martes, 27 de octubre de 2015

La Pingolla, DIOS LOS CRÍA - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 26 octubre 2015 (Digital Extremadura)

Jamás se podría imaginar Juan Jiménez Galiano que acabaría dando con sus huesos en un camposanto de un perdido lugar, a caballo entre la sierra y la penillanura, de los septentriones cacereños.  Salió un día sin rumbo fijo de Hortizuela, un diminuto caserío (hoy devenido en despoblado) de la provincia de Cuenca y se alistó como infante en el Ejército Real de la Derecha, mandado por el general carlista don Miguel Gómez Damas.  Ciento setenta y nueve años se cumplen el próximo 31 del presente mes de octubre de la entrada de tan carcunda general en la villa de Cáceres.  Cuando sintieron que los cristinos seguían tras sus huellas, pusieron pies en polvorosa, pero el conquense y otros cuantos, hartos de tantas caminatas, desertaron y se desperdigaron por la provincia cacereña.
    
Por avatares del destino, Juan Jiménez conoció a Juana García Hernández, con la que se casó y a la que dieron en llamar, en el pueblo, Ti Juana “La Galeana”.  Uno de sus hijos, José Jiménez García, matrimonió con su paisana Demetria Cáceres Sánchez y vino al mundo Hipólito Jiménez Cáceres, que hasta su muerte sería conocido como Ti Pólitu “Galeanu”.  Nació el mismo día (20 de diciembre de 1891) que María Skobtsova, mujer de la nobleza rusa, poetisa, revolucionaria y destacada figura de la resistencia contra los nazis.  Pero, paradójicamente, la rusa acabaría convirtiéndose en monja, pasando a la historia como “Madre María” y siendo canonizada por la Iglesia Ortodoxa Oriental.
    
Por lo que cuentan, Ti Pólitu se crecía como un pavo contando las hazañas de su abuelo Juan: “El mi agüelu s,alihtó con el general Gomi polque le soltaba la guita.  Me dicía que a loh de enfrenti, loh que defendían a la reina Isabel Segunda, loh llamaban `pesetéruh” polque leh daban de propina una peseta y un chúhcu de pan, peru él y loh súyuh, a loh que leh dicían `requetéh” y “carcúndiah”, s,habían alihtau pol séih reálih y pol apañal tó lo que podían cuandu entraban en loh puébluh que tomaban”.  Tenía muy claro Ti Pólitu “Galeanu” que su abuelo era al modo de un mercenario, que no se casaba con ninguno de los dos bandos.  Le traían al pairo el pleito dinástico entre el pretendiente Don Carlos (carlistas), que buscaban implantar el absolutismo monárquico, y los partidarios de la reina Isabel II, inclinados hacia el liberalismo constitucional.  “El mi agüelu Juan dicía que lo mehmu daba que daba lo mehmu, que Dióh loh criaba y élluh solu s,ajuntaban; a únuh loh apoyaban únuh cuántuh de paísih y a loh ótruh, ótruh cuántuh, y ési era el cantal:  loh d,arriba encendían la mecha, lo mehmu únuh que ótruh, y quien pagaba siempre lah maésah era el pueblu, cumu ha pasau en tóah lah guérrah”.
   
 Lolo Jiménez Pérez, hijo de Ti Pólitu y casado en el pueblo de Aceituna, me narró muchas andanzas y desandanzas de su padre un día de Santa Marina, fiesta principal de tal localidad y en la que nos pateamos por dos veces al menos todas las tascas con las que contaba la población.  Con frecuencia, al hablar de tirios y troyanos, de rojos y de azules, Lolo parecía remedar a su padre: “Dióh loh cría y élluh sóluh se ajuntan pa dalsi caraba únuh a loh ótruh”.  ¡Cuánta razón tenían padre e hijo!  He ahí, recientemente, a todos esos líderes de la derecha europea arropando a Mariano Rajoy en el congreso del PPE celebrado en Madrid.  ¡Ni escogidos!  Allí andaba José Manuel Durao Barroso, el que pasó de ser un aventajado discípulo de la Federación de Estudiantes Marxistas-Leninistas (sección del movimiento maoísta Reorganización del Partido del Proletariado, MRPP) a la derecha más neoliberal, llegando a presidir la Comisión Europea.  Él fue el que tuvo el deshonor de ser el anfitrión del “Trío de las Azores”, que encendió la mecha en Irak, y de aquellos sanguinolentos polvos vienen los trágicamente pegajosos lodos que anegan el Cercano Oriente.
    
No podía faltar el expresidente francés Nicolás Sarkozy, imputado el pasado año por corrupción activa, malversación de fondos públicos, tráfico de influencias y violación del secreto de instrucción.  A su vera, Jean Claude Juncker, que fuera primer ministro de Luxemburgo entre 1995 y 2013, cuando convirtió a este país en un paraíso fiscal, siendo acusado de escuchas ilegales y malversación de fondos.  Ello no ha impedido que hoy sea el presidente de la Comisión Europea.  Pero el Partido Popular Europeo no tiene vergüenza y como manifiesta el ingeniero de sistemas italo-francés Hervé Falciani, el que ha destapado la olla de las evasiones fiscales, “Juncker representa una ideología que no quiere que se controlen las finanzas opacas para asegurarse su supervivencia”. ¡¿Y cómo no?! También husmeaba por ese congreso el fantoche de Silvio Berlusconi, salpicado por docenas de escándalos, incluidos los de corrupción de menores.  El que fuera primer ministro de Italia es conocido por su defensa de la figura de Benito Mussolini, el fundador del Fascismo, y por largar por su deslenguada boca aquello de “un sondeo dice que el 33% de las jóvenes italianas sí se acostarían conmigo.  El resto de las chicas contesta: ¿Otra vez?”  Pululaba, igualmente, por aquellos hemiciclos Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, un xenófobo de tomo y lomo, partidario de la pena de muerte y con un discurso propio de la extrema derecha.  Este sujeto no ha tenido empacho alguno en afirmar que los refugiados musulmanes ponen en peligro la cristiandad europea.  Más o menos, como lo eructado por el cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares.

     Bien lo decía el nieto materno de Ti Carlos Cáceres Fuentes, oriundo de Guijo de Granadilla, y de Ti Antona Sánchez Gutiérrez.  Toda la derecha, tan bien criada en lujosas cunas y bendecida por ese dios que se encarga de juntarlos y al que le ofrecen hipócritas golpes de pecho, dando alientos a Rajoy y a sus huestes del Partido Popular.  No es extraño que nuestro barbado gallego, después de tomarse de un trago la pócima ofrecida por sus conmilitones, haya tenido una temerosa subida de autoestima, rayana en la fatuidad, y haya prometido a los españoles la creación de dos millones de puestos de trabajo si le votan a él el próximo 20 de diciembre.  ¡Cuánta promesa de politicastros que mienten más que valen y se codean con ladrones de guante blanco!  Los nuevos carcundas, que tanto aman a su patria, a su dios y a su rey, quieren seguir agarrando las riendas del poder, después de haber engordado a los suyos y dejarnos cuasi en piel y huesos al resto.  Pero que no canten victoria otros, que ya nos prometieron el oro y el moro, como ahora, y, cuando escalaron a lo alto de la pirámide, derechizaron el discurso, acataron sin rechistar el mandato de la Troika, las ínfulas imperialistas del Tío Sam y votaron a la par que el Partido Popular Europeo en el europarlamento.  Congeniaron tan bien como el PP y Ciudadanos en el Parlament de Catalunya.
   
 En vez de más democracia, más neoliberalismo.  Eso es lo que nos espera de votar a quienes nos recetaron, desde el espantajo de la Transición, medicinas caducadas.  Muchos somos los que queremos menos dioses, menos patrias y menos reyes y más libertad, más igualdad y más fraternidad.  Ya lo decía el inolvidable Nelson Mandela: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.  Ti Pólitu, el que heredó por mote el segundo apellido de su abuelo, se fue al “otru mundo”, que aún no sabemos dónde está, mismamente cuando también le doblaron las campanas al conocido actor y dramaturgo británico Miles Malleson.  Mediaba marzo de 1969.  Y se fue creyendo firmemente que, mientras no se “faratin” y se “farrunguin” esos arrejuntamientos de los poderosos, a los que su dios cría con especial esmero, los pobres del mundo no podrán respirar tranquilos.  En nuestras manos está el que se vuelvan las tornas.  Antes que en diciembre se congelen los menesterosos, que se arrizan de frío quienes les quitan las mantas.

lunes, 19 de octubre de 2015

La Pingolla, POBREZA - Félix Barroso Gutiérrez, Lunes, 19 octubre 2015 (Digital Extremadura)

Vino tocado de la guerra, de aquella a la que fue forzado a ir por culpa de cuatro generales que se alzaron contra el legítimo Gobierno Republicano.  A pegar tiros contra los que tenían sus mismos ideales.  Regresó alicaído y demacrado, sangrándole el cuerpo y el alma.  Desgracias de la vida.  Las secuelas de aquella infame guerra se lo llevaron a la tumba un 26 de julio de 1941, con tan solo  27 años, a la par que cerraba también los ojos el célebre matemático francés Henri Léon Lebesgue.  Jamás pensó Rosa Iglesias Jiménez que iba a quedar viuda tan pronto, con dos niños de corta edad agarrados a sus sayas.  Pero el destino fue muy cruel con Gregorio Barroso Alfonso, su marido, que muy pronto fue a comer tierra al camposanto, convertido hoy en un espacio ajardinado, denominado el “Parqui vieju”.

     Rosa, a quien su madre, Ti María Jiménez Gutiérrez, la trajo al mundo un día de San Pamaquio y Santa Amaltrudis, en el bochornoso agosto de 1910, guardó eterno luto, no se volvió a casar y, con el tiempo, pasaría a ser conocida como Ti Rosa “La Morala”.  Le tocó criar a sus hijos en los llamados “Años del hambre”, con un país destruido, manchado de sangre a diario a causa de los cientos de fusilamientos y respirando un aire espeso y temeroso.  Su padre, Ti Francisco Iglesias Palomero, la amparó en lo que pudo.  Había que repartir la pobreza entre todos.  Se ganaba el pan bregando en todo lo que le salía al paso.  Su buena mano para aderezar los guisos la hizo imprescindible en la preparación de los banquetes de las bodas:  sopas de tomate y de huevo, callos y morcillas  de “quicu”, ensaladas varias y mucha carne de macho cabrío.  Se comía, en aquellos años, lo que daba la tierra, y las bodas eran un regocijo para el estómago en tiempos de auténtica hambruna.

     Ti Rosa “La Morala” heredó el apodo de su abuelo paterno, Ti Ángel Iglesias Morales, casado con Ti María Palomero Gómez.  Aquel abuelo era hospiciano (“pilongu” le decían en el lugar) y, como el apellido “Morales” no era del terreno, sus descendientes lo recibieron como sobrenombre.  “Me pusun “La Morala” pol el mi agüelu Ángil -me relataba”.  Siempre enlutada y con su voz resignada y quejumbrosa: “Tuvi que jadelmi venti cáchuh pa sacal a loh mih híjuh pa lantri.  Lo mehmu apañandu acetúnah que lavandu rópah, cavucheandu en loh güértuh que dandu güéltah en la trilla…, peru lo que a mí me guhtaba era andal de guisandera, alreol de loh puchéruh”.

     Hablé más de una vez con Ti Rosa, que me contó muchas cosas de los años de Maricastaña.  Siempre hacía hincapié en que había pasado muchas necesidades, pero que había ayudado a otros más pobres que ella, sobre todo a aquellos mendicantes que se arrimaban a los fogones cuando olían alguna boda.  “Había, antóncih, múchuh próbih pidiórih que vinían pidiendo pol Dióh.  Yo cogía y, a ehcondíah, cuandu andaba de guisandera en lah bóah, leh daba algúnuh cuhcúrruh de pan y algúnah tajáh.  ¡Probecítuh, si no tenían andi caelsi muértuh!”  Cierto día me refirió que, en una boda, la pilló el padrino dándole un trozo de asaduras de una cabra a unos indigentes.  Aquel avaro, que se había hecho rico de mala manera, le arrebató aquellos despojos a los menesterosos y se los refregó por la cara a Rosa Iglesias, echándola de la cocina.  “Eran tiémpuh mu dehgraciáuh, y aquel hombri, qu,era cumu un puñu y que no comía pol no cagal, me rehtregó el cachu colgajeru pol toa la cara.  ¡Y tó pol habel socorríu a únuh próbih muértuh de jambri!  Si ya lo dici el refrán: el c,ha síu selvilleta y se güelvi mantel, líbrenoh Dióh de él”.

     La pobreza flagelaba las tierras de España como consecuencia de los desastres de la guerra.  Sin embargo, hace ya lunas que no truenen los cañones por esta piel de toro y hemos vuelto a sentir el trote del caballo negro del Apocalipsis.  La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión (EAPN-ES) acaba de afirmar que uno de cada tres españoles es pobre o corre el peligro de serlo; es decir, que unos 13, 6 millones de personas, en este país, se encuentran o están en riesgo de pobreza o exclusión social.  Ahora mismo, según la citada Red Europea, 3,2 millones de ciudadanos españoles están bajo el umbral de la pobreza severa. Los datos cantan por sí solos: el 20% de aquellos que tienen mayores ingresos acaparan rentas siete veces mayores que el 20% que arrastra mayor pobreza.  El 10% de los más ricos amontona una renta que equivale a la totalidad de lo que posee la mitad de la población. Por estas tierras nuestras, donde tanto abundan los cochinos y las bellotas cuyos amos son una minoría comparada con el resto de la población, Cáceres es la cuarta capital de provincia donde la pobreza hace más estragos.  La tasa se establece en un 31%, aproximándose a las 30.000 personas.

     Carlos Susias, presidente de EAPN-ES, lo ha dicho muy alto y muy clarito: “La pobreza no es un castigo divino, sino consecuencia de las políticas de los gobiernos”.  ¿Y quién gobierna en España?  Muy osado es hablar de “gobernar”; mejor es hablar de “mandar”, cuyo término encaja mejor cuando se rigen los destinos de la nación a base de decretos-leyes y de intereses partidistas, dañando seriamente los cimientos de la democracia.  En España manda un gobierno que, a pesar de los chuzos que están cayendo, tiene la desvergüenza de subirse su sueldo cuatro veces por encima de las pensiones.  Un gobierno sostenido por un partido que acaba de sacar a la calle el bochornoso vídeo “De la crisis a la recuperación”, donde las huestes de la derecha son las protagonistas a la hora de sacar de la UVI, sana y salva, a España, encarnada por una guapa moza que lleva el rostro pintarrajeado con los colores de la bandera monárquica y rojigualda.  Toda una afrenta para esos pobres de los que hablamos más arriba.  Pobres que posiblemente, en una sustanciosa parte, seguirán metiendo el voto de la gaviota en las urnas el próximo 20 de diciembre.  Ahí están nuestros primos hermanos los portugueses, cuyas clases bajas apenas sobreviven con 500 euros, teniendo que pagar (por poner un ejemplo) 30 euros cada vez que van a urgencias hospitalarias.  Les han estado dando bien dado y, encima, vuelven a votar mayoritariamente a los mismos: a la coalición de derechas “Portugal al Frente”.  El masoquismo no tiene arreglo.

     Ti Rosa “La Morala”, la que fuera nieta materna de Ti Vicente Jiménez Marcos y de Ti Fidela Gutiérrez Domínguez, pasó necesidades mil en los horribles años de la dictadura del General Franco, sobre todo en aquella oscura y cenagosa década del 40.  Ahora, cuando manda la derecha que, en cierto modo, es heredera por legitimidad de origen de un ministro y otros capitostes franquistas y donde se cobija la mayor parte de la extrema derecha franco-falangista, muchos descendientes de Ti Rosa y de otros muchos miles de miles de su generación vuelven a pasarlas canutas para poder sacar adelante una familia.  Esa es la realidad, por mucho que quiera maquillarla la amiga Soraya, hija del que fuera general franquista José Antonio Sáenz de Santamaría Tinturé, uno de los máximos responsables de la persecución y represión sin cuartel al maquis o guerrilla antifranquista.  Soraya, vicepresidenta del Gobierno del PP, echó balones fuera en el plató del programa televisivo “El Hormiguero”, marcándose unos bailes a ritmo de Bruno Mars.  Lamentablemente, los dirigentes del PP extremeño no pueden mover el esqueleto al compás de la guitarra y la voz de Robe Iniesta, cabeza visible de “Extremoduro” y al que el expresidente pepero del “Gobex” (¡vaya cursilada!), José Antonio Monago Terraza, le impuso el presente año la Medalla de Extremadura.  Ahora, Robe Iniesta anda mendigando los 90.000 euros que le prometieron Monago y los suyos porque apareciera en uno de sus discos el logotipo “Extremely Good”.  Promesa que ha sido agua en una cesta.  Robe pico en el anzuelo y le cae más que bien, por dejarse llevar por la vanidad de los laureles y el brillo del poderoso caballero.

     Siendo la festividad de San Fidencio y San Euquerio, una hemorragia cerebral apuntilló a Ti Rosa Iglesias Jiménez.  Fue en el mes de los difuntos y ya peinaba 85 largos estíos.  Si ella viviera todavía, seguro que, con su voz cansada y afligida, nos diría: “Cudiau, híjuh, con ésah que bailan pa jadel el ehcaparati y con ésuh que se dehpechugan y se quitan las corbátah na,más que pa aparental lo que no son; a ésuh no leh echéis el votu, que ya sabéih la medecina que se gahtan”.  Ojalá la oyeran más de dos pobres.  Nosotros la oímos más de dos veces.  Ahora solo nos quedar cruzar los dedos para que la sombra de Portugal no sea demasiado alargada.

Sémuh asina´- Félix Barroso Gutiérrez 19/10/2015 (Periódico Extremadura)

Tatquello de sémuh asina ya lo inmortalizó Luis Chamizo Trigueros en su Miajón de los Castúos . Pero dejemos atrás a aquel poeta que tan estrechamente colaboró con los espadones alzados en julio de 1936 (su recompensa tuvo) y remontémonos a tiempos más recientes, cuando algunos no habíamos visto la luz y otros ya eran zagalones. Moría la década del cuarenta del pasado siglo. La dictadura del general Franco estaba en su sazón. Cuatro chavales se entretenían en arrojar piedras a una laguna situada en el ejido comunal. Esperaban a que las culebras de agua asomaran la cabeza. Sin que ellos se percataran, a sus espaldas, un maestro de instrucción primaria, forastero, merodeaba por aquellos andurriales.

Uno de los zagales, alzando la voz, le espetó a otro: "No jundéih brúhcuh tan grándih ni loh jundéih de robrazu; cogi una piedra alapaína y jundéala de sansabanilla, veráh cúmu l,afilóchah la chinóhtra a la ciguta". El maestro, escuchando aquella jerga, se acercó y, dirigiéndose al muchacho, le riñó, malhumorado: "¿Por qué hablas en lengua de perro moro?" El chavea, con voz tímida y respetuosa, le contestó: "Nusótruh no sémuh pérruh ni móruh; eh que sémuh asina". El maestro, soliviantado, le arreó un bofetón. Al día siguiente, mandó copiar doscientas veces a los muchachuelos de la laguna algo así como: "Siempre hablaré correctamente en castellano". Tal y como me lo contaron, os lo cuento. Los testigos están vivos. Eran los tiempos en que España era Una (si hubiera habido otra, muchos se habrían marchado a ella); Grande (en ella cabían los españoles, los burros y los gorrinos) y Libre (se podía hablar de fútbol y de toros).

Años más tarde, cuando un servidor andaba liado con tareas pedagógicas en la comarca de Las Hurdes, en plena democracia, por aquello de andar inmerso en la organización de las fiestas de San Blas, redacté el programa de festejos en el dialecto que se habla en la zona, fruto de las influencias astur-leonesas de la Repoblación medieval con el sustrato indígena. Al poco, sobre los carteles pegados acá y acullá unas manos anónimas escribieron "Hurdano serás tú". Manos con toda seguridad acomplejadas, negativistas y que renegaban de su identidad y sus raíces.

En la escuela nos zurraban "por no saber hablar". Nos tildaban de "baturros" y otras lindezas por el estilo. No entendíamos por qué hacían mofa de nuestro habla dialectal cuando nuestros padres y abuelos guardaban como oro en paño las obras completas de Gabriel y Galán, muchos de cuyos poemas estaban escritos en tal dialecto. Y, desgraciadamente, la avasalladora sombra castellano-parlante continúa siendo alargada. Nos llenan de rótulos nuestras rutas turísticas, nuestras dehesas, nuestras calles, ríos y gargantas, y nos los garabatean, con alambicada cursilería, en un castellano que chirría por los goznes de su rica y arcaica toponimia.

"Sémuh asina" y orgullosos debemos estar de nuestras patrias infantiles. Para que nuestra lengua, la de carne sin hueso, no se convierta en una renegada y se vuelva melindrosa, andamos batallando muchos. Ahí tenemos a nuestro buen camarada Ismael Carmona García, alma máter del "Organo de Seguimiento i Coordinación del Estremeñu i la su Coltura", con columna semanal en este periódico, luchando a brazo partido por desfacer entuertos. La Administración regional debería mojarse y meter en el currículo escolar la asignatura Las hablas extremeñas . Es lo suyo, porque "sémuh asina".

lunes, 14 de julio de 2014

TORMENTAS

El término “negro”, tratándose de fenómenos naturales que pueden generar grandes catástrofes, siempre fue tabú, antiguamente, por estas latitudes. Por ello, cuando el cielo se volvía carbón, nadie se atrevía a hablar de negrura, sino de grande o tremenda oscuridad. Y aquella vez las tinieblas, cargadas de rayos y relámpagos, vinieron del meridión. “¡Dios te libre de las tormentas de Mirabel!”, decían por la comarca. Referían las bocas desdentadas de antaño que tan terribles tronadas se fraguaban en el castillo de Mirabel y, luego, emprendían el camino hacia las sierras rayanas con las tierras castellanas. En línea recta, el lugar distaba treinta y cinco largos kilómetros de aquella villa que entregó Carlos I a don Fadrique de Zúñiga y Sotomayor.

No había por aquel pago de “Los Jornales” otra caseta que la de Leandro Miguel Jiménez, nombrado por los vecinos como Ti Aleandro “Carreta”, el que había nacido el mismo día, mes y año que el agente del Tesoro Estadounidense Eliot Ness, de cuya vida se hizo leyenda, al ser considerado como un personaje intrépido e incorruptible que acabó con las correrías del famoso gánster Al Capone. Viendo el cielo tan horriblemente feo, corrieron a refugiarse en la caseta una gavilla de campesinos que andaban por aquellos predios. La tormenta estalló estrepitosamente. –“Paecía quel cielu se jundía y se ajuntaba con la tierra -me narraba Ti Leandro-; yo nunca vi cosa igual. Cayó una chíhpa sobri un robli c,había a pócuh métruh de la caseta y lo jidu ehtíllah, y una de lah ehtíllah entró cumu una flecha pol la puerta de la caseta y le dio en un hombru a Ti Milianu Barrosu, el de Ti Narcisa, que antóncih tenía en loh brázuh a unu de loh suh híjuh, qu,era chiquininu”. Leandro Miguel, el hijo de Ti Vicente Miguel Caletrío y de Ti Brígida Jiménez Jiménez, me relató, completamente convencido, que la caseta se libró de la exhalación porque él tenía dispuesta una “piedra de rayo” debajo de las tejas, que fue la que desvió la centella.

De siempre fueron propicias las tormentas en las primaveras y veranos. El pasado mayo, en plena yema vernal, se desató iracunda tormenta sobre las urnas y los dos partidos mayoritarios de esta España machadiana se dejaron más de cinco millones de votos en la gatera. Es muy lógico, porque ya apenas si hay conjuradores que sepan zarandear las campanas y mandar a hacer puñetas los malditos turbiones. Se ha olvidado, también, el responso a Santa Bárbara, la que espanta las tempestades, y nadie coloca ya, para los mismos fines, esas pulidas hachas prehistóricas que llaman “piedras de rayo” en los tejados de los habitáculos agropastoriles, ni conforman cruces de torvisco (“toña” le dicen por el territorio de Las Hurdes), ni colocan tijeras en cruz clavadas en el interior de las puertas.

Decía el humorista austriaco Dirk Stermann que Mahatma Gandhi se equivocó al afirmar aquello de “cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”. Según Stermann, tenía que haber dicho “los pajarracos” y no “los pajaritos”. Porque a los pies de los caballos están, según opiniones vertidas periódicamente por el pueblo, todos esos supuestos pajarracos que han enlodado sus nidos con corruptelas que, en muchas ocasiones, han degenerado en flagrantes corrupciones. Esas aves, que nadie diría que son de buen agüero, se esconden de las atormentadas miradas de la ciudadanía y, como no tienen elementos para conjurarlas, les persiguen hasta el catre. Ahora, temblándoles las piernas al observar que, dentro de 10 meses, les volverán a pedir cuentas y que el viejo refrán refiere que “mayo tormentoso con frecuencia es luctuoso”, intentan ponerles tirantes a sus calzones, ya que los cinturones no les sirven. Y, así, el señor Mariano Rajoy Brey nos saca de la chistera lo de reducir aforamientos, cuando él y los suyos han engordado por la vía rápida, en estos últimos tiempos, tales privilegios, pasándose infinidad de pueblos en relación con los países del entorno. Parece ser que solo Dinamarca nos acompaña, en Europa, en lo tocante a blindar exmandatarios. Nadie más, sean monárquicos o republicanos. Por ello no es de extrañar que el exrey de Bélgica, Alberto II, tenga que afrontar ante un tribunal ordinario una demanda de paternidad. O que Nicolás Sarkozy, expresidente de la República Francesa, haya sido arrestado e imputado por posible corrupción y tráfico de influencias.

Otro antiguo adagio asevera que “tormentas de mayo: más seguro en casa que en el prado”. Pero para arañar votos hay que abandonar los televisores de plasma y salir a la pradera, por donde deambula el pueblo indignado. Viendo que no las tienen todas consigo, también se han sacado de la manga el darle unos interesados retoques al sistema electoral, buscando que las borrascas de mayo faciliten el gobierno del candidato más votado. Todo un golpe antidemocrático. Ha echado cuentas la derecha y no le salen, porque si los resultados de las europeas se trasladan a la próxima primavera, los populares solo obtendrían mayoría absoluta en dos capitales: Ceuta y Melilla. La debacle sería espantosa. Con su mayoría absolutísima y a base de decretazos, aunque se queden más solos que la una, son capaces de hacerle la peineta a la Democracia y aprobar tales medidas.

Mientras, los candidatos del PSOE a ocupar la Secretaría General de su partido rezan fervorosamente y repiten sin parar: “del agua mansa me libre Dios, que de las tormentas de mayo me basto yo”. Y es que, aunque lo disimulen con enternecedoras miradas, esconden por detrás cuchillos cachicuernos que les dieron sus correspondientes mesnadas. Solo a José Antonio Pérez Tapias le enaltece una límpida trayectoria socialista: posicionamiento claro contra la OTAN (1986), a favor de los sindicatos en la huelga general del 14-D (1988), contra la reforma del artículo 135 de la Constitución que nos entregaba en manos de los mercados y el neoliberalismo y defensa nítida de la celebración de un referéndum entre Monarquía y República. Pero no cuenta con la bendición de los capitostes de la socialdemocracia y sus rosados (de rojos, ¡nanay de la China!) barones.

Mayo está a la vuelta de la esquina y muchos habrán de pasar bajo las horcas caudinas. Hasta nuestro campechano Monago, temiendo el vendaval del venidero mayo, anda encendiéndole una vela a San Lázaro, de la que aseguran que aleja el temporal. Y si se tercia -¿por qué no?-, otra al diablo. Ya ha declarado que a él no le importaría pactar con la gente de “Podemos”. El caso es hacer negocio electoral, sin mirar que el gato sea azul o rojo (lo de blanco o negro se lo dejamos a Felipe González, que tiene la patente). Por lo que respecta a IU en nuestra tierra de fornidos alcornoques, ya puede limpiar bien el jaral, apartándose de las malas compañías y, fumigados los personalismos y las siglas, escuchar con atención esa corneta que llama a converger, tarea encomendada a su carismático camarada Alberto Garzón. Tal vez, los regionalistas del PREX, a los que se les supone cierta sensibilidad escorada hacia la izquierda, también deberían oír el tararí de esa corneta, si es que no quieren desaparecer bajo las no lejanas turbulencias del mes de las flores, cuando es posible que se quiebre el vuelo de las gaviotas y se agosten las rosas antes de tiempo.

Con Ti Leandro “Carreta”, que residió en el “Barrio de la Encina”, cuyas casas bajaban desde el alto de “La Cuesta” a beber en el arroyo “Pizarroso” y donde también vivían mis abuelos maternos, hablé muchas veces. Mi paisano, nieto paterno de Ti Manuel Miguel y de Ti Cristina Caletrío (por el costado materno lo era de Ti Rafael Jiménez Sánchez y de Francisca Jiménez), que dejó de contarlas el día de San Cirión de 1984, me decía: “Pal agua atroná, mejol eh ná, que nunca jué güena el agua agolpá”.



EL PARAÍSO DE LA MEMORIA

A menos de media hora con regular paso, yendo en las abarcas de San Fernando, se encuentra el pueblo de Ahigal. Allí, como en tantos otros, no dan el tratamiento de “Ti” a las personas entradas en edad, sino el de “Tío” (o “Tía”, depende del sexo). Por ello, a Julián Palomero Díaz, nonagenario ya, le dicen Tío Julián, añadiéndole, como mote, el de “Cincuníuh” (Cinco Nidos). Con él, he conversado más de dos veces algún que otro domingo en el bar de Julio “Cuadrao”, personaje que tiene un sí es no es de quijotismo bajo algunas lunas y una pluma bastante desenvuelta. Tío Julián presenció, como soldado, la rendición de la 4ª Brigada Mixta del Ejército Republicano en el frente de Extremadura, destacada en la población pacense de Siruela. Concretamente, su regimiento fue el encargado de desarmar, en el pueblo de Sancti Spíritu, los Servicios de Intendencia que estaban bajo la responsabilidad del comandante Marcial Gutiérrez Gómez y de su hermano Enrique, que era el vicecomandante de la compañía. Faltaban cuatro días para terminar la Guerra.

Había más paisanos de Marcial y de Enrique en la compañía. En el fatídico año de 1936, los primos Miguel Calvo Corrales y Jesús Sánchez Calvo, que habían huido del arado y andaban buscando mejor porvenir por los Madriles, se sumaron, voluntarios, a la tropa que mandaba su paisano Marcial. Ambos, después de pasar por el penoso campo de concentración de Castuera, quedaron en libertad, no así los hermanos Gutiérrez Gómez, que por tener estrellas en las bocamangas pasaron del campo a una prisión, en Barcelona.
A Jesús Sánchez Calvo, del clan de “Los Sacristanes” del lugar, hijo de Ti Juan Sánchez Gutiérrez y de Ti Florencia Calvo Dosado, le conocí cuando, después de casado y marchando bien en sus negocios por Madrid, se acercaba, sin falta y religiosamente, al pueblo, en las fiestas septembrinas del Cristo. Había nacido el mismo día en que moría el revolucionario ruso Gueoirgui Plejánov, en el año en que hacía estragos la pandemia conocida como “Gripe española de 1918”. Jesús “El Sacristán” era republicano y ferviente católico. Cuando falleció el día de San Balsemio de 1989, dos curas y parientes suyos, Fausto Sánchez Dosado y Florentino Dosado Gómez, le dedicaron, en la revista “La Buranca”, sentidos panegíricos.
Tanto Tío Julián como Jesús Sánchez me narraron las monstruosas barbaries que les tocó ver, oír, palpar, oler y saborear en la inhumana Guerra Civil, cuando cuatro espadones y prietas filas de negras escuadras llenaron de luto y sangre los pueblos de España. “Me s,empeluzcan lah cárnih -me relataba Tío Julián- na,más de recordal aquellu. ¡A cuántuh probecítuh pol un treh y ná leh dierun cuatro tíruh y loh jundearun a una cuneta, sin juiciu, sin confesión y sin ná!” Y Jesús “El Sacristán” me refería que él había visto, al principio de la Guerra, tomarse la justicia por su mano a cuatro exaltados, pero que, luego, el Gobierno Republicano acabó con aquellos desmanes. Más tarde, al tomar las tropas republicanas varios pueblos en la llamada Batalla de Valsequillo, Jesús también se rasgó las vestiduras al oír contar a vecinos de varias localidades cordobesas y pacenses las atrocidades cometidas por los fascistas. Triunfaron éstos y, desgraciadamente, siguieron matando. Los últimos estudios publicados sobre la represión en la Guerra Civil, actualizados el 7 de julio de 2013, cargan sobre el bando republicano 44.000 muertes, producto de la represión. Pero el bando franquista tiene en su haber más de 150.000 víctimas, gran parte de ellas asesinadas sin juicio alguno y arrojadas en antiguas minas, barrancos y cunetas. Todavía en el año 1945 se firma la sentencia a muerte de 11.507 españoles.

Jesús Sánchez Calvo, el nieto, por la rama paterna, de Ti Miguel Sánchez Martín y de Ti María Gutiérrez Gutiérrez (de la materna lo era de Ti Miguel Calvo Martín y de Ti María Dosado Jiménez), era muy consciente de todo ello. Él nunca renegó de su republicanismo y de su catolicismo, al igual que el general Antonio Escobar Huerta, que fue quien dirigió la Ofensiva Republicana de Valsequillo. Pero Franco, que se enorgullecía de ser católico, apostólico y romano, no tuvo empacho en hacerle fusilar en los fosos del castillo de Montjuic el 8 de febrero de 1940. Los vencedores ofrecieron todo tipo de vítores y loores a sus caídos. Les dieron ceremoniosos enterramientos. Y convirtieron la Cruz, que siempre fue un signo de reconciliación, en la sectaria “Cruz de los Caídos”, bajo la que aparecían tan solo los nombres de los que perdieron la vida en el mal llamado “Bando Nacional”, como si los que cayeron defendiendo el legítimo gobierno de la II República no fuesen españoles, ni cristianos, ni dignos de una humilde tumba en los camposantos de sus pueblos.

Cierto es que, como dice el poeta griego y Nobel de Literatura Giorgios Seferis, “allí donde la toques, la memoria duele”. Claro que duele, sobre todo a aquellos que aún esperan, después de tantos años, que los restos de sus padres y abuelos puedan descansar en una tumba donde se pueda depositar un ramo de flores. Pero sueltas andan todavía mesnadas e incluso gente con responsabilidades de Gobierno que no han querido condenar la Guerra Civil y sus causas, ni el oscurantismo dictatorial que las siguió. ¿Cómo pedirle a personas que tienen el atrevimiento de retratarse con el brazo en alto y al lado de banderas del aguilucho o que mandan dedicar recientemente una calle a Franco, el que tengan un mínimum de sensibilidad ante la Memoria Histórica? Porque hechos como éstos se están sucediendo a diario, bien sea en Atienza, en Gandía, en Talavera la Nueva, en Xátiva, en Beade, en Baralla o en Reíllo, por citar tan solo algunos ejemplos. Y en la mayoría de los casos, llevados a cabo por militantes de las Nuevas Generaciones del Partido Popular e incluso por cargos institucionales de tal formación política.

El celebrado escrito checo Milan Kundera afirmaba que “la vida es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la comunidad histórica, el modo de pensar y de vivir”. ¿Por qué se empeñan algunos en que no tengamos memoria? Nos quieren amnésicos, para que no podamos señalar con nuestros dedos índices la barbarie genocida u otros indignantes claroscuros que se han ido perpetrando a lo largo de la historia, donde se incluyen actuales meses y actuales días. Tal vez, por ello, las prisas en tanto blindaje y aforamiento.
Pero tal vez nuestra Extremadura, donde nuestros barones rojos y sus segundones tienen un pelín de libertinos libertarios (dicho sea sin ofender), pueda ser un ejemplo para el resto del país. Entre estos surcos milenarios nacen individuos que de levantar el brazo en alto y lucir nostálgicas camisetas han pasado a fotografiarse con gente del colectivo de gais y lesbianas, bajo una bandera de tal asociación. ¿Será cierto que han dejado en el baúl de los recuerdos saludos e indumentarias fascistas, o tan solo es una meditada pose para arañar el mayor número de votos? Si fueron sinceros, intenten reconvertir a sus colegas y, ya que algunos tienen cargos institucionales, pongan todos los medios a su alcance para que la generalidad de los vecinos de Villafranco del Guadiana y Guadiana del Caudillo aborrezcan del nombre de sus pueblos. Que lo hagan por ética y estética. ¿Algún europeo, que no sea de la extrema derecha, puede concebir hoy en día que en Alemania haya algún pueblo que se pudiera llamar Thüringen de Hitler o Friburgo del Führer, o en Italia alguna villa con el nombre de Perugia de Mussolini o Grosseto del Duce…?



Aseveraba el escritor alemán Paul Jean que “la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados”. Nadie ha nacido todavía capaz de encontrar la espada de fuego con que el arcángel Jofiel arrojó a Adán y Eva del Paraíso Terrenal. Eso lo sabía muy bien Jesús “El Sacristán” y también aún lo sabe Tío Julián “Cincuníuh”. Descanse en paz el primero, y los dioses otorguen larga vida al segundo.

