanas con las tierras castellanas. En línea recta, el lugar distaba treinta y cinco largos kilómetros de aquella villa que entregó Carlos I a don Fadrique de Zúñiga y Sotomayor.

No había por aquel pago de “Los Jornales” otra caseta que la de Leandro Miguel Jiménez, nombrado por los vecinos como Ti Aleandro “Carreta”, el que había nacido el mismo día, mes y año que el agente del Tesoro Estadounidense Eliot Ness, de cuya vida se hizo leyenda, al ser considerado como un personaje intrépido e incorruptible que acabó con las correrías del famoso gánster Al Capone. Viendo el cielo tan horriblemente feo, corrieron a refugiarse en la caseta una gavilla de campesinos que andaban por aquellos predios. La tormenta estalló estrepitosamente. –“Paecía quel cielu se jundía y se ajuntaba con la tierra -me narraba Ti Leandro-; yo nunca vi cosa igual. Cayó una chíhpa sobri un robli c,había a pócuh métruh de la caseta y lo jidu ehtíllah, y una de lah ehtíllah entró cumu una flecha pol la puerta de la caseta y le dio en un hombru a Ti Milianu Barrosu, el de Ti Narcisa, que antóncih tenía en loh brázuh a unu de loh suh híjuh, qu,era chiquininu”. Leandro Miguel, el hijo de Ti Vicente Miguel Caletrío y de Ti Brígida Jiménez Jiménez, me relató, completamente convencido, que la caseta se libró de la exhalación porque él tenía dispuesta una “piedra de rayo” debajo de las tejas, que fue la que desvió la centella.

De siempre fueron propicias las tormentas en las primaveras y veranos. El pasado mayo, en plena yema vernal, se desató iracunda tormenta sobre las urnas y los dos partidos mayoritarios de esta España machadiana se dejaron más de cinco millones de votos en la gatera. Es muy lógico, porque ya apenas si hay conjuradores que sepan zarandear las campanas y mandar a hacer puñetas los malditos turbiones. Se ha olvidado, también, el responso a Santa Bárbara, la que espanta las tempestades, y nadie coloca ya, para los mismos fines, esas pulidas hachas prehistóricas que llaman “piedras de rayo” en los tejados de los habitáculos agropastoriles, ni conforman cruces de torvisco (“toña” le dicen por el territorio de Las Hurdes), ni colocan tijeras en cruz clavadas en el interior de las puertas.

Decía el humorista austriaco Dirk Stermann que Mahatma Gandhi se equivocó al afirmar aquello de “cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”. Según Stermann, tenía que haber dicho “los pajarracos” y no “los pajaritos”. Porque a los pies de los caballos están, según opiniones vertidas periódicamente por el pueblo, todos esos supuestos pajarracos que han enlodado sus nidos con corruptelas que, en muchas ocasiones, han degenerado en flagrantes corrupciones. Esas aves, que nadie diría que son de buen agüero, se esconden de las atormentadas miradas de la ciudadanía y, como no tienen elementos para conjurarlas, les persiguen hasta el catre. Ahora, temblándoles las piernas al observar que, dentro de 10 meses, les volverán a pedir cuentas y que el viejo refrán refiere que “mayo tormentoso con frecuencia es luctuoso”, intentan ponerles tirantes a sus calzones, ya que los cinturones no les sirven. Y, así, el señor Mariano Rajoy Brey nos saca de la chistera lo de reducir aforamientos, cuando él y los suyos han engordado por la vía rápida, en estos últimos tiempos, tales privilegios, pasándose infinidad de pueblos en relación con los países del entorno. Parece ser que solo Dinamarca nos acompaña, en Europa, en lo tocante a blindar exmandatarios. Nadie más, sean monárquicos o republicanos. Por ello no es de extrañar que el exrey de Bélgica, Alberto II, tenga que afrontar ante un tribunal ordinario una demanda de paternidad. O que Nicolás Sarkozy, expresidente de la República Francesa, haya sido arrestado e imputado por posible corrupción y tráfico de influencias.

Otro antiguo adagio asevera que “tormentas de mayo: más seguro en casa que en el prado”. Pero para arañar votos hay que abandonar los televisores de plasma y salir a la pradera, por donde deambula el pueblo indignado. Viendo que no las tienen todas consigo, también se han sacado de la manga el darle unos interesados retoques al sistema electoral, buscando que las borrascas de mayo faciliten el gobierno del candidato más votado. Todo un golpe antidemocrático. Ha echado cuentas la derecha y no le salen, porque si los resultados de las europeas se trasladan a la próxima primavera, los populares solo obtendrían mayoría absoluta en dos capitales: Ceuta y Melilla. La debacle sería espantosa. Con su mayoría absolutísima y a base de decretazos, aunque se queden más solos que la una, son capaces de hacerle la peineta a la Democracia y aprobar tales medidas.

Mientras, los candidatos del PSOE a ocupar la Secretaría General de su partido rezan fervorosamente y repiten sin parar: “del agua mansa me libre Dios, que de las tormentas de mayo me basto yo”. Y es que, aunque lo disimulen con enternecedoras miradas, esconden por detrás cuchillos cachicuernos que les dieron sus correspondientes mesnadas. Solo a José Antonio Pérez Tapias le enaltece una límpida trayectoria socialista: posicionamiento claro contra la OTAN (1986), a favor de los sindicatos en la huelga general del 14-D (1988), contra la reforma del artículo 135 de la Constitución que nos entregaba en manos de los mercados y el neoliberalismo y defensa nítida de la celebración de un referéndum entre Monarquía y República. Pero no cuenta con la bendición de los capitostes de la socialdemocracia y sus rosados (de rojos, ¡nanay de la China!) barones.

Mayo está a la vuelta de la esquina y muchos habrán de pasar bajo las horcas caudinas. Hasta nuestro campechano Monago, temiendo el vendaval del venidero mayo, anda encendiéndole una vela a San Lázaro, de la que aseguran que aleja el temporal. Y si se tercia -¿por qué no?-, otra al diablo. Ya ha declarado que a él no le importaría pactar con la gente de “Podemos”. El caso es hacer negocio electoral, sin mirar que el gato sea azul o rojo (lo de blanco o negro se lo dejamos a Felipe González, que tiene la patente). Por lo que respecta a IU en nuestra tierra de fornidos alcornoques, ya puede limpiar bien el jaral, apartándose de las malas compañías y, fumigados los personalismos y las siglas, escuchar con atención esa corneta que llama a converger, tarea encomendada a su carismático camarada Alberto Garzón. Tal vez, los regionalistas del PREX, a los que se les supone cierta sensibilidad escorada hacia la izquierda, también deberían oír el tararí de esa corneta, si es que no quieren desaparecer bajo las no lejanas turbulencias del mes de las flores, cuando es posible que se quiebre el vuelo de las gaviotas y se agosten las rosas antes de tiempo.

Con Ti Leandro “Carreta”, que residió en el “Barrio de la Encina”, cuyas casas bajaban desde el alto de “La Cuesta” a beber en el arroyo “Pizarroso” y donde también vivían mis abuelos maternos, hablé muchas veces. Mi paisano, nieto paterno de Ti Manuel Miguel y de Ti Cristina Caletrío (por el costado materno lo era de Ti Rafael Jiménez Sánchez y de Francisca Jiménez), que dejó de contarlas el día de San Cirión de 1984, me decía: “Pal agua atroná, mejol eh ná, que nunca jué güena el agua agolpá”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada