martes, 3 de junio de 2014

¡¡QUÉ VIENEN LOS ROJOS!!

Áreas hay todavía por los septentriones y ponientes extremeños donde, al igual que en Galicia (aquí, “roxo”), el término “rojo” o “roju” viene a significar “rubio”.  Por ello, a Damián Calle Jiménez le decían Ti Damián “El Rojo”, el que viera la luz un día de San Euprepio de 1884 y que traía sangre del pueblo de Ahigal por parte de su abuelo paterno, Manuel Calle Ruano, casado con María Paniagua Montero, nacida y criada en el lugar.  En la misma pila bautismal que María, también derramaron agua sobre las cotorinas de Félix Jiménez García  y de Isabel Sánchez Jiménez, abuelos suyos muy queridos y maternos.

    Pasaron los años y, llegados que fueron tiempos de acarreos con bueyes que puede que rojos también fueran, surgió un altercado por un quítame allá esas pajas entre Ti Damián “El Rojo” y otro vecino al que le decían Ti Máximo “El Sofi”, que alternaba sus trabajos como taxista con los de pequeño agricultor y ganadero.  Coincidí uno noche de las fiestas del Cristo con  Máximo “El Rojo”, hijo de Ti Damián, y éste me narró el episodio.  Fue en el bar de su sobrina Luisa Calle Jiménez donde me lo contó.  Se armó el altercado a causa de unos supuestos daños ocasionados por unos burros de Ti Damián en unas hacinas de Ti Máximo “El Sofi” (voz ésta que viene a equivaler a chófer, pues Ti Máximo era uno de los escasísimos vecinos que, en aquella época, conducían un vehículo).  Se avinagró la discusión y Ti Damián, dirigiéndose al taxista, comenzó a despotricar: “¡Roju, que érih un roju, que fuíhti de loh máh peórih que máluh, roju, roju y roju!”  Ti Máximo, que era oriundo de la villa de El Casar de Palomero, le saltó: “Vusótruh voh confundíh, que quedréih dicil “Arroju”, que Arroju eh el mi apellíu y no Roju, que “El Roju” séih vusótruh, que asín voh llaman en el pueblu”.  Efectivamente, el casareño, casado con la lugareña Marciana Barroso Jiménez (Ti Marciana “La Cantaora”) tenía por nombre Máximo Domínguez Arrojo.

     No llegó la sangre al río, pero lo cierto es que Ti Damián “El Rojo” había sido miembro de la comisión gestora nombrada al tomar el pueblo los militares franquistas sublevados en julio de 1936.  En cambio, Ti Máximo “El Sofi” había formado parte de la corporación municipal republicana y del Frente Popular, cuyos miembros fueron destituidos, encausados y casi en su totalidad condenados a la última pena.

     Cuán cierto es que la palabra “rojo” era tabú en los oscuros tiempos de la dictadura franquista.  Con ella, se designaba a quienes los triunfadores de la llamada Cruzada consideraban perversos comunistas, sin Dios y sin Patria, con rabos y con cuernos, capaces de los mayores crímenes y abyecciones.  Pues otra vez hemos vuelto a las andadas.  Los jefes de centuria han desparramado las consignas y toda una alborotada horda, que muy poco tiene de democrática, se ha puesto a despotricar, con muy mala folla, contra esos ciudadanos que han tenido la osadía de formar parte de las papeletas de la formación política “Podemos” y de quienes han tenido “la bajeza” de votarles.   A grandes voces han vuelto a gritar con desmesurado histerismo: “¡Que vienen los rojos!”  Y, prietas las filas y arma al brazo, por esas tertulias andaba el periodista Alfonso Rojo (parece ser que ya ha renunciado a su apellido) enfatizando y remarcando cada sílaba de la palabra “ra-di-ca-les” y soltando otras lindezas propias de esa chulería que dicen que se gasta.  Y atrás no se le quedan otros de la misma cofradía, llámense Isabel Durán, Carlos Cuesta, Buruaga y, cómo no, el chirriante jefe de opinión del diario ABC, Jaime González, calificado por algunos como gran maestresala de la caverna y que acostumbra a sacar su largo y carnoso cuello, tal que tortuga calva, para vomitar aquello de que los votantes de “Podemos” no han hecho otra cosa que meter en las urnas las papeletas que representan lo peor de la condición humana.