viernes, 27 de junio de 2014

TIEMPOS DE SIEGA

“Me despedí del amo,/ya hice San Pedro;/la novía que tenía/ya no la tengo./¡Válgame el señor San Juan!/¡Válgame el señor San Pedro!” Seguro que esta coplilla la cantaría Saturnino Martín Esteban en sus años mozos por las tabernas del lugar, cuando la siega le daba algún respiro a finales de junio. Mañana es San Pedro y el pasado martes fue San Juan. Hace 78 años, Ti Saturnino “Baboso”, que es como lo conocían en el pueblo, andaba encorvado tras los trigos en la finca del “Cuarto Real”, propiedad de aquellos terratenientes que, en palabras del laureado escritor José Saramago, “engordaron, a lo largo de los años, a base de arrancar tiras de piel a sus peones”. Rumores había ya de que aquel gran latifundio iba a ser entregado a los jornaleros, yunteros y pequeños campesinos. Don Faustino Monforte poseía una gran parte de la tarta. Ti Saturnino “Baboso”, el que había nacido en la misma fecha que moría tuberculoso el compositor francés Léon Boëllmann (1897), era un “máquina” en las faenas de la siega. No había manijero como él en veinte leguas a la redonda. Pero aquel junio de 1936 se resentía del lumbago.
El machaca (autoritario capataz) de don Faustino Monforte le llamó al orden: “-Siguru que, si tuviérah una tía güena embaju, tiraríah mejol lah manáh, cumu el segaol de La Bahtarda (en alusión a un viejo romance)”. Se revolvió Ti Saturnino, hijo de Ti Francisco y Ti María, y le refregó por la cara: “-Peru aquel segaol de tantu apural, jincó el poleu, aunque se dehpachó bien dehpachau”. Y, secándose el sudor, añadió: “-Y ménuh apural, que puedi sel que se güelvan lah tórnah y moh toqui a ótruh apural a loh que tantu habéih apurau siempri”.
Ya las hoces duermen, oxidadas y llenas de telarañas, en los viejos corrales. Desapareció el gremio de los diestros segadores, pero no los gordos terratenientes, que incluso se han enriquecido aún más con las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), a la que algunos, irónicamente, la conocen como la “Política Agraria Clasista”. Así, la Casa de Mora-Figueroa Domecq recibió, en 2011, cuatro millones de euros; la Casa de Alba, dos millones largos y el Marquesado de Larios un millón por su dehesa de “Los Llanos”. Y como ellos, otra gavilla de gente cortada por el mismo patrón, ya fuere el Duque del Infantado (casi dos millones), Mario Conde (lleva ya la aristocracia en su apellido) y otros grandes latifundistas andaluces, extremeños, salmantinos o manchegos. Incluso la Compañía de Jesús no le ha hecho ascos a los 213.242 euros apañados. O sea sé: que el 16% de los beneficiarios de la PAC se quedan con el 75% de las ayudas europeas. El 84% del sector tan solo recoge las migajas del 25%. Y los peces gordos almacenan, además, otras cuantiosas ayudas que se otorgan a sus empresas agroalimentarias. Quienes dijeron que las políticas europeas, que se las guisan entre el bloque de derechas y los socialdemócratas, están enriqueciendo cada día más a los ricos y miserabilizando de manera galopante a los más pobres llevaban más razón que un santo.
Ti Saturnino, nieto paterno de un tal Máximo Martín, oriundo de la ciudad de Béjar y que se vino a casar con Manuela Sánchez, moza del lugar, se habría escandalizado de escuchar esa cantidad de desorbitados millones. En aquellos años 30 del pasado siglo, nuestro desenvuelto manijero, nieto por parte de madre de Ti Martín Esteban Domínguez y de Ti Isabel Osuna, ganaba un escaso jornal que apenas le daba para subsistir. Él y su mujer, Ti Juana Plata García, natural de Ahigal y apodada “La Picholeta”, no rebuscaban, como hoy en día, comida en los contenedores, pero no faltaban los ahogos y los agobios.
El pueblo bajo y campesino siempre tuvo hambre de tierras. Más que harto, siglo tras siglo, de trabajar de sol a sol por cuatro céntimos mohosos y un cuenco de gazpacho. Cuando intentaron redirmirles las izquierdas con pedigrí, los golpistas asomaron sus calaveras. Hace 53 días, en el Debate sobre el Estado de la Región, José Antonio Monago daba la campanada y anunciaba que “Extremadura devolverá al pueblo las tierras que tiene en propiedad el Gobierno regional, a través de un Banco de Tierras”. Quienes lo escuchamos no sabíamos si estábamos ante un Buenaventura Durruti (“la emancipación de los trabajadores del campo solo se podrá conseguir con una reforma agraria revolucionaria, que devuelva la tierra a sus legítimos propietarios: los que la trabajan”) o ante un José Antonio Primo de Rivera (“hay que cancelar la obligación de los yunteros y pequeños campesinos de pagar la renta a los grandes propietarios. Hay que hacer la reforma agraria revolucionariamente, imponiendo a los que tienen grandes tierras el entregar a los campesinos la parte que les haga falta. Es preciso expropiar a los terratenientes”).
Seguro que Ti Saturnino “Baboso”, que se marchó para el castillo de Irás y No Volverás un día de San Carpóforo de 1974, no habría entrado por el aro en lo tocante a la entrega uno de esos 4000 huertos que conformarán el Banco de Tierras de Monago, capaces, según dicen, de vertebrar auténticos emprendedores agroecológicos. Suponemos que tal iniciativa será algo así como el proyecto lúdico-educativo “Huertos Tradicionales Extremeños”, emprendido por la Diputación cacereña, el Ayuntamiento de Plasencia y el SEPAD. Huertecitos para sembrar cuatro tomates y media docena de berenjenas. Pues de estos minifundios los hay a patadas, llenos de zarzas y otras malezas, en cualquiera de nuestros pueblos. Hasta los ceden a quienes los quieran sembrar, con tal de mantenerlos limpios y cuidar de sus paredes y arbolado. Ti Saturnino Martín Esteban y toda la inmensa cuadrilla de diestros segadores ya tenían algún que otro huerto para la subsistencia. Ellos buscaban (y hoy buscan sus descendientes) la dignificación de su persona, que solo se puede lograr cuando el hombre cuenta con los medios suficientes para vivir con desahogo y no malvende su trabajo por un indigno jornal. El pazguato paternalismo de los tomates y las berenjenas suena a ñoña caridad y no a auténtica justicia distributiva.
Los que batallan porque el sudor del pueblo tenga su justa recompensa están en la otra acera. Eso lo sabían muy bien Ti Saturnino y los segadores diestros, que no por diestros eran de derechas. Puede que esos batalladores lleven coleta o tengan la valentía de dimitir radicalmente cuando el Parlamento Europeo, a sus espaldas, les ha gestionado, sin escrúpulos algunos, fondos de pensiones en alguna que otra sicav ubicada en paraísos fiscales (otros afectados siguen, como garrapatas, agarrados a sus sillones). O aquellos otros barbados socialistas, tal que José Antonio Pérez Tapias, que sienten rubor ante otros que han hecho del PSOE patética merienda y que, encima, intentan mutilar los puños que mantienen las rosas de los que no nacieron para títeres de ejecutivas que contaminan todo lo que tocan.


     Nosotros esperamos volver a ver caras como las de aquellos segadores de la Siberia extremeña, que quedó en la zona republicana cuando la Guerra, y que cantaban, sudorosos pero alegres, cantares adobados con guisos justicieros: “De San Juan a San Pedro/van cinco días./Tierras que eran del amo,/ahora son mías”.

EL DEDO DE SAN JUAN

El 29 de febrero de 1936 toma posesión en el pueblo la nueva corporación municipal del Frente Popular. Es año bisiesto y nunca tales años, al decir del saber popular, trajeron cosa buena. Daniela Martín Paniagua, cuyos ojos vieron la luz el mismo día que un terremoto cegaba los de cientos de habitantes de la región rusa de Georgia, hija de José Martín Montero y de Damiana Paniagua Rodríguez, era conocida por estas tierras de pie de monte como Ti Daniela “La Roja”. Roja porque era rubia y colorada, pero es que, además, era roja por ser de izquierdas y una auténtica animadora de los mítines y otros actos que organizaban el PSOE y la Federación de Trabajadores de la Tierra. Año bisiesto, en que los socialistas no eran monárquicos pero sí auténticos marxistas. Ti Daniela coincidió, a los escasos días de haber entrado en el Ayuntamiento los izquierdistas, con Marciana Barroso Jiménez, que había heredado el mote de “La Cantaora” por parte de su padre, Ti Antonio “El Cantaol” (Antonio Barroso Cordero), casado con Ti Juana Jiménez Jiménez. Ti Daniela, después de felicitar a Ti Marciana porque el marido de ésta había entrado de concejal en el Consistorio, añadió: “-Pol fin, hémuh subíu loh nuéhtruh al ayuntamiento. ¡Ya era hora, que siempre han ehtáu arriba loh cuatru riquínuh, loh que no comin pol no cagal! ¿Y sábih que te digu, Marciana? Poh que ahora loh nuéhtruh ehtarán ahí metíuh méntrih San Juan no abaji el deu”.

Ni cinco meses pasaron y fueron desalojados del Ayuntamiento. Generales fascistas se alzaron contra la II República y sembraron el terror por todas partes. Volvieron a encontrarse Ti Daniela “La Roja”, nieta paterna de Ti Luis Martín y de Ti Vicente Montero (y materna de Ti Simón Paniagua y de Ti Joaquina Rodríguez), y Ti Marciana “La Cantaora”, que por su parte era nieta paterna de Ti Manuel Barroso Cáceres y de Ti Francisca Cordero, y por la materna de Ti Rafael Jiménez Sánchez y de Ti Francisca Jiménez. Se lamentaba Ti Daniela y se hacía cruces viendo venir las tijeras y el aceite de ricino. Y Ti Marciana, dirigiéndose a ella, le espetaba: “¡Pero coñu recoñu, qué pronto abajáu San Juan el deu, y esu que lo tenía bien tiesu y requitiesu, siempre apuntando pa,rriba!

Cuán cierto es que dura muy poco la alegría en casa de los pobres. San Juan bajó el dedo antes de tiempo y llegó el Apocalipsis. No le dio tiempo a cuajar al Frente Popular, que los cuatro jinetes asesinos se le echaron encima y abortaron una República que intentaba hacer justicia con los pobres. Verdad es, también, que segundas partes nunca fueron buenas. Eso es lo que dicen. Pero aquel Frente Popular no consumó su primera parte. La estrangularon sin haber cumplido el objetivo. Ahora, cuando suenan, otra vez, los tambores que convocan a los desheredados de la España que con su pluma defendió Machado (don Antonio) y que quieren calentar, y no helar, los miembros de los españolitos de a pie, ya se ha puesto a afilar sus políticos pertrechos la derecha de toda la vida. Se reúnen en Toledo o en otras ciudades imperiales y deciden meter las tijeras en las campañas comiciales, que gobierne la lista más votada, que se reforme la ley electoral para impedir el acceso de grupos que pueden indigestar sus amueblados estómagos y otras medidas que zancadilleen la autenticidad de la democracia. ¿Le acompañarán en tal viaje y en tal juego los derechizados socialistas de la cúspide de la pirámide, vendidos al “borbonismo” por un plato aderezado por la beautiful people, por el establishment o por la casposa casta con la que tanto han contemporizado?

Por más que nos empeñemos y nos vendan aquella Transacción (digo, Transición), que no fue sino una bajada de calzones de la izquierda ante el bloque conservador y franquista que encabezaba el que ha dejado de ser rey (¿o todavía lo es?), las dos Españas están ahí. Machado sigue muy vivo. El choque de trenes es inevitable. Pero en pleno siglo XXI se habrá de entender que será civilizado. La izquierda de verdad, donde están todos esos movimientos ciudadanos que claman hasta desgañitarse aquello de “La llaman Democracia y no lo es” tiene todo el derecho del mundo a formar un gobierno que luche contra la pobreza y no contra los pobres. A construir una sociedad donde todo el mundo asuma que “Dimitir” no es un nombre ruso, ni “Cesar” es un emperador romano, y a repartir cultura racional y crítica entre los ciudadanos, que siempre es la mejor arma contra los gobiernos corruptos.

Ti Daniela “La Roja”, que cerró los ojos para siempre en el pueblo de Aldehuela de Jerte el día de la Cruz del Casar de 1978, y Ti Marciana “La Cantaora”, que le cupo tan triste suerte en la efemérides de San Malaquías de 1991, soñaron con un mundo mejor para aquel campesinado de los años republicanos. Pero les cortaron el sueño y no fructificó el primer intento. De justicia es que el pueblo vuelva a intentarlo. Nadie puede impedirle un segundo intento, que no es una segunda parte. Nadie espera, por más que algunos lo desearían, sangre derramada de algún protomártir sobre lo que la derecha siempre llamó el “solar patrio”, del que se apropió para acorazar monarquías inviolables, iglesias infalibles y gobiernos incalificables. Ni es de esperar tampoco un caudillo salvapatrias con güevos fascistoides pero más chicos que los del caballo de Espartero.

Tal vez, en esta ocasión tan esperada, San Juan no baje el dedo. Y que espere nuestro Monago, condotiero de estos terruños penillanos, a llenar mil Puertas del Sol con los simpatizantes del viejo rey y el nuevo Felipe VI, que el pasado jueves no llegaron ni a 10.000 en la plaza de Oriente, contando con los que tienen como libro de cabecera el diario La Razón o las revistas ¡Hola! y Pronto. No oye ni ve el presidente bellotero el multitudinario clamor de la calle. Debería acudir al otorrino. A la zaga y a la espera quede, igualmente, nuestro oráculo en Madrid, vicesecretario de organización del PP, don Carlos Floriano Corrales, tenido por el bufón de la Corte y que, en el cénit de la crisis, soltó aquello de “no estamos al borde del precipicio, estamos agarrados a una cornisa”. Su última perla, atufado porque los desconocidos de “Podemos” han llegado cantando la caña a los que tienen más concha que un galápago, ha sido la de roznar a destiempo: “(Podemos) es un partido nuevo con ideas muy antiguas, que ha intentado utilizar el sufrimiento de la gente para conseguir un puñado de votos”. Más valía que él y su partido (envejecido y sin solera) se miraran al espejo.


Intuimos que esta vez, aunque nos bombardeen con una “monarquía renovada para un tiempo nuevo”, San Juan no bajará el dedo ni dejará que sirvan su cabeza en bandeja de plata a los Herodes de turno. El pueblo (para la derecha, la chusma y la plebe) está más que harto (basta con salir a la calle) de que le den gato por liebre, de que unos vivan a cuerpo de rey (nunca mejor dicho) y otros anden royendo coscurros, de que le prostituyan sus votos con azuladas sangres y de que siempre sea él al que le toque bailar con la más fea.