lunes, 21 de abril de 2014

HAMBRIENTOS DE SIGLOS

La Pingolla: HAMBRIENTOS DE SIGLOS.

Como Quirino Martín Cáceres aparece en el acta de nacimiento. Como Aquilino en la de defunción. Pero en el pueblo siempre fue Ti Quilino “Polla”. Casado con Ti Jacinta “La Carnicera”, padres que fueron de ocho hijos; entre ellos, la renombrada vidente Ti Eufrasia “La Chata”. Ti Quilino era segundo teniente de alcalde en 1936, por el Frente Popular. A él se le encomendó dirigir el asentamiento de yunteros y braceros en la finca “Cuarto Real”, un enorme latifundio en términos de La Oliva de Plasencia. El director general de la Reforma Agraria Republicana había otorgado 150 fanegas de marco provincial de la mentada finca para ser sembradas y cosechadas por los jornaleros y pequeños campesinos del lugar. Pero Ti Quilino se tomó la justicia por su mano y las amplió a 325. Cuando algunos ingenieros de la Reforma Agraria se personaron en la población, Ti Quilino “Polla” lo dejó muy claro: “Nusótruh, señórih, hémuh depositau toa la confianza en la República Ehpañola. No moh conformámuh con lah migájah, que, cumu jambriéntuh de sígluh, lo que querémuh eh una güena rebaná”. Y Ti Quilino, el hijo de Ti Manuel Martín Barroso y Ti Aurelina Cáceres Sánchez, les dio a entender que si, durante siglos y siglos, cuatro terratenientes se habían comido las mejores tajadas y ellos, los pobres parias, casi ni habían podido “arrebañal loh güésuh”, iba siendo como hora de que “se golvieran lah tórnah, de dali la güelta a la tortilla”.

El pasado lunes, día 14 de abril, celebramos el 84 aniversario de la instauración de la II República, aquella que, cuando estuvo gobernada por la izquierda, intentó resolver el problema de la tierra. En 1932 el gobierno republicano, presidido por Azaña, dio a luz al Instituto de Reforma Agraria y al Banco Nacional Agrario y se inician los asentamientos de campesinos en latifundios expropiados. Pero la lentitud es pasmosa, lo que suscita agrias críticas de la CNT. Incluso José Antonio Primo de Rivera, lanza la voz a los cuatro vientos: “Hay que hacer una reforma agraria revolucionariamente. Las que rigen ahora, a base de pagar a los dueños el precio entero de sus tierras, son una befa para los labradores. Habrán pasado doscientos años y la reforma agraria estará por hacer”. Y lo que casi no había comenzado se trunca durante el bienio negro, con las derechas en el poder, que se sacan de sus parásitas chisteras la Ley de Contrarreforma Agraria. Cuando en febrero de 1936 gana el Frente Popular las elecciones, se les hinca el diente a los 99 nobles que, con categoría de Grandes de España, poseían ellos solos más de 577.000 hectáreas de tierra. Se asientan a 72.000 yunteros y braceros. Desgraciadamente, el golpe de Estado del general Franco y sus secuaces abortó tan justiciero proyecto, devolviéndose las tierras a sus acaudalados propietarios.
No solo acometió el problema de la tierra la II República, pues como bien dice el profesor de Historia Contemporánea Francisco Erice, el gobierno republicano de izquierdas “representa un proceso de modernización y cambio social importantísimo. Es el primer régimen que intenta sustituir el dominio de las viejas oligarquías por un gobierno auténticamente representativo”. Vergonzoso que, hoy en día, salgan por doquier conversos que, militando en partidos con tradición republicana, lleguen al orgasmo al copular contra natura con los regímenes monárquicos. Patéticas fueron las palabras de Rodríguez Ibarra en la Sexta Noche de hace un par de sábados. Puso en solfa a la República y dio en soñar bobaliconamente con la dinastía borbónica. Y cuando tocó a rebato para que el PSOE emocionara a la juventud, no quiso o no supo decir que la juventud española da un rotundo suspenso a la Monarquía. ¡Menudo rey mago está hecho él con aquello de que el PP es primo hermano del PSOE! ¿Qué pensarán los socialistas que van a peonza de tales exabruptos? El codearse con malas compañías trae pérfidas consecuencias. Y si no que se lo pregunte a su íntimo Felipe González. Más le valía a ambos que escucharan a la escritora Juana Salabert: “La II República es una herencia moral, un legado que debemos mantener absolutamente vivo en nuestro día a día ciudadano y político”.


Ti Quilino “Polla” ya era cuarentón en el año 36, cuando 3 duques, 1 duquesa (la de Plasencia), 5 marqueses, 1 marquesa (la de Mirabel) y 1 conde, todos Grandes de España, poseían solo en la provincia de Cáceres 170.924 hectáreas de tierra. Terratenientes absentistas que solo acudían a Extremadura a celebrar festejos y a sus cacerías. Nuestro paisano, que “jincó el poleu” el segundo día de la feria de Ahigal, en septiembre de 1959, hablaba de los “jambriéntuh de sígluh”. El hambre aún no está saciada, aunque los bien nacidos y criados en cunas de alta alcurnia tengan los estómagos más que llenos y compartan sus manjares con los conversos, urente calaña esta bien fotografiada literariamente por el filósofo francés Jean Lucien Arréat: “Si en la república de las plantas existiese el sufragio universal, las ortigas exiliarían a las rosas”. Alerta, pues, los socialistas de buen corazón que no quieren que se ajen las rosas entre el sudor de sus puños. Ti Quilino “Polla” jamás lo permitiría.

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