    Pero no solo ese puñado de oscurantistas periodistas, sino los voceros del bipartidismo, como ese aburguesado y multimillonario Felipe González Márquez, el que tiene el culo como un pan de tanto vegetar en Gas Natura FENOSA y que el PSOE debería esconder si quiere levantar cabeza.  La enfermiza obsesión de Felipe con el bolivarismo, metiendo en tal saco a los miembros de Podemos elegidos democráticamente, resulta esperpéntica.  Para él, sus amigos venezolanos son y fueron el magnate Gustavo Cisneros y el ya fallecido presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez, fiel imagen del político corrupto y esclavo de las oligarquías.  Los bocatiestos del PP, más marciales que nunca, con tembleque en las piernas y creyendo verle las orejas al lobo, han vociferado de todo.  Hasta el punta en blanco Carlos Floriano, por la parte que nos toca a los extremeños, ha llamado a rebato porque se acerca la extrema izquierda: “¡Alerta, que vienen los de las coletas y barbudos y se llevan los cientos de vacas de mi suegro!”  Y José Antonio Monago (más bien monaguillo de la derecha, con permiso de algunos turiferarios de izquierda de la región, y no barón rojo de clase alguna) abunda en lo mismo, pues no aguanta a los pancarteros que se sudan sus camisas verdes, blancas y de otros colores, como combativos estandartes contra la mortífera guadaña de esa derecha que forma contubernio y se arrodilla ante la Troika.

     Han irrumpido los rojos, ribeteados de verdes y de negros, y lo han hecho llevando tras de sí a miles de jóvenes hartos de la vieja política, de sus privilegios y sus depravaciones.  Y han llegado con programas innovadores, de gran contenido y avanzado calado socioeconómico.  Me jacto de conocer a muchos mozos y otras gentes que les han votado, todos ellos de grandes inquietudes y con gran conciencia social.  Por ello, nada de “frikis”, “chiquilicuatres”, “flor de un día”, “espectros de Ruiz Mateos”, “lepenianos a la violeta” y otros epítetos que les han colgado.  Seguro que, desde sus tumbas, nuestros paisanos (opuestos polos pero unidos en la lucha por la vida en aquellas economías de subsistencia) Ti Damián “El Rojo” y Ti Máximo “El Sofi” entenderán de sobra que la gente de Podemos, con su horizontalidad democrática, han llegado para quedarse y para poner el dedo en la llaga, aventar de sus poltronas a los deshonestos triceratops del bipartidismo, predicar sus solidarias proclamas y llamar al pan, pan, y al vino, vino.

     Ahora, toca mover ficha al resto de la izquierda, incluidos todos esos honrados militantes de base del PSOE que andan desorientados y que, sintiéndose rojos de verdad, han sido llevados al precipicio por gente que, llamándose socialista, olvidó a aquel Pablo Iglesias Possé, nacido en El Ferrol en 1850, y ha tenido que ser acusada de no serlo por otro Pablo Iglesias (y Turrión de segundo), de 36 años, los mismos que tenía el ferrolano cuando sacó el primer número de “El Socialista” a la calle.  Y que no se queden atrás los anarquistas, con su ya histórico empecinamiento de no acercarse a las urnas.  Que recuerden que no se aplicaron profundos y avanzados programas socioeconómicos, durante la II República, hasta que los miles de militantes de la anarconsindicalista CNT no se decidieron a romper su tradicional abstencionismo y votar al Frente Popular.

     No la hagas y no la temas, afirma un antiguo dicho.  Por ello, a quienes se sienten tan asustados y se quedan roncos gritando “¡que vienen los rojos!”, viendo fantasmas por todas partes, alguna carcoma le estará royendo sus conciencias.  Leonardo da Vinci decía que “quien de verdad sabe de que habla, no encuentra razones para levantar la voz”.  Pero ellos, casposos cavernarios que temen perder bastardos intereses, seguirán vociferando. No importa. Don Alonso Quijano tranquilizó a Sancho Panza cuando éste, cabalgando con su señor a lomos de “Clavileño”, se alteró porque se oían ladridos de canes: “-Deja que los perros ladren, amigo Sancho, que es señal de que avanzamos”.  Y Ti Damián “El Rojo” y Ti Máximo “El Sofi”, entrañables paisanos míos que ya volvieron a la parda tierra de la que vinieron, sabían, también, muy bien que “rozníuh de burru a lah ehpáldah, tóh en el mi culu se me estampan”.

